Hablemos de la Educación a distancia

Columnista invitado Helard Fuentes Pastor

El nuevo sistema de trabajo que ha planteado el ministerio de Educación para los estudiantes durante el Estado de Emergencia, no solo tiene como dificultad la limitación de muchas familias al acceso de las tecnologías que permitan una adecuada comunicación con los colegios y docentes; además se suma la estupidez de mucha gente que, en lugar de colaborar con las medidas que se dictan por el gobierno, demandan la habilitación inmediata de las herramientas virtuales, o, en su defecto, descreen de la posibilidad de que sus hijos puedan aprender a través de una pantalla. Parece que las clases tienen que ser más para los adultos que para los niños, pues se lanzaron a criticar antes de escuchar a nuestro presidente, quien habló claramente de un “proceso”.  

Entienden, ¿Qué es proceso? ¿Saben que implica una serie de fases y requiere ser comprensivos y pacientes? Pienso que sí. Pero, en realidad, el problema en nuestra ciudad, hablo puntualmente de Arequipa, no es el tema de la tecnología o de las redes, tampoco el exceso o la ligereza de las actividades planteadas para el avance en casa. ¡Sincerémonos! Ocurre que los padres y las madres no saben qué hacer con sus hijos. ¡Los sacan locos! Peor aún, no tienen idea de cómo acompañarlos en sus trabajos porque nunca lo hicieron, es más, pocos tienen hábito de lectura. Y, para variar, a los colegios particulares se suma el dilema de la pensión, cuya solución está en curso, por ejemplo, con la reducción del monto a pagar.

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Hace muchos años se habló de la teleducación. No es cosa nueva. Recordarán a su gestora, la maestra Elsye Castillo Canal. Ocurre que nuestras autoridades locales y regionales no continuaron impulsando esta modalidad propuesta a fines de los 60 e inicios de los 70. A este quiebre, se suma el hecho de que en tantos años, hayan cambiado las tecnologías como la manera de percibir la educación.

En aquella época no había internet y por tanto se concentraban en clases magistrales con abundancia de contenidos teóricos; ahora, el Diseño Curricular no exige propiamente el cumplimiento de tal o cual tema, sino el desarrollo de competencias y/o habilidades, así es la educación formativa con recursos que van descubriendo y proponiendo los mismos estudiantes y el docente solo orienta. O sea, papitos no me vengan con que los chicos no avanzarán la misma cantidad de temas en los cursos porque hablar únicamente de ello es retrógrada, desubicado en todo sentido.

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También es cierto que las condiciones no están dadas, que la señal de internet en algunos espacios es más caótica que otros, que habrá estudiantes que no puedan conectarse o ver la televisión al mismo tiempo, que se debe proteger la intimidad de los menores de edad, que los docentes enseñan varias secciones o grados, que muchos de ellos tienen hijos y también deben acompañar el aprendizaje de los suyos; pero el mayor problema, en realidad, somos nosotros, que en lugar de proponer soluciones y mostrarnos empáticos, exigimos, renegamos y hasta ofendemos la labor docente.

En conclusión, la educación a distancia no solo revela las carencias como institución, sino también como familia, pues no podemos controlar y, mucho menos, acompañar. Hoy, nos va a costar, quizá nos vamos a equivocar, pero debemos mostrar la mejor disposición y voluntad, sin mezclar otras dificultades que merecen encararse en su propio tribunal; por lo demás, trabajemos y dejemos trabajar en la medida de nuestras posibilidades.

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