Nueva normalidad

Trocha urbana

Hasta el cierre de este comentario, el Perú se alista para culminar un periodo de 56 días de aislamiento social estricto y comenzar el reinicio paulatino de actividades productivas. Según ha informado el gobierno, cada sector deberá dictar protocolos de bioseguridad y estos tendrán que acatarse por las empresas para que puedan reiniciar sus funciones. Se ha establecido, además, que se fiscalizará el cumplimiento de todo lo establecido. Lamentablemente, tenemos muy pocas garantías de que esta nueva normalidad que se avecina no se convierta en una amenaza a la salud pública y la culpa no será del gobierno.

Teniendo en cuenta que miles de personas fueron detenidas por haber salido durante la cuarentena para realizar actividades no esenciales, no hay mucho que esperar del espíritu cívico y la conciencia moral de muchos peruanos. Es decir, estamos a merced de los pillos que están acostumbrados a sacarle la vuelta a la ley. Y este es un problema cultural que mal haríamos en achacárselo al gobierno. El Estado nunca ha tenido la capacidad de controlar a la legión de “vivazos” que buscan siempre la manera de evadir las normas; menos podrá hacerlo ahora, en medio de una pandemia, con la capacidad de trabajo reducida por la inmovilización y por los riesgos sanitarios.

Desafortunadamente, esos “vivazos” serán quienes extiendan la peste y, con ella, la muerte. Ahora que una nueva normalidad está por comenzar, tendremos que cuidarnos, no solo del coronavirus, sino de la irresponsabilidad, inconciencia o ignorancia de muchos que, hoy más que nunca, podrían costarnos muy caro.

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