El indefendible

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Sabemos que no son tiempos de confrontación y que nuestras críticas ciudadanas deben estar orientadas a la solución de problemas y no al debilitamiento de los órganos de gobierno. Pero, en Arequipa, vivimos una situación que escapa a cualquier tipo de consideración: la actual gestión del gobierno regional. Y es que, en realidad, de gestión tiene muy poco; y lo poco puede ser criticado sin que haga la menor mella en la moral de quien lo dirige. Es decir, el libre ejercicio del “despotricamiento” no afectará a este órgano de gobierno y, en cambio, puede contribuir a sembrar conciencia sobre los errores que no se deben volver a cometer.

Gobernador de Arequipa

A saber, el gobernador regional, Elmer Cáceres, no solo ha tenido un deficiente manejo de la pandemia, sino que ha dirigido sus esfuerzos a tareas ajenas a su labor como máxima autoridad regional. Ha pedido la libertad de Humala y Santos, se ha opuesto a traslados humanitarios, se ha atribuido falsamente la llegada de médicos cubanos, ha difundido información tendenciosa sobre el manejo de presupuesto y, para rematar, ha lanzado su candidatura presidencial.  Encima de todo, mucho de esto lo ha ejecutado en modo: “lanza la piedra y esconde la mano”. Es decir, no reconoce lo actuado y responsabiliza a entes anónimos de sus acciones. La cereza del pastel siempre es su pose de víctima ante cualquier cuestionamiento y los insultos que reparte por doquier.

Pero, no nos equivoquemos: nuestro sistema electoral lo puso en donde está, más que la voluntad ciudadana. Tengámoslo en cuenta, para que elijamos un siguiente Congreso que cambie ese sistema.

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