La vida continúa

Confesión de parte Luis Maldonado Valz

La vida es un soplo dijo el recordado arquitecto de Brasilia Oscar Niemeyer cuando cumplió 100 años, y falleció faltando apenas un mes para cumplir 105 años; también hay algunas versiones bíblicas que manifiestan que cuando Dios creó al hombre, modelado en barro, le dio vida mediante un soplo. Pero esta opinión de Niemeyer seguramente se refiere a lo efímero que puede ser nuestro paso por este planeta y la recuerdo en estas circunstancias tan trágicas cuando la pandemia Covid19 ha puesto a todos los habitantes de este planeta en una situación de riesgo de muerte.

No hay precedente histórico de una catástrofe sanitaria en la magnitud en que se está dando y que está asolando prácticamente a todos los países del mundo; si bien, hace precisamente un siglo, hubo otra peste: “la gripe española”, luego de la primera guerra, que según algunos causó más víctimas que ésta, se menciona que mató a 20 millones; pero globalmente, la sensación de peligro la tenemos en nuestras pupilas, en nuestros oídos, en nuestras narices, sobre nuestra piel, la sentimos en la sangre y en el aire que respiramos.

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Nuestro aislamiento forzado también nos conduce a pensar en tantas cosas inútiles que poseemos, en cuánto tiempo perdido en frivolidades y en cuántas oportunidades desaprovechas para hacer cosas que tengan realmente valor y significación.

Lo lamentable es que esta crisis sanitaria también nos revela la fragilidad de nuestro sistema social, la vulnerabilidad de una convivencia en paz y con progreso, y la ausencia de líderes que nos puedan conducir a un futuro sano y seguro.

Es lamentable constatar la estupidez, la torpeza, la necedad y la fanfarronería  de dirigentes de Estado que menoscaban la gravedad de esta pandemia mundial; como Donald Trump, responsable de la propagación del virus a niveles catastróficos en los Estados Unidos; o como Jair Bolsonaro en Brasil que minimiza el peligro y promueve concentraciones. Desgraciadamente también vemos la incapacidad, deshonestidad e irresponsabilidad de algunas autoridades locales, como aquel alcalde que organizaba fiestas en plena cuarentena; o como las compras sobrevaluadas en varias instituciones; o como la inutilidad de otros como el gobernador de Arequipa, que pretende construir cementerios en zonas patrimoniales.

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Esta situación nos revela también que no sólo hay una crisis sanitaria mundial, sino también una grave crisis política; que podría generar una tragedia que afecte a toda la humanidad.

La conmoción que ha causado esta pandemia y las necesarias medidas preventivas como una prolongada cuarentena y aislamiento social, con creciente número de víctimas y muertes en el mundo; nos confirma que todos estamos en el mismo barco, que salir de esta tragedia depende de toda la humanidad; y que cuando consigamos vencer al covid19, el mundo ya no será más  el mismo. Creemos que tendría que ser mejor, que frente a la calamidad, los ciudadanos de la Tierra encontremos una oportunidad de partida para cambiar. A todo nivel y localidad geográfica. Tendríamos que derrotar a las fuerzas retrógradas que recortan los derechos humanos; que impiden mayor equidad y justicia, que contaminan el medio ambiente, que siembran la violencia, que favorecen la corrupción; y que propagan la ignorancia.

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Frente a la actual ausencia de paradigmas, debemos recuperar aquellos que promovían la paz, el trabajo sobre el afán de lucro; la honestidad sobre la corrupción, el amor sobre el odio, tan caros a nuestros abuelos; y crear otros paradigmas sobre la cobertura en servicios públicos como educación, salud, lazer; es decir, una renovación del papel del Estado y una cultura del bien común.

Finalmente la vida continua y merece vivirla en un mundo sano, de igualdad, de justicia, de progreso y fraternidad, una verdadera revolución pacífica. ¿Será posible?

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