Arequipa en guerra

La columna Mabel Cáceres Calderón

Dice un viejo aforismo que la verdadera victoria consiste en el triunfo sobre nosotros mismos, no en la derrota de los demás. Arequipa dejó de celebrar porque libra una batalla decisiva, aunque a veces parece que equivoca el enemigo.

La vieja y blanca ciudad acaba de cumplir 480 años de fundación, en los cuales se ha construido una personalidad única, como su arquitectura, como su gastronomía; de espíritu aguerrido y audaz, al mismo tiempo que sensible como para inspirar a sus poetas, pintores, juristas y hasta periodistas que volaron más allá de sus confines.

Arequipa

Su carácter revolucionario y rebelde, plasmado en la famosa frase sobre que «no en vano se nace al pie de un volcán», se ha reflejado en una larga historia de justicieros levantamientos; que en ciertas ocasiones, sin embargo, se ha puesto en entredicho. Así, en la guerra por la Independencia, un grupo de mandamases locales, suponiendo que consolidaría sus privilegios y posición, declaró su lealtad a la corona española, aunque el pueblo apoyó a los movimientos independentistas. Luego, en la Guerra del Pacífico, la aristocracia de entonces pensó que guardando perfil bajo evitaría la toma y el saqueo de la ciudad, como ocurrió en Lima y en el Norte; y por eso no tuvo una actuación destacada en el conflicto.

En este año 2020, en plena guerra contra el covid-19, ¿cuál es nuestro comportamiento?, ¿cómo seremos recordados nosotros, a quienes nos tocó vivir estos tiempos extraordinarios? Las futuras generaciones se preguntarán ¿cuál ha sido el papel de los líderes políticos y sociales?, ¿de los empresarios, los médicos, los religiosos, los policías, los periodistas, los universitarios y los ciudadanos?

El juicio de la historia es ineludible, como lo demuestran los casos antes nombrados. Entonces, todos seremos sometidos a su veredicto, implacable e inapelable, cuando pase este largo temblor.

Actuemos pues, en consecuencia. Como homenaje a este aniversario que, por primera vez, Arequipa celebra en silencio, en medio del dolor y una incertidumbre sin atenuantes. Que la historia de esta gran ciudad siga sumando laureles y triunfos, nobleza y coraje; pero asumiendo que la victoria tiene que ser sobre nosotros mismos, los verdaderos enemigos, no sobre los demás.

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