La luz amanecer de Abdel De La Cruz, semblanza del darkie más feliz de Arequipa

En recuerdo de uno de los rostros más conocidos de la escena musical arequipeña para quien, repentinamente, se cerró el telón de su vida dedicada a los sonidos

Cultural Avatar

Escribe: Víctor Miranda Ormachea.

Sin aviso y casi sin caer en cuenta, Abdel De La Cruz completó la labor que durante casi 30 años llevó a cabo. Ni él mismo lo notó, pero los albures del destino lo llamaron con prisa. La oscuridad de la noche y entre sueños, casi como en sus canciones, arrebataron de su faceta terrenal a uno de los más prolíficos músicos que haya alumbrado esta ciudad en las últimas décadas. 

Abdel De La Cruz
Abdel De La Cruz en el concierto con el exbaterista de The Cure, Lol Tolhurst, durante el Hay Festival Arequipa 2019 (fotografía: Natalia Martínez Borja).

Abdel De La Cruz se convirtió a lo largo de tres décadas en el representante más notorio del rock arequipeño; su consigna sonora siempre se desplazaba en aguas de la melancolía, la fantasía, la evocación, la tristeza y la abstracción introspectiva. Lo cual resultaba paradójico, dado que la personalidad del artista pasaba siempre por la sonrisa permanente y la broma cómplice. Invariablemente de buen humor y con buen talante para respaldar ideas que a veces parecían etéreas.

Una de estas ideas fue la que llevó a Abdel a dedicar toda su vida y esfuerzo a su musa absoluta: la música. Así recorrió, incansable, todo el espectro sonoro local, en encarnaciones tan disimiles como válidas: Gólgota, Sueño Encadenado, Fobya, Dania 3, Orquídea, Kat Satélite, Tsuytronic, y otras tantas conformaron la paleta sónica con la que De La Cruz definía sólidos trazos en la historia del rock mistiano. Casi siempre desde la óptica dark, la que era su emblema y de la cual era indiscutible precursor en Arequipa.

El profesionalismo de Abdel

En cierta forma, Abdel De La Cruz fue el primero en la ciudad en entablar rituales que todos aquellos que nos sentimos vinculados a la música hemos adoptado. Los viajes a la capital para ser parte de conciertos antes impensables, los artilugios electrónicos modernos como parte de la música que componemos.

Además, las entrañables giras por otras ciudades del Perú e incluso de países vecinos, la férrea voluntad para tener en Arequipa a bandas nacionales e incluso internacionales. Cosa que Abdel consiguió de manera encomiable al poner enfrente nuestro a proezas como The Ocean Blue o Motorama.

Y el mantener vivo el sueño de hacer música al lado de alguno de nuestros héroes más preciados. Hecho también concretado por Abdel en el marco del Hay Festival de 2019, al interpretar un breve pero estremecedor concierto con Lol Tolhurst, el legendario músico de The Cure.

http://elbuho.pe/anteriores/web438/sonidos.htm

Abdel De La Cruz, el coleccionista

Además de talentoso músico, Abdel también destacó por ser un tenaz coleccionista, de instrumentos musicales y sobre todo de artefactos sonoros. Discos compactos, vinilos, cassettes, dvd’s y otros formatos, que conformaron una de las colecciones sonoras más preciadas de la ciudad. Lo cual lo llevó al destino inevitable de establecer una discotienda que poco a poco iba ganando terreno en el ámbito musical local. Una tienda en la que, entre la chacota y el aprecio, uno caía ineludiblemente a conseguir alguna joya auditiva.

Hoy sostengo entre manos una copia de “El Signo Movimiento”, el último álbum que Fobya publicó. Mientras discurren los minutos y la arquitectura musical que contiene, me arrepiento de no haber reconocido lo suficiente y en su momento cada logro de mi amigo Abdel.

Cada acorde me trae a la mente innumerables aventuras y desventuras, anécdotas e historias que vivimos juntos o en paralelo, desde un jocoso intento de danza «céilí», en tributo a la adorable Sinead O’Connor, hasta una participación en “la hora loca” el día de su matrimonio. Además, tributos a nuestras bandas favoritas, Cocteau Twins, The Cure, Soda Stereo, conversaciones y brindis, visitas y encuentros, discos y conciertos, amigos y viajes, colaboración y camaradería, palabras y memorias, vivencias que solo un adicto al sonido puede cobijar en los más profusos recodos del corazón y el alma.

Hasta siempre Abdel, gracias absolutas y buen viaje a la eternidad, tu obra aquí está completa y será perenne.

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