La tarea más difícil

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros

Las plataformas digitales que sirven para realizar videoconferencias -usadas actualmente en la educación virtual-, permiten a los estudiantes compartir sus imágenes en vivo, pero muy pocos lo hacen. A veces es por timidez o vergüenza; pero, en la práctica, mantener la cámara apagada se ha convertido en la versión digital de “tirarse la pera”. Así, el estudiante parece conectado, pero no lo está o está distraído en otras actividades. Si a ello le sumamos los malos hábitos de la educación presencial, tenemos un proceso educativo más complejo.

educación virtual

Uno de los peores hábitos de la educación presencial es haber convertido el proceso educativo en un mercado de premios y castigos, en el cual los estudiantes no harán el menor esfuerzo por aprender sino existe de por medio la promesa de una buena nota o la amenaza de un “jalado”. Aprender por el solo valor del aprendizaje no es algo que se haya cultivado en las escuelas con mucha frecuencia. Si no hay nota, no hay esfuerzo. Y eso jugará, hoy en día, un papel nefasto.

El ministerio de Educación ha anunciado que, debido a la pandemia, todos los estudiantes pasarán de año, que no se desaprobará a nadie. Al margen de la necesidad de una medida así, lo que deja es un importante reto para los docentes: que, desde hoy hasta fin de año, sus alumnos cumplan con sus deberes, aún sabiendo que el 2020 ya está aprobado; que se esfuercen por aprender, que valoren el conocimiento. Es decir, los docentes están en la obligación de enseñar responsabilidad, hoy más que nunca.

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