Los Vargas y el grupo Aquelarre

Extracto de la obra Texao, de Juan Guillermo Carpio Muñoz, editada póstumamente en 2019

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Los hermanos Vargas Zaconet tuvieron una activa vida social y fueron
partícipes de aquella bohemia que marcó época en Arequipa por haber reunido a tan notable grupo de intelectuales y artistas que posiblemente no tuvo parangón en la historia de la ciudad.

foto de los hermanos Vargas
Foto: Archivo Hermanos Vargas

Bajo el nombre sugestivo de Aquelarre, este grupo de inquietos
representantes del quehacer cultural de Arequipa desarrolló una importante actividad y propició la interacción entre sus miembros dentro de un ambiente que podríamos calificar de vanguardista y renovador, clima, en gran medida, motivado por aquel intenso tráfico de libros que llegaban directamente de Buenos Aires a la ciudad gracias al ya mencionado Ferrocarril del Sur; razón por la cual también muchas de las más prestigiosas personalidades locales tuvieron la oportunidad de publicar, con cierta frecuencia, en editoriales rioplatenses o realizar exposiciones artísticas en aquella ciudad.

Lo propio ocurriría con la música, siendo el caso que muchos de los
primeros registros fonográficos de música arequipeña, tanto culta como popular, se realizaron allá. Alternaban en el Aquelarre los poetas César “Atahualpa” Rodríguez, Percy Gibson, el músico Luis Duncker Lavalle y por supuesto, los Vargas, entre otros. El clima al interior del grupo debe haber resultado sumamente estimulante para los hermanos Vargas y claro indicador de ello lo constituye el testimonio de Vladimiro Bermejo quien
refiriéndose a aquellas animadas tertulias diría:

“Se derrochaba ingenio, se barajaban culturas extraordinarias, se
conversaba con donaire, se decía con elocuencia, se declamaba,
se festejaba el triunfo de cada compañero con nobleza; no se
hacía política ni se murmuraba del prójimo; se hacía en cambio
música y poesía, y las almas verdaderamente ensoñadoras
encontraron en él un alero dónde cobijarse”

(Arthur Zeballos, el Búho, 6 de marzo 2011).

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De esta interacción nos sugiere, por ejemplo, un particular poema de
César A. Rodríguez, precisamente en su serie de nocturnos, por ejemplo el poema escrito en 1926, titulado “Nocturno Pictórico” cuyo fragmento reproducimos:

Nocturno Pictórico


Está celeste el cielo. Fumo,
Con avidez mi amarga pipa,
Lanzando en redadas de humo
Sobre el insomnio de Arequipa
Hace una Luna esplendorosa
Que no hay un alma que aproveche.
La noche es blanca y azulosa,
Como la nata de la leche.

Juan Guillermo Carpio Muñoz
Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y de un Hombre
Tomo XII. Págs. 62 – 63

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