Una nueva batalla: el después del coronavirus y sus secuelas de por vida

Dunia recuerda que todos los días moría gente. Ella no podía dormir ya que el sonido de las camillas que ingresaban pacientes o retiraba cadáveres era atemorizante. “Diariamente moría gente a mi lado y yo me preguntaba ¿cuándo me tocará?”.

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Dunia Ramos, enfermera desde hace 32 años en el hospital Goyeneche y combatiente en primera línea contra el coronavirus. Cuando cayó enferma, no despertó sino 3 meses después y no se enteró hasta su alta que su hermano y su madre no pudieron resistir la batalla mortal que ella se rehusó a perder.

Esta es una de las miles de historias que va contando el coronavirus a 7 meses de haber llegado a nuestro país. Con más de 4 millones de muestras y más de 900 mil casos positivos, para la mayoría de recuperados, nada será lo mismo. El deterioro de esta enfermedad, aún sin cura, puede ser de graves secuelas. En el transcurso del año, los estudios sobre la enfermedad y las consecuencias que le genera al cuerpo humano han sido variados.

En Alemania, por ejemplo, se comprobó que el coronavirus dañaba severamente al corazón. Los médicos del Hospital Universitario de Frankfurt, realizaron el estudio a 100 pacientes de mediana edad infectados con covid-19. El 33% de ellos tuvo que ser hospitalizado, y el resto tuvo cuadros leves y pasó la cuarentena en casa. La media de edad era de 49 años y la mitad (47) fueron mujeres. Dos y tres meses después de haber sido diagnosticados y ser dados de alta, compararon los resultados con personas del mismo grupo de edad que no habían contraído el virus.

La prueba reveló que el 78% de los que tuvieron la enfermedad tenían alteraciones en el músculo cardíaco, siendo más afectada la parte del ventrículo izquierdo, la cámara más grande del corazón y encargada de bombear la sangre hacia la arteria aorta.

Esta y otras secuelas se presentan en todos los casos. Desde los más leves hasta los cuadros complicados. Pacientes afirman que el cansancio, sudor frío, sensación de hormigueo y algunos mareos los acompañan en todo momento. Quienes han sido hospitalizados detallan que no hay momento en que no sientan la debilidad en sus piernas o demás músculos, su estómago no recibe el mismo alimento y algunos no se acostumbran a convivir con el dolor. Esta información es compartida con la doctora del Instituto de Rehabilitación del Minsa, quien ha complementado un programa nacional para rehabilitar a los pacientes post-covid

“El mayor problema con el cual terminan los pacientes es la fatiga y la arritmia. Dependiendo el grado de compromiso que haya sido, leve o moderado. Pero si los pacientes han sido hospitalizados por mucho tiempo o ingresados a UCI, en ellos sí hay repercusiones graves”

Rosario Tomalve – directora adjunta del Instituto Nacional de Rehabilitación del Minsa

Arequipeños que le dieron batalla al coronavirus

En Arequipa, oficialmente se creó un programa de rehabilitación post-covid llamado “Un nuevo comienzo” en el hospital de EsSalud de Yanahuara en el mes de setiembre, es decir, 6 meses después de declarada la pandemia en el país. Sin embargo, se han seleccionado algunos testimonios de ciudadanos arequipeños que tuvieron la desdicha de contagiarse con esta temible enfermedad, y quienes se recuperan poco a poco.

“Mi hijo fue quien me vio mal y procedió a llamar una ambulancia. Yo me enteré de mis síntomas cuando salí. Ingresé con 202 de presión, que es demasiado alta y con 42º de temperatura. A ese nivel de presión las venas cerebrales se inflaman y pueden llegar a provocar embolias hasta aneurismas”

Dunia continúa su historia pausada y calmada. Comenta que su hipoxia la hizo ingresar directamente a UCI y no volvió a despertar hasta 3 meses después.

“Según las visitas médicas, me entubaron y me estuvieron bañando frecuentemente para bajarme la fiebre. El médico me comenta que tuvieron que bombardearme con antibióticos y de los fuertes.  Vagamente recuerdo que me ponían compresas de agua helada y me tenían atada ya que por reflejo quería levantarme. No sentía dolor, estuve sedada.

Dunia agradece infinitamente la atención brindada por los médicos a pesar del estado en el que llegó. Sus primeros recuerdos al despertar fueron confusos y borrosos.

Se quiebra al decir que “luchar contra la muerte es muy duro”. El cuerpo médico que la atendió le cuenta que durante su atención rogaba por que no la dejaran morir. “Cuando me sacaron el tubo no pude hablar durante 8 días, mi cuerpo no lo pude mover durante semanas”.

Tristemente, Dunia recuerda que todos los días moría gente. Ella no podía dormir ya que el sonido de las camillas que entraban pacientes o retiraba cadáveres era atemorizante. “Diariamente moría gente a mi lado y yo me preguntaba ¿Cuándo me tocará?”.

Su ingreso a UCI también le produjo heridas que sangraban en brazos y piernas. Afortunadamente se viene recuperando contra el dolor, asegura que aún le cuesta llegar a conciliar el sueño, pero que se siente optimista a pesar de las 7 pastillas que debe tomar a diario. Dunia está agradecida por tener una oportunidad más de seguir con vida.

Cuando un conductor de ambulancia se convierte en paciente

víctima del coronavirus

Mario Chalco es conductor de ambulancia en el hospital Covid Honorio Delgado. Él se enfermó durante los peores meses de la pandemia del coronavirus en la ciudad. No existían los módulos y ambientes actualmente, los pacientes eran atendidos en el estacionamiento, las huelgas del personal médico persistían y las muertes ocurrían a cada hora.

“Yo sentí todos los síntomas, cuando fui a Yanahuara y salí positivo me dieron un descanso de 14 días, más 3 días adicionales en mi trabajo” Después de 17 días, él tuvo que reintegrarse en su trabajo a pesar de la sensación de malestar que aún persistía en su cuerpo. Fue entonces que su enfermedad comenzó a asustarlo ya que sus propios compañeros comenzaron a morir, otros renunciaban. A diario trasladaba por lo menos 10 pacientes, en su mayoría ellos ya no llegaban al hospital. Mario no se trató en el hospital, optó por buscar un médico particular y atenderse en casa a pesar de la alta tarifa que ello conllevaba. A pesar de no haber tenido que recurrir al oxígeno, las secuelas que dejó el coronavirus en él, persisten en su día a día

“Me viene fiebre y consecuencia me viene un sudor frío y se me descompone. Si hago más fuerza me pongo peor. Estuve 2 meses con diarrea porque los antibióticos que me pusieron destruyeron toda mi flora intestinal”

Su esposa también se contagió por su lado, en su trabajo.  Y uno de sus cuñados llegó a recurrir al oxígeno cuyo balón le costó 6 mil 500 soles. Él comenta que su cuñado no podía ser atendido fácilmente ya que toda su familia también se contagió.

Actualmente, este conductor se va recuperando haciendo terapia física y mirando hacia adelante. Él mira a su alrededor en el hospital que ha disminuido drásticamente la afluencia de pacientes, que hace tan solo unos meses abarrotaba cada espacio del estacionamiento.

Un mes más y se acaba el 2020, pero no la pandemia del coronavirus. A decir verdad, nuestro país aún se encuentra lejos de garantizar la llegada de una vacuna a cada ciudadano peruano. Por ello es importante tomar estos testimonios para no bajar la guardia y protegerse lo más que se pueda, contribuir a un posible contagio puede costarnos muy caro como la vida misma. Asimismo, debe implementarse más programas de rehabilitación para los pacientes post-covid que ni siquiera están dentro de las estadísticas oficiales y que en muchos casos han optado por atenderse particularmente. Se viene advirtiendo que llegará una segunda ola y la prevención es una de las armas claves que nos permitirá  librar esta  batalla.

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