Merino no se ha ido

"En la platea, con la sonrisa ladeada, el fujimorismo. Con índices de preferencia electoral históricamente bajos, se frotaba las manos cuando Merino se colocó velozmente la banda presidencial"

La columna
Manuel Merino de Lama

Como muestran las noticias diarias, sigue ahí. Pero no se trata del hombre que, pomposamente, dice llamarse Manuel Merino de Lama, mientras habita un mundo paralelo donde no alcanza a comprender el inmenso desprecio popular que lo perseguirá el resto de sus días. Se trata de todo lo que él representa y de lo que está detrás de su ingrata figura, de los titiriteros aún incógnitos, que maniobraron para hacerse del poder, bajo pretextos moralizadores, y que siguen en el centro del escenario.

Porque es bastante obvio que el pensamiento de este tumbesino no alcanzaría para tramar la Operación Vacancia, ni siquiera con el auxilio de sus semejantes Burga y Alarcón. Y aunque más perspicaces, pero también más restringidos por sus propias mochilas, los empresarios del tripley, Luna Morales (con orden de prisión refugiado en una clínica) y compañía; o los del clan “plata como cancha” Acuña, (Humberto con sentencias consentidas, parapetado en la inmunidad parlamentaria) tampoco tenían ese margen de maniobra.

¿Quién estuvo entonces detrás de la operación que, estratégicamente, se trajo abajo a Martín Vizcarra y, de paso, dejó en ridículo al Tribunal Constitucional? ¿Quiénes pudieron urdir el enfrentamiento a muerte que hoy protagonizan, los antes aliados naturales?: un diario nacional, una periodista con millones de seguidores y los fiscales del equipo especial Lava Jato, por ejemplo.

¿Qué cosa unió en el pasado a todos estos actores? Esa es la pregunta. ¿Y quién saldría beneficiado al provocar un enfrentamiento entre ellos?

Para responderla hay que analizar a quién beneficia esta debacle que afectó primero a Martín Vizcarra, luego a los fiscales del equipo especial Lava Jato; y ahora, hasta a conocidos periodistas confrontándose entre sí.

En la platea, con la sonrisa ladeada, el fujimorismo. Con índices de preferencia electoral históricamente bajos, se frotaba las manos cuando Merino se colocó velozmente la banda presidencial, desde donde podía postergar o influir en el proceso electoral. En el primer intento de vacancia presidencial, conscientes de no alcanzar la votación, se abstuvieron de aprobarla; pero en el segundo intento, el partido naranja participó activamente de la conjura votando en bloque por el sí. Hoy, Keiko Fujimori acusa a la izquierda radical de las marchas.

Así, los peores enemigos del partido naranja, el expresidente Vizcarra que cerró el Congreso donde reinaban y el fiscal que pidió su suspensión como partido, José Domingo Pérez, han sido alcanzados y manchados por la misma ola. Conocer si el exgobernador de Moquegua, solicitó y recibió coimas; o si los fiscales Lava Jato inducen a colaboradores para “bajarse presidentes”, les resulta indiferente. El zarpazo para tomar el poder a través de los Merinos útiles, tenía su propio guión. Y aún lo tiene, por ejemplo en el nunca bien ponderado, Edgar Alarcón. Ojo al dato.

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