El Garifo: un estrafalario, pero respetado personaje de Mollendo

"Llamado comúnmente por su elegancia, porte y arrogancia “El Garifo”, lucía un terno lleno de parches que, en su imaginación desquiciada, pensaba que era un terno nuevo que estrenaba cada día"

Crónica El Búho
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Por: Antonio La Torre Luna (CRISEL).

El artista mollendino Gonzalo Chávez Rondón, esta vez, rescata con sus dibujos de tradición a un extraño personaje del Puerto de Mollendo. Llamado comúnmente por su elegancia, porte y arrogancia, “El Garifo” (que en la Real Academia de la Lengua significa aparatoso, llamativo, chillón); quien se apostaba frente a la casa de Gonzalo cuando era niño. Lucía un terno lleno de parches que, en su imaginación desquiciada, era un terno nuevo que estrenaba cada día. Cubría su cabeza un viejo sombrero tipo borsalino, lucía corbata marrón con nudo a lo wilson.

A decir de Bernardino Rodríguez, “fue un personaje del puerto de Mollendo a mitad del siglo XX. Inofensivo, remendado por todas partes y estrafalario. Se ganaba el sustento haciendo encargos, también con la generosidad ajena. Su nombre nadie lo supo; de dónde vino, es un misterio. Digamos que su peculiar figura, era parte del paisaje urbano del puerto. Para nada se sentía humilde o disminuido. Todo lo contrario, tenía un cierto garbo de persona importante. Pensándolo bien… ¡claro que lo era!”.

La visión de nuestro recordado y contemporáneo paisano José pepe Rivera, en los años 1957: “llegó a Mollendo después de la 2da Guerra Mundial, más o menos en los años 1945, en alguno de los buques europeos, más parece de origen francés. Generalmente se le ubicaba en la esquina de las calles Córdova y Blondet en lo que fue el grifo del Sr. Guzmán, siempre con el bigote y cabello bien cortado, casi nunca manejaba dinero. Era un hombre elegante (dentro de su precariedad), buen mozo, usaba sombrero de paño, adornado, vistoso, muy educado. Saludaba muy cortésmente con frecuencia, no hacía caso de los improperios ofensivos de algunos chicos y vecinos. Algunos le tenían miedo, respetaba, no faltaba a nadie, era muy decente en su accionar y comportamiento. De un caminar tranquilo, parsimonioso, de clase, muy hermoso, distinguido, digno y amable.”

A las 5 de la tarde, después de haber recorrido buena parte de la ciudad, emprendía su retorno a la lloclla, Quebrada de los Perros, donde hizo su dormitorio. Cerca de una cantera de yeso y mica, al lado de un ojo de agua que le servía diariamente para realizar su limpieza personal y lavado de ropa e incluso sus zapatos. En las mañanas, saliendo de la lloclla, su recorrido era saliendo de las calles Puno, por donde vivía la familia Dueñas. Caminaba por Las Huertas, hoy Mariscal Castilla, bajaba por los centros escolares de mujeres y varones. Luego se detenía en la tienda del Chino Rodolfo con quien se entendía, hasta llegar al garaje de Escalante y el Grifo aludido.

Desde que llegó a Mollendo, desayunaba y almorzaba en el restaurante Choronga. Posteriormente lo atendían a medio día en el Refectorio Escolar de la calle Tambo o Deán Valdivia, frente a la casa de la familia O’ Diana. Al final siempre pasaba por la tienda La Ramona de la calle Comercio y Córdova. Y de allí pasaba al Asilo de Ancianos regentado por las Madres Religiosas, al lado del cine Mundial, donde era atendido por las madres religiosas con su comida.

Precisamente este cuadro se refiere a cuando “El Garifo” se sienta frente a la casa de nuestro artista Gonzalo Chávez Rondón, que vivía en esa época al lado del Asilo de Ancianos y Cine Mundial en Mollendo.

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