«Todo comenzó a arder», cuento finalista del VII Concurso Literario «El Búho»

Esta obra es una de las cinco finalistas de la categoría Cuento del VII Concurso Literario El Búho, en 2019. «Todo comenzó a arder» obtuvo una mención honrosa para Santiago Pérez-Witch Meza

Cuento Letras El Búho

Esta obra es una de las cinco finalistas de la categoría Cuento, del VII Concurso Literario El Búho. «Todo comenzó a arder» fue premiada con un diploma en diciembre de 2019.

El autor,  Santiago Pérez-Wicht Meza, escribió este cuento bajo el Seudónimo: Señorita Trixie. A continuación, el texto completo.

finalista categoría Cuento
Santiago Pérez-Wicht Meza. Nació en Arequipa el 1 de marzo de 1988
Estudió Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín y es Investigador en Literatura. Ganó el Concurso Literario El Búho en la categoría Crónica en 2018

Cuento «Todo comenzó a arder»

Abrí los ojos sin saber dónde estaba. El departamento no era familiar. Me venían recuerdos de la noche como brochazos que iba reconstruyendo mientras intentaba levantarme. Estaba recostada en un sofá gris dentro de un departamento moderno y austero. Apenas los muebles elementales. Cubría mi cuerpo con un edredón blanco de plumas y no llevaba puestos los pantalones. La yerba, la coca y el whisky de anoche no me dejaban pensar con claridad. Sentía un escalofrío recorriéndome el cuerpo.
Me senté en el sofá. Mis pantalones estaban sobre el suelo. Los recogí y me levanté para vestirme. No parecía haber nadie en el departamento.

—¿Hola? —pregunté con timidez mientras avanzaba por el pasillo.
Abrí todas las puertas. Entré a todas las habitaciones. Estaba sola. Sobre las camas solo sábanas arrugadas, y sobre los veladores vasos de whisky a medio terminar, ceniceros con colillas, cajetillas con algunos cigarrillos dentro. Tomé uno y lo encendí. Salía de la última habitación cuando sentí un intenso deseo de orinar, así que entré al baño más cercano. Bajé mis pantalones y me senté mientras cerraba la puerta. Entonces ocurrió.
La orina, al tocar los labios vaginales, activó un incendio dentro mío y todo comenzó a arder. Es un dolor intenso e indescriptible. Como meter un glande en una fogata y observar mientras se va derritiendo. Detuve el meo y me puse a temblar. Comenzaba a comprender. Minutos después, los recuerdos habían tomado la forma del horror ante la evidencia de los hechos.

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