Golpe a la vista

"Toca ahora defender la democracia, especialmente de quienes dicen actuar en su nombre y buscan un golpe. Las elecciones de abril aún están en riesgo"

La columna Mabel Cáceres Calderón
Congreso de la República

La supuesta revelación sobre que la vacuna que usa el gobierno actualmente “no sirve para nada”, es apenas una cereza del pastel que prepara un sector de la política peruana, hace tiempo. El escándalo del llamado Vacunagate, estuvo intencionalmente sacudido con el fin de arrinconar al gobierno de Francisco Sagasti y eliminar un rival electoral como Vizcarra para las elecciones del Congreso de la República. Independientemente de las responsabilidades que les caben a ambos en el evidente mal manejo del tema, así como a la exministra de Salud que ambos compartieron -y que deben investigarse y sancionarse-; la motivación de los agitadores es opuesta a la de moralizar.

Igual que en la vacancia presidencial del mes de noviembre e independientemente de las denuncias contra el expresidente que merecen investigación diligente; el objetivo de aquel golpe de Estado no fue la sanación de la administración del aparato público; sino tomar el poder para fines no muy alejados de aquello criticado y criticable que generó las acusaciones.

¿O alguno cree que Manuel Merino, víctima de la brujería, quería moralizar el Poder Ejecutivo y habría hecho mejor gestión que Sagasti frente a la pandemia?

Ahora el grupo golpista, desde el Congreso, planea una nueva arremetida, proponiendo la censura a la Mesa Directiva, lo que implica la censura a Sagasti; y –tal como lo solicitaron sin rubor- la posibilidad de reponer a Merino en la presidencia de la República. Fue la alerta de la congresista Rocío Silva Santisteban y luego de la presidenta del Congreso, Mirtha Vázquez, lo que detuvo la intentona de llegar al Ejecutivo por segunda vez y de intentar “influir” en las elecciones próximas. Dado que la amenaza había sido neutralizada por la contundencia de la realidad, los grupos políticos que ya saben que no ganarán estas elecciones, hacen su esfuerzo final por tumbarse al gobierno. De ser posible, quieren detener el proceso electoral.

Por su parte, el Ejecutivo no ayuda a la estabilidad ni a evitar el golpe. Y no es únicamente responsabilidad de Sagasti y su bienintencionada soledad. La burocracia del Ministerio de Salud y del de Relaciones Exteriores lo ha demostrado palmariamente al revelarse las interioridades del caso VacunaGate. Negociaciones paralelas a la recepción de las Vacunas Vip y “regalos” del propio laboratorio Sinopharm, se suman a los gruesos errores en la información epidemiológica; falta de gestión en la provisión de oxígeno y las listas desactualizadas que distribuyeron para el primer grupo de vacunas destinado al personal de Salud. El deficiente y negligente desempeño del aparato público ha pasado factura al gobierno y ha agravado las crisis de la pandemia, desde el inicio.

El desengaño de muchos peruanos que, frente a la arremetida de grupos políticos vinculados a las mafias, respaldaron en su momento a Martín Vizcarra; no debe hacer perder de vista las motivaciones reales del otro bando político que se alista a inhabilitarlo por 10 años. Y aunque marquemos clara distancia, tampoco ayudará la lapidación pública anticipada y el derecho a un debido proceso. Pues esta actitud no hará sino encumbrar inopinadamente a alguien del bando opuesto, en una elección visceral que -nuevamente- puede traernos más de una sorpresa.

Toca ahora defender la democracia, especialmente de quienes dicen actuar en su nombre y buscan un golpe. Las elecciones de abril aún están en riesgo, si no por el ruido político, por sus inexpugnables resultados. Los ciudadanos tienen la palabra.

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