Entre los privilegiados y los excluidos

"Difícil, sino imposible, tomar una decisión con esperanza en esta segunda vuelta; sobre todo para quienes creemos en las alternativas de centro o pertenecemos a esa clase media"

Trocha urbana Paola Donaire Cisneros
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Tan polarizada como está la sociedad es difícil, en estos días, criticar a uno de los partidos que pasó a la segunda vuelta sin ser acusado de estar apoyando al otro. Y lo cierto es que somos millones los que no estamos a favor de ninguno y nos sentimos abatidos por las opciones que quedaron, pues ninguna está a la altura de las circunstancias y del reto que representa gobernar un país con uno de los niveles de mortalidad por coronavirus más alto del planeta y una de las crisis económicas más galopantes.

No se puede esperar mucho de los políticos en carrera, dada su trayectoria. Precisamente, una de las alternativas en esta segunda vuelta es un partido que pasó los cuatro años previos al 2020 petardeando la estabilidad del país, fingiendo ser defensor de la moralidad, censurando ministros y gabinetes enteros, promoviendo vacancias presidenciales; y, así, contribuyendo en gran medida a que la pandemia nos encontrara más mal parados que en años anteriores.

El otro partido en contienda tampoco tiene mucho a su favor, pues estamos hablando de posturas sindicalistas beligerantes que convierten reivindicaciones laborales en plataformas de presión política sin sopesar la consecuencia que esto pueda tener para los derechos de los demás, igual o más desfavorecidos que ellos.

Ninguno de los dos partidos que ha hecho algo bueno por el país; pero, claro, si ponemos las acciones de ambos en una balanza, con todo y cuotas de corrupción, sabemos de qué lado quedaría inclinada. Pero, una decisión como esta necesita mucho más que una balanza, mucho más que discursos de miedo o de auto conmiseración; porque la elección de un presidente, sobre todo en estas circunstancias, puede representar la diferencia entre la vida y la muerte de miles de peruanos. Una decisión como esa no debería estar cimentada en unos cuantos meses de arengas populistas, ni mucho menos en mafias organizadas con décadas de vigencia.

Difícil, sino imposible, tomar una decisión con esperanza en esta segunda vuelta; sobre todo para quienes creemos en las alternativas de centro o pertenecemos a esa clase media que está a la izquierda de los privilegiados y a la derecha de los excluidos. Ese trabajador de clase media, cuya modesta cuenta bancaria o fondo de pensión, como dice el aforismo, no lo hace rico, pero tampoco pobre; y que se siente amenazado directamente cuando el fruto de su esfuerzo podría ser blanco de medidas populistas que afectan, como siempre, al más débil; y dejan intactos los privilegios de los que más tienen.

Esa clase media vendió su carro para pagar el tratamiento del padre enfermo en pandemia; y sabe que eso es afortunado en comparación con los que no tuvieron nada que vender para salvar a sus seres queridos. Esos ciudadanos, que no están conformes con la situación y están dispuesta a cambios responsables, no tiene ahora por quién votar.

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