¿Oclocracia a la vista?

"lo que estaría por instaurarse es una oclocracia; aunque, eso también ya lo hemos vivido o estamos viviendo, siendo el mejor ejemplo, Arequipa"

Cuarto de hora José Luis Vargas
oclocracia

No nos asombremos: situaciones políticas como la actual, específicamente ligadas a una segunda vuelta electoral para elegir a un nuevo gobernante, ya las hemos vivido. Los que no se acuerdan pueden leer a nuestro nobel, “El pez en el agua”, o revisar, de Carlos Meléndez, “El mal menor”; para constatar que elegir entre el “cáncer y el sida”, es uno de nuestros deportes favoritos. Algunos dirán que el actual es un escenario diferente, porque los competidores de la segunda vuelta, no sólo tienen enclenques porcentajes de votación; sino cuestionados pasados, al extremo que más que democracia, lo que estaría por instaurarse es una oclocracia; aunque, eso también ya lo hemos vivido o estamos viviendo, siendo el mejor ejemplo, Arequipa.

En 2018, la “Ciudad Blanca”, eligió a su actual gobernador, un político taimado, de ideología variopinta, con un racimo de acusaciones penales, incluida la violación; pero que se opacaron con una estrategia electoral muy funcional; presentarse como el “pobre provinciano marginado quechuahablante”, enfrentándose a los “Mistis” o blanquiñosos ojiverdes, causantes de todas sus desgracias; es decir, racismo puro que, como sabemos, es otra expresión de la violencia que consolida la difícil relación existente entre Estado y sociedad. Obviamente, otros motivos se sumaron a ese triunfo. Como la frustración existente en Arequipa por el descalabrante gobierno pepekausista, a quien la región elogió mayoritariamente en el 2016; sin embargo, el factor cultural tuvo un gran peso.

Dado el escaso apoyo electoral en las urnas, las peculiaridades del personaje y su cantinflesco plan administrativo, califiqué a esa gestión como “Gobierno Oclocrático”; es decir, ese tipo de gobierno que es producto de la desazón, de las voluntades viciadas y de la ignorancia; que se protege por un halo democrático, pero que en realidad es una degeneración de ésta. Advierto que el vocablo “oclocracia” y su definición no me pertenece, sino que proviene de la ciencia y filosofía política. Pues desde tiempos inmemoriales, los clásicos ya advirtieron de ese tipo de gobierno; es más, se le atribuye el concepto a Polibio para referirse al gobierno no del pueblo, sino del vulgo o populacho.

Desde el inicio de su mandato y especialmente el 2020, año inaugural de la pandemia, Arequipa ha sufrido los efectos del gobierno oclocrático. Basta recordar que, en medio del avance incontenible de la peste, la autoridad prometía “Formar una comisión de científicos locales para crear la vacuna”; aconsejar que “Coman alpaca para evitar el contagio”, o criticar el uso de barbijos porque “Sólo los burros usan mascarillas como bozal”. Además, fue el primero en lanzar su candidatura presidencial, con pintas en varias ciudades y propagandas regadas en todas las redes sociales.

Mientras tanto, Arequipa sufría los embestidas de la peste, que hizo que ocupemos los primeros lugares entre las regiones más afectadas. Al extremo que el propio Gobierno Central tuvo que intervenir, puesto que aquí reinaba el caos. ¿Otras obras significativas que alienten el desarrollo de la Región? Ninguna; es más, ni siquiera termina la pista de ingreso a la ciudad, que está postergada por años.

Como si esa experiencia de la oclocracia fuera insuficiente, Arequipa volvió a repetirla el año pasado, eligiendo mayoritariamente como congresista a otro personaje muy cuestionado; perteneciente, además, a una organización política cuyo líder purga pena por asesinato. Es decir, pareciera que el voto del otrora León del Sur, rugiente por salvaguardar lo mejor de la democracia y ser modelo nacional; es hoy la expresión de las voluntades bárbaras o atormentadas por el desgano y desazón.

Regresando a nuestro país, contamos con harto historial sobre cómo siempre terminamos eligiendo al presidente, con la fórmula del mal menor y la nariz tapada. También tenemos experiencia sobre lo que sería un gobierno oclocrático (producto de la oclocracia), como se ha empezado a calificar la coyuntura y a los rivales de segunda vuelta. Así que, no hay que desalentarse, mucho menos creer que estamos en los quintos infiernos. Y muchísimo menos discutir y pelearnos entre nosotros por las tres opciones existentes (blanco, rojo y naranja). Recordemos que, cualquiera que salga elegido poco ayudará a resolver nuestros problemas urgentes. Así, hay aún un largo trecho de espera para que los que hoy nos enamoran con sus promesas, lo hagan con un mínimo de galanteo; y no a la prepo, como ya sabemos que es el estilo que caracteriza a los dos suplicantes.

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