Pobreza: hemos regresado a los niveles del 2010

"Sabemos que la pobreza en el Perú es mucho mayor en las zonas rurales que las urbanas. Eso no ha cambiado en el último años. Lo distintivo es, sin embargo, que el aumento de la pobreza ha tenido un impacto mucho mayor en las zonas urbanas que en las zonas rurales"

Columnista invitado

En este artículo hacemos una breve reseña de la data del recientemente publicado Informe del INEI sobre la Pobreza en el 2020. Luego destacamos dos temas centrales: de un lado, el impacto de los dos bonos universales en la reducción de la pobreza y la reactivación de la economía; y de otro, la creciente vulnerabilidad, no solo de los pobres y los pobres extremos, sino de los llamados no pobres vulnerables, lo que desnuda las falencias del modelo económico. 

En el 2020, nos dice el informe del INEI, la pobreza en el Perú tuvo un aumento de 9.9% (enorme), pasando de 20.2% en 2019 a 30.1%. Ahora hay, entonces 9.8 millones de pobres, lo que implica que 3.3 millones de personas cayeron en la pobreza en el 2020. Dice el INEI que esto se debe a la paralización de la mayoría de las actividades económicas debido al Estado de Emergencia Nacional; sobre todo en el II Trimestre del año pasado, que implicó medidas de aislamiento social obligatorio. Esto, claro, ya lo sabíamos y diferentes entidades habían estimado cifras mas o menos parecidas.

Como la pobreza se mide por la cantidad de gasto monetario que pueden realizar las personas, el INEI nos dice que es pobre un hogar de 4 personas que no logra gastar 1,440 soles mensuales. 

En cuanto a la pobreza extrema, ésta alcanza a los hogares (siempre contando 4 personas) que no pueden comprar la canasta mínima alimentaria, que cuesta 764 soles mensuales. Los pobres extremos han aumentado en 79%: de 931,800 a 1´663,900 del 2019 al 2020, lo que implica que ahora hay 732,100 nuevos pobres extremos. Así, la pobreza extrema aumenta del 2.9 al 5.1% del total de la población, del 2019 al 2020. 

Sabemos que la pobreza en el Perú es mucho mayor en las zonas rurales que las urbanas. Eso no ha cambiado en el último años. Lo distintivo es, sin embargo, que el aumento de la pobreza ha tenido un impacto mucho mayor en las zonas urbanas que en las zonas rurales. La razón es simple: las medidas de confinamiento y paralización de las actividades económicas se dan fundamentalmente en las ciudades.

Hay mucho más que mencionar en este informe, pero debemos pasar ahora al tema de los bonos. Es clave destacar que la pobreza ha sido atenuada por la entrega de los dos bonos universales de 760 soles cada uno, los mismos que llegaron a 5´732,000 personas. En efecto, según estimaciones de Javier Herrera (entrevista en RPP con Fernando Carvallo, 15 de mayo), investigador del IRD de Francia, la entrega de estos bonos permitió la reducción de la pobreza en 3.2%. Para mayor claridad, si los bonos no se hubieran entregado, la pobreza hubiera subido a 33.3% (30.1% + 3.2%).

Esto también me permite decir que si se hubiera entregado dos bonos adicionales de 760 soles cada uno en el 2020, la pobreza se hubiera reducido en un 3,2% adicional. Vale decir que hubiera sido del 26.9% (30.1% – 3.2%). 

Sin embargo, el gobierno peruano, a diferencia de las entregas de bonos que hicieron la mayoría de países de América Latina como Argentina (4 bonos), Colombia (12 bonos) y Chile (5 bonos y dos bonos para la clase media) solo otorgó los dos bonos ya mencionados. 

La razón: para el gobierno el bono es simplemente un gasto y no tiene utilidad. Debido a sus anteojeras ideológicas, no puede apreciar que el bono tiene un doble carácter. De un lado, compensa a los ciudadanos a quienes el gobierno prohíbe salir a trabajar. Y, de otro, tiene un carácter reactivador de la economía pues quienes reciben el bono lo gastarán inmediatamente; es decir, comprarán bienes producidos por las empresas, que han visto reducidos sus ingresos por la recesión. Dicho de otra manera, el efecto multiplicador del bono combate la recesión e impulsa la reactivación. 

Ese es el ABC de las llamadas políticas contracíclicas para combatir la recesión, lo que ha vuelto a ser corroborado por el Banco Mundial: “Un estudio realizado para esta informe muestra que el multiplicador fiscal de las transferencias sociales es mucho mayor en la Región que en las economías avanzadas. Y es consistentemente más amplio en los países que tienen transferencias sociales importantes y bien dirigidas. La fuerte respuesta que se ha dado a la crisis del Covid 19 podría ser recordada como uno de los primeros ejemplos de una exitosa política fiscal contracíclica a través de muchos países de la Región” (Banco Mundial, Reporte Seminanual de América Latina y el Caribe, El costo de mantenerse saludable, octubre 2020 www.worldbank.org). 

Agreguemos, además, que el reciente informe del FMI sobre el Perú (Artículo IV), plantea que el país otorgue dos bonos universales adicionales que significan 2,5% del PBI para impulsar la reactivación económica. El actual MEF no quiere saber nada de eso (ver, https://larepublica.pe/opinion/2021/03/31/fmi-a-la-izquierda-del-mef-por…). 

La recesión no solo ha golpeado a los pobres, lo que se demuestra con las cifras ya proporcionadas. También golpea a los llamados No Pobres Vulnerables, quienes salieron de la pobreza en años anteriores pero no se han consolidado como clase media. Osea, ya no son pobres (el 20% de la población en el 2019), pero pueden volver a serlo si es que ocurre un “shock” económico”. Dice el INEI que los No Pobres Vulnerables eran el 35.5% en el 2019 en el Perú. Lo que quiere decir que el 55.5% de los peruanos, o era pobre, o era no pobre vulnerable (ver https://larepublica.pe/opinion/2021/03/10/clase-media-emergente-o-no-pob…). 

¿Cómo ha impactado el efecto de la pandemia en estas cifras? Ya sabemos que la pobreza en el Perú en el 2019 ha subido a 30.1%. Y, según cálculos realizados por Javier Herrera, se estima que los No Pobres Vulnerables, en el 2020, ascienden al 35.5% de la población. Así, el 65.6% de la población (30.1 más 35.5) es pobre y no pobre vulnerable. 

Se puede apreciar, entonces, que el crecimiento económico debido al super ciclo de altos precios de materias primas (2003 – 2013), si bien redujo la pobreza; no fue capaz de otorgar sostenibilidad a ese proceso. ¿Y por qué? Porque buena parte de los que ya no eran pobres no obtuvieron empleos de calidad y siguieron engrosando las filas de la informalidad. 

Durante esos años en nuestro país no se aplicaron políticas de diversificación productiva, que prendan otros motores en las diferentes ramas productivas que lleven a la creación de empleos estables, con mayor valor agregado. Tampoco el Estado, debido a la política neoliberal que privilegia el libre juego de las fuerzas del mercado debilitando al Estado y la inversión pública; no invirtió lo necesario en el sistema educativo y, sobre todo, de salud. Esto nos llevó a la terrible situación de falta de hospitales, oxígeno, camas UCI y demoras en la compra de vacunas, lo que debe revertirse.

Es por estas razones que no podemos depender en exceso (como hasta ahora) de las exportaciones de materias primas. Y que tenemos que avanzar hacia una nueva forma de relación de Estado y mercado, hacia una economía mixta. Para comenzar a revertir entonces las terribles cifras de pobreza de este 2020, es necesario cambiar el modelo de crecimiento. 

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