Elecciones y re-sentimiento

“Está resentido” significa para muchos “está enojado”. Pero no es así, no es lo mismo estar enojado y ser re-sentido. Y la diferencia está en el “re”

Sobre el volcán

(*)

Se le confunde con el simple odio u otro sentimiento que puede no revestir mayor gravedad. Se le considera mucho más benigno de lo que es en realidad, casi como un sinónimo de enojo: “está resentido” significa para muchos “está enojado”. Pero no es así, no es lo mismo estar enojado y ser re-sentido. Y la diferencia está en el “re”.

El re-sentimiento es algo más complejo que el simple enojo e incluso que el simple odio expresado abiertamente. Odios los tenemos todos, pero no todo el mundo es re-sentido, si bien hay que reconocer que no son pocos en nuestra subdesarrollada y compleja realidad. No es un fenómeno superficial sino bastante arraigado en eso que Carl Jung llamaba subconsciente colectivo. He dicho en otra parte que el resentimiento es como un boomerang letal (habla la experiencia). Un odio que puede tener su origen en la realidad o en la fantasía, en una mentira o en una leyenda (pero que puede tener efectos de verdad más fuertes que la verdad “objetiva” misma) ante la incapacidad de respuesta a la agresión sumida en la impotencia. Yo sufro, alguien tiene que pagarlo, parece decir el resentido.

El odio -inseparable de la impotencia- que volvió porque no pudo salir y exteriorizarse, envenena el alma: “no me atrevo a devolver la ofensa, me la tengo que tragar”. El odio como energía que no pudo expresarse ante la agresión (la humillación, el atropello, el abuso, la explotación, etcétera, real o imaginada) retorna, como consecuencia de la impotencia expresiva, al alma de la propia víctima que se auto envenena. El veneno se llama re-sentimiento.

El resentimiento es una pócima que bloquea la creatividad y todo cambio revolucionario (no en el sentido jacobino de revolución sino en el de la física moderna: vuelta completa). Es re-activo, estéril, dogmático, autoritario, etc. Se identifica con una parte, no con todos los peruanos: es un sectarismo que no se reconoce como tal. No están motivados por la razón crítica sino por la emotividad, la identificación, la compasión (que oculta la auto compasión) con el pobre, con el explotado, con el atropellado, pero no con todos los peruanos -la familia completa- no con los malos, los poderosos, los fuertes, los famosos, los exitosos (peor aún si tienen el descaro de ganarse un Premio Nobel) Eso es muy cristiano, pero no revolucionario (vuelta completa). El re-sentimiento anti hispano, producto de la Leyenda Negra, de muchos hispanos, es un ejemplo que –de paso- muestra todo lo occidentales que somos.

Dije antes que los Incas no podían ser indigenistas porque no podían ser cristianos, occidentales, como lo son las izquierdas, modo Verónica o modo Castillo, que en esto coinciden con las derechas en sus diversos matices. La misma cosmovisión judeo cristiana tradicional y pre moderna. ¿Y quien moderniza la casa, en economía, en educación, en salud, etc.? ¿Quién moderniza al modernizador si todos tienen mentalidad tradicional y conservadora, a la hora de la hora? Y tal vez por eso en estas elecciones peruanas (2021) Pedro Castillo y López Aliaga se han encontrado ideológicamente en campaña en el mismo punto.

El Perú no cambia paradigmas desde la época de la larga Colonia, profundamente internalizados en el colectivo mental, como programados para no cambiar. Los de Castillo, Keiko y López son bien representativos, aunque duela y averguence. Tres expresiones del peor conservadorismo.
Si tenemos en cuenta lo que está en juego en esta segunda vuelta, las consecuencias revisten una gravedad inusitada.

El mal menor es Keiko –con dudas y murmuraciones y aunque sea un gran mal- no lo que nos gustaría. Es asunto político y eso significa lo más razonable y posible, con doble mascarilla y todo. Aquí no hay ninguna salida buena, pero política es arte de lo posible.

Con el señor Castillo se pone en juego el Estado Constitucional de Derecho y la democracia, aún muy frágil. El no cree en la democracia como fin. Con el señor Castillo volvemos, política y económicamente a la época de Velasco, e ideológicamente aún más atrás, ahora homofóbica, misógina, machista, etc. ¿Es el gobierno que nos merecemos?. No lo sé. Solo creo que no hay dictadura buena, roja o negra, civil o militar, todas fastidian al pueblo, lo someten y lo empobrecen. Y el camarada solo cree en la dictadura del proletariado (magisterial) -por ahora vía electoral. Después veremos. Pero su ideario y el de Cerrón es “pensamiento Gonzalo”.

Ser radical, no es tomarse el ejecutivo propugnando la estatización de todo lo que el de turno decida estatizar -lo que nos destrozará económicamente. Eso no es llegar a la raíz. No es nuevo, ni original, ni saludable. Y no hay nada más superficial o menos radical que creer que el Estado socialista será menos calamitoso que éste y va a resolver y no agravar los duros problemas que ya tenemos. Nadie menos radical que los compañeros y camaradas que jamás dejaron su ideología tradicional, que no se diferencia de la cosmovisión popular, ni de la derecha, ni del centro.

Keiko representa la peor derecha mercantilista. Pero en política hay que escoger el mal menor, cuando no hay bien mayor ni menor. Con Keiko seguiremos mal, con Castillo estaremos peor, gracias a los genios que han votado por ellos.

(*) Artículo publicado en el Búho la Revista en el mes de abril, antes de la segunda vuelta

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