Pequeña Lulú

"No se trata de la entrañable y perspicaz Lulú que vivía desafiando los cánones tradicionales encarnados en el infantil Club de Tobi. Es, más bien, lo opuesto: una política recorrida, cuya trayectoria es una curva perfecta de Gauss, terminando en cero"

La columna
pequeña Lulú

No se trata de la entrañable y perspicaz Lulú que vivía desafiando los cánones tradicionales encarnados en el infantil Club de Tobi. Es, más bien, lo opuesto: una política recorrida, cuya trayectoria es una curva perfecta de Gauss, terminando en cero, a nivel del piso; por no validar la ficción matemática que se puede caer más bajo aún y tener un valor negativo.

Ensimismada en el universo paralelo que hoy habita, pequeño y mezquino; sin contacto con aquel en el que Luis Bedoya Reyes le heredó simbólicamente su reino, cuando se proyectaba como abogada hábil, de verbo pulido y coraje juvenil. Una promesa política que resultó una falacia humana, atacada de enanismo, en algún recodo de su fallida trayectoria.

Aquella lideresa de carácter que enfrentó en el Congreso a la corrupción del aprismo y a la dictadura del fujimorismo, acabó de segundona de la demagogia de Alan García, en una primera caída; y de falaz defensora de la organización criminal que busca conmutar sus deudas con la justicia con la supuesta defensa de la democracia; en su desplome final.

Evidentemente disminuida en sus capacidades intelectuales, la antigua demócrata cristiana, pretendió esta semana enredarse en teorías estadísticas para “demostrar” que había irregularidades en las elecciones; aseguró sin respaldo alguno su convencimiento de que los resultados electorales son distintos a los oficiales; e insultó al Jefe de uno de esos entes que dice respetar.

Asumiendo que no ha sino atacada de algún tipo de demencia senil, resulta patético que la exabogada brillante pretenda insultar la inteligencia de los peruanos con sus argumentos dignos de Tobi y sus amigos. Lo relevante, en todo caso, de esta historia lastimera, es el daño que le hace a la democracia, al sistema de partidos; y a su propia agrupación política en su trayectoria de caída, con la indignidad de querer arrasar con lo que encuentre a su paso para no quedarse sola en el fondo de su propio fracaso.

En ese camino, anda el premio Nobel, Mario Vargas Llosa, avergonzando al Perú desde un diario español con una serie interminable de mentiras y oprobios para los peruanos de a pie; sin un ápice amor por la patria que deberíamos compartir; en tozuda defensa de su verdad, llena de fobias ideológicas y prejuicios contra los peruanos que siente ajenos. Tobi y Lulú.

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