#Hace20Años ¡Arequipa no se rinde!: a pesar de adversidad, ciudadanos protestan contra Telefónica, bancos y burocracia

Las primeras protestas luego del terremoto que dejara bastante afectada a la ciudad. A pesar de ello, los ciudadanos salieron a alzar su voz por la inoperancia de sus autoridades y las empresas privadas

Hace 20 años

El 20 de julio del 2001 se publicó la edición N° 53 del semanario El Búho. Aquí se analiza las primeras protestas luego del terremoto en Arequipa que dejara bastante afectada a la ciudad, en cuanto a su infraestructura y economía. A pesar de ello, los ciudadanos salieron a alzar su voz por la inoperancia de sus autoridades y las empresas privadas que causaban afectaciones a sus usuarios.

#Hace20Años ¡Arequipa no se rinde!: a pesar de adversidad, ciudadanos protestan contra Telefónica, bancos y burocracia

NOTA ORIGINAL

A pesar de la adversidad telúrica, el pueblo arequipeño demostró ayer que no se ha amilanado frente a la furia de los temblores, la inoperancia de la burocracia estatal, y la teatralidad de la mayoría de autoridades, casi siempre muy por debajo de la gravedad del momento. Si alguien pensó que la masa, antes embravecida por el abuso fujimorista, había amainado la fuerza de sus voces, porque las formas democráticas habían vuelto en apariencia, y algunos políticos que ayer callaron elocuentemente, hoy abogan por la reconciliación y la estabilidad, sin que se haya acabado la dictadura económica que mantiene al 60% de la población al borde de la supervivencia; se equivocó de extremo a extremo.

Ya sin líderes, ni figuras en el balcón municipal, los marchantes llenaron ayer la Plaza de Armas de Arequipa en desfiles cruzados que repletaron incluso los portales, a despecho de las prohibiciones municipales de mantener despobladas ciertas áreas y aún corriendo graves riesgos, lo importante parecía hacen sentir su voz de protesta. Protesta, porque a pesar que los socios fujimoristas de la Telefónica (aunque no de OSIPTEL), se han ido, la empresa sigue encamando el reino del abuso y la codicia.

Porque a pesar de que la mayoría de políticos prometió en la pasada campaña electoral oponerse a las privatizaciones del agua y la luz, hoy se habla sobre el tema como un hecho consumado; y aunque tal vez haya que aceptarla finalmente ante el inobjetable argumento de nuestra paupérrima capacidad de inversión, la historia de la Telefónica no tiene que repetirse y no debe repetirse nunca jamás en nuestra patria. Sobre todo si está en juego la salud y los derechos elementales de la mayoría de peruanos. Los procesos deben ser absolutamente transparentes y con participación ciudadana; pues no vaya a ocurrir que, en un futuro, haya que comprar tarjetas 147 para poder lavarse las manos.

Protesta, porque la legislación que regula la actividad bancaria y que ha permitido incontables abusos contra las pequeños, pequeñísimos e indefensos ahorristas o prestatarios; elaborada en buena parte en el SIN entre Montesinos y los banqueros más poderosos del país, cuyo rostro no podría ser penetrado ni por un misil, sigue vigente. Y todos los días, nos enteramos de alguna triste historia en que familias enteras se quedan sin techo y decenas de negocios quiebran por no poder pagar excesivos intereses y costos bancarios. Pues su imaginación para inventar seguros, tasas de mantenimiento, transferencia y cualquier servicio mínimo, no tiene limite.

Sumado a la evidente incapacidad de las autoridades locales para afrontar las consecuencias del sismo digna y eficazmente, ha provocado un pequeño estallido de ira. Miles de estudiantes, obreros, desempleados, prestatarios de los bancos, jubilados, maestros impagos, damnificados sin ayuda, maestros y pobladores de urbanizaciones populares; expresaron su frustración, porque el advenimiento de la democracia, más parece una formalidad que beneficia sólo a los políticos. Por supuesto, no faltaron las protestas contra la Telefónica y los bancos, ayuda a los damnificados, las demandas de explicación a Guillén por lo ocurrido en la UNSA, reclamos de cumplimiento a Paniagua, descentralización y, como no, un alto a la privatización indiscriminada y secreta, agua y luz que puedan pagarse, aumento de sueldos, más democracia y transparencia, que fue para eso que nos tumbamos una dictadura.

La utilidad del terremoto en Arequipa

No sólo se han trizado los cristales de muchos edificios públicos, ni el asunto es sólo de estuque como afirman algunos. Las grietas, que sí las hay y enormes, nos han permitido apreciar lo central: que ya estábamos bastante mal preparados para vivir con dignidad; pero aún estamos peor preparados para morir con naturalidad. Porque no es natural morirse de un terremoto. La tierra hace lo suyo. lo que su naturaleza le manda; el que se equivoca es el hombre; el que no se adapta a su medio.

Como dijeron a El Búho connotados especialistas en sismología: “si se va a vivir a la puna, para no morirse de frío, hay que abrigarse; de igual modo si se vive en una tierra sometida a inestabilidad telúrica, lo natural es adaptarse, protegerse y tener la infraestructura dispuesta para el resguardo…” Y en cierto modo Arequipa ha aminorado de gran forma los daños del terremoto, por la experiencia anterior, de los terremotos de 1958 y 1960. Muchas de las viviendas construidas con posterioridad a esos eventos sísmicos, se hicieron con la paciencia del miedo de haber pasado el suceso del terremoto; muchos propietarios aplicaron el celo necesario para cerciorarse que las columnas tuvieran los fierros, incluso más gruesos de lo necesario.

Arequipa, luego de esos terremotos se reconstruyó lentamente, ladrillo tras ladrillo, sin mucho aspaviento pero con mucha paciencia. Es poco lo que pueden hacer las autoridades, salvo ponerse en la cola de ayuda y ser gestores de dispositivos legales que amengüen la tragedia; y que en mucho los catapulte a ellos en el foco de la notoriedad política en Arequipa.

Pero la verdadera utilidad que nos puede prestar el terremoto no reside en coger parte de la torta de la reconstrucción; sino en que la ciudadanía asuma su responsabilidad en la prevención de desastres naturales, por encima de las autoridades y la burocracia de defensa civil. Nadie nos va a cuidar por decreto ni resolución. Como no nos han cuidado en nada durante los últimos años en que sólo hemos sido objeto y víctimas del apetito neoliberal; tanto de lo empresas de servicios que se privatizaron como de la propia SUNAT que, más que una función tributaria para redistribuir la riqueza y generar desarrollo; se dedicó a la exacción y cebarse en la quiebra, o de las pocas grandes empresas que quedaban en Arequipa, como de pequeños negocios o bodeguitas.

Lo mismo hicieron las municipalidades en Arequipa dedicadas al cobro del autoavaluo y a cuanta fiscalización y cobro que tuvieron a mal imaginar; con el fin de hacerse de algo de fondos; pues como habían aprendido de su mentor ideológico Boloña: “alguien tiene que pagar el lonche”. El lonche lo pagó el pueblo y ahora, detrás de la tragedia está de mendigo. Como bien se señala en un artículo publicado en este número sobre la pobreza y los desastres; es la pobreza no solo de recursos sino de iniciativas lo que hace más grave las tragedias cuando se dan en medio de orfandad generalizada. Y una enorme desprotección social, tal como es el caso en los últimos desastres naturales que han asolado varias zonas de América Latina; entre ellas Nicaragua, Salvador, México y el propio Perú.

Por ello es que frente al desastre no nos queda otra cosa que impulsar la autogestión, la autoayuda, la auto prevención; por ello invitamos a todos aquellos que sientan que pueden contribuir proponiendo iniciativas extra burocráticas a participar en las páginas de El Búho para hacer pública su creatividad. El tiempo apremia y es hora de desatar la imaginación y la capacidad creadora del pueblo, sino estamos perdidos.

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