Pedro y Lilia en palacio

"Tiene a su favor, en cambio, la poderosa simbología de su origen; y la bandera de los cambios ofrecidos a las masas pobres, excluidas e insultadas durante la campaña electoral"

La columna
Lilia, esposa de Pedro

“Sí, me gustaría vivir en Palacio, porque nosotros no tenemos ninguna casita en Lima”, respondió Lilia Paredes, esposa de Pedro Castillo Terrones, al ser preguntada por su futuro próximo como “primera dama” en la capital.

Lejos de las veleidades palaciegas, el sueño de tantos políticos y personajes públicos que ha alcanzado el profesor de Chota, será probablemente una fuente inagotable de amarguras para esta familia peruana, tan parecida a otras tantas, millones de ellas, hoy reflejadas en la de Castillo y que explica la inesperada votación por “el lápiz”.

Sin partido ni bancada propios, con técnicos prestados, con la siempre temible oposición del fujimorismo y sus aliados, y el indisimulado desprecio de la clase alta y las élites empresariales limeñas, que sacan los dientes para disuadirlo de cualquier cambio que los afecte; el gobierno de Castillo luce caótico, incluso antes de empezar.

Tiene a su favor, en cambio, la poderosa simbología de su origen; y la bandera de los cambios ofrecidos a las masas pobres, excluidas e insultadas durante la campaña electoral. La sensibilidad que genera la celebración del Bicentenario hacia estos temas, le otorga a Pedro Castillo una oportunidad envidiable para construir una propuesta de gobierno que encarne esos anhelos; y por tanto, se sostenga principalmente en su legitimidad social.

Frente a la precariedad de su equipo y estructura de mando en el Ejecutivo, puede oponer la transparencia de la gestión; y ganarse de manera genuina el respeto de la opinión pública. Frente a la implacable oposición que se avecina, puede oponer la autenticidad en la defensa de las causas que pregona. Y frente a la tentación de las arcas semiabiertas, la firmeza de sus creencias; y frente a las presiones de Cerrón y sus partidarios para hacer del estado un botín, o intentar perpetuarse en poder, puede oponer liderazgo y templanza.

Por supuesto que esta descomunal misión requiere destreza y nobleza. ¿Estará Pedro Castillo a la altura del reto que, en un momento histórico y crucial, le ha tocado enfrentar? ¿La sociedad peruana y la clase política lograrán poner en práctica las líricas declaraciones en sus deseos de paz, unión, fraternidad y amor por la patria; y en contra del racismo, prejuicio, discriminación, maledicencia y envidia, a los que somos tan proclives, sobretodo en campañas electorales?

Que la fuerza de esa tierra que Lilia y Pedro solían labrar los acompañe y el dios de los Incas ilumine su camino, que es el de la patria entera; incluso de los que aun gritan fraude.

El Búho, síguenos también en nuestras redes sociales: 

Búscanos en FacebookTwitterInstagram y YouTube

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER

SUSCRIBIRSE