Anécdotas históricas: Ramón Castilla contra Arequipa

"Ramón Castilla fue el militar y político peruano más importante y exitoso del siglo XIX, sin lugar a dudas; sin embargo, su comportamiento para con el pueblo de Arequipa fue: desafortunado, ingrato, salvaje, sangriento"

Historia

Ramón Castilla fue el militar y político peruano más importante y exitoso del siglo XIX, sin lugar a dudas; sin embargo, su comportamiento para con el pueblo de Arequipa fue: desafortunado, ingrato, salvaje, sangriento, cruel, en una palabra: vil. Las malquerencias entre Castilla y Arequipa fueron de larga data, solo mencionaré algunos hitos.

Cuando el pueblo de Arequipa luchó a favor y consiguió el establecimiento de la Confederación Perú – Boliviana, tuvo entre otros numerosos enemigos a Castilla, quien deportado en Chile, fue uno de los militares peruanos y aristócratas limeños que se aliaron a Chile e invadieron dos veces bajo la bandera chilena, lucharon y desaparecieron a la Confederación en 1839.

En 1840 cuando los aliados a Chile se hicieron del poder con el nombre de “los restauradores” y estando de Presidente del Perú Agustín Gamarra; Arequipa se sublevó contra el gobierno de Gamarra, desde su condición de vivanquista y dolida por la derrota de la Confederación. Vivanco, a la sazón Prefecto de Arequipa, encabezó esa rebelión arequipeña. Los rebeldes derrotaron a las fuerzas militares gobiernistas comandadas por Ramón Castilla, en Cachamarca.

En 1843 triunfó una nueva rebelión popular arequipeña a favor de Vivanco, a quien termina por convertirlo en Supremo Director de la República. Al año siguiente Castilla, junto con Nieto y otros, se sublevó contra el Directorio, cercó la ciudad de Arequipa y derrotó a Vivanco, a los militares gobiernistas y al pueblo vivanquista de Arequipa, en la Batalla de Carmen Alto, el 22 de julio de 1844. (Es increíble que hasta hoy se celebre en Arequipa la Batalla de Carmen Alto cuyos resultados fueron contrarios a los intereses de Arequipa).

En 1845 Ramón Castilla fue elegido Presidente de la República. Años después, el gobierno de Castilla otorga a la casa Gibbs la consignación del guano y sucede un motín vivanquista en Arequipa, con el resultado de nueve muertos y veinte heridos.

En 1850 el régimen de Castilla aprobó la ley de consolidación de la deuda interna, que posibilitó escandalosos y fraudulentos negociados, especialmente en el gobierno de Echenique, quien fue elegido, apoyado y dejado por Castilla para sucederle en el gobierno. En 1854 estalló una rebelión arequipeña contra la corrupción del régimen del Presidente Echenique. La ambición y el olfato político de Castilla le hizo venir a Arequipa y ponerse del lado de esa rebelión arequipeña y no cejó hasta encabezarla. A la cabeza de los rebeldes hizo una larga marcha hasta que en 1855 llegaron a las afueras de Lima, donde el 5 de enero triunfan sobre las fuerzas del gobierno (Batalla de La Palma). Castilla consigue su ambición política y se convierte en Presidente Provisorio del Perú (en realidad
recuperó el poder que no le hubiera gustado dejar y que dejó en manos de su delfín Echenique).

Cuando fue evidente este objetivo de Castilla y el pueblo de Arequipa se sintió traicionado por Castilla, en 1856 estalló una nueva rebelión popular en Arequipa contra Castilla, liderada por Domingo Gamio y Diego Masías y a favor de Manuel Ignacio Vivanco, teniendo como ideólogos brillantes a Benito Bonifaz, Hipólito Sánchez Trujillo y Toribio Pacheco.

En 1857, convertido el enfrentamiento en la más persistente guerra civil del Perú decimonónico, San Román, en nombre de Castilla, asedia Arequipa con una fuerza de tres mil hombres; negocia sin éxito con Vivanco y termina por enfrentársele (Yumina 29 de junio). Castilla, dejando la Presidencia del Perú, se traslada a Arequipa; se une con San Román en Quequeña y comienza a dirigir – personalmente – el asedio a la ciudad mistiana.

El año de 1858, después de planificar ¡durante más de siete meses! el ataque a la población de la ciudad de Arequipa levantada en armas contra su gobierno, entre el 5 y el 7 de marzo; Ramón Castilla y el Ejército Peruano combatieron ferozmente a las fuerzas revolucionarias arequipeñas, lideradas por Vivanco, Bonifaz, Javier Sánchez y otros a quienes derrota, después de convertir en cadáveres a todos los integrantes de la Columna de los Inmortales y alrededor de tres mil arequipeños. (Para que se tenga una idea de la atroz carnicería que sufrió Arequipa les diré que entonces tenía la ciudad unos treinta mil habitantes; es decir el 10 % de su población total fue muerta por el Ejército del Perú a órdenes de Ramón Castilla.

Si imagináramos, guardando las distancias que se quieran, hoy que Arequipa tiene una población de un millón de habitantes, el Ejército del Perú a órdenes del Presidente de la República entrara a nuestra ciudad sobre los cadáveres del 10% de nuestra población; es decir, sobre los cadáveres de cien mil arequipeños, nos daremos cuenta de la magnitud de esa desgracia que soportó Arequipa en 1858).

Los castillistas del Perú, con anuencia de su líder, después de este sangriento triunfo sobre Arequipa, se dividieron en dos grupos; que, ufanamente, se llamaban: Vencedores de La Palma y Vencedores de Arequipa.

Juan Guillermo Carpio Muñoz
Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre
TOMO I. Págs. 226 – 227

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