Anécdotas históricas: Arequipa tenía su callejón el buque: no dejes que otro te embauque

"A´ura veyamos y ejemplifiquemos el otro caso: que en Arequipa se ha procedido como el mono y, por imitación, se ha hecho o se ha puesto un nombre a un lugar urbano porque Lima lo tiene. Se trata del callejón El Buque, o Callejón del Buque"

Historia
Casona El Buque en el distrito limeño de La Victoria

A´ura veyamos y ejemplifiquemos el otro caso: que en Arequipa se ha procedido como el mono y, por imitación, se ha hecho o se ha puesto un nombre a un lugar urbano porque Lima lo tiene. Se trata del callejón El Buque, o Callejón del Buque.

El Callejón del Buque es un conocido callejón limeño, específicamente de La Victoria (cuadra 3 de la Avenida Luna Pizarro). Famoso porque en esa casa de vecindad de antaño se daban veladas y jaranas criollas de rompe y raja. Resulta que, a mediados del siglo XX, en Arequipa también pusieron el nombre popular de callejón El Buque, o Callejón del Buque a una casa de vecindad de un solo caño y un solo baño ¡para unas sesenta familias!, que ocupaban otros tantos cuartos que se levantaban en dos pisos. ¿Saben dónde? En la tercera cuadra de la calle Sucre.

El callejón El Buque, o Callejón del Buque arequipensis, que por las razones que ya expuse en la anterior anécdota también le llamaban: la Casa del Buque, tenía una sola puerta´y´calle que daba acceso a un patio largo y grande; alrededor se levantaban en dos pisos unos sesenta cuartos, treinta por piso, dispuestos uno al lado del otro como los camarotes que tienen los barcos; de ahí otra razón del nombre. Los miembros de las aproximadamente sesenta familias (Valderramas, Pereas, Loayzas, etc.) que lo habitaban tenían que usar, por turno y muchas veces
en desesperantes colas, el único pilón y piedra de lavar, y el único baño o cuartito con servicio higiénico que disponía “el buque”. Sus habitantes eran gentes humildes (obreros, ambulantes, cuidantes, desocupados, etc.); generalmente migrantes (apurimeños, cusqueños, moqueguanos, puneños, vitoreños, chuquibambinos, etc.).

Como es de suponer los numerosos ccoros y maltones que habitaban El Buque tenían que salir a la calle para jugar con otros chicos de las 7 esquinas.

Fueron célebres los partidos de fulbito callejero que protagonizaron los “pasajeros” del Buque con los vecinos del Callejón Ibáñez (éste sí callejón en arequipeño, lea la anécdota anterior) que unía la calle Cruz Verde con el río Chili. También fueron memorables los juegos de carnaval y los bautizos de guaguas (de biscocho y de las otras). Mi gentil informante, el economista Abel Valderrama Flores, quien vivió algunos años de su infancia en la Casa del Buque, se recuerda con emoción; la alegría con que los ccoros de esa casa de vecindad y de toda Arequipa concurrían a los repartos de juguetes que por los días de Navidad y en el estadio Melgar realizaba la esposa del Presidente Odría: María Delgado de Odría. Por esos años 53 o 54 estaban de moda los run -runes (trompos a presión y con luces de colores).


Juan Guillermo Carpio Muñoz
Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre
Tomo IX. Pág. 114 – 115

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