Pasando el sombrero

"Si hay algo más despreciable de un gobierno de izquierda es que incurren en todo lo que critican de la derecha, pero bajo un discurso victimista y, para colmo, en nombre del pueblo."

Trocha urbana
juan pueblo y pedro con sombrero
El sombrero ha caracterizado la apariencia del presidente Pedro Castillo desde el inicio de su gestión

Un domingo por la noche, el centro de la ciudad luce concurrido: mucho más que al inicio de la pandemia; pero, no tanto como antes del confinamiento. Lo que sí parece haber vuelto a la “normalidad” es su imagen de pobreza.  En cada cuadra de la plaza de armas, la calle Mercaderes o aledañas, encontramos a uno o más artistas callejeros pidiendo ayuda a cambio de su talento. Y sí, hay talento y cuando no, empeño. Son jóvenes o adultos, hombres o mujeres, compatriotas o extranjeros; algunos llevan niños a cuestas, otros cargan con instrumentos musicales o equipos de sonido; pero, todos tienen en común la delgadez de sus cuerpos y, por delante, la cajita con monedas, (haciendo las veces de sombrero) En las calles del cercado, se entremezclan melodías, cantos, bailes… y llantos de bebé, que llegan desde los rincones pidiendo ayuda a los pocos domingueros de la noche.

Allí está el pueblo del que tanto hablan los políticos de turno: los migrantes que no alcanzaron ni un lugar donde vivir, los padres y madres de familia que agotaron sus ahorros, los jóvenes que no consiguen empleo. Es el pueblo que sale a la calle a buscar un poco de suerte, mientras los gobernantes juegan con el destino de todos, pulseando fuerzas con el enemigo político de turno.

No hay momento más obligado que una crisis para señalar a todos los que inflan el pecho, diciendo “pueblo”, al mismo tiempo que arriesgan al país entero en su desesperado afán de proteger y beneficiar solamente a los suyos. Si hay algo más despreciable de un gobierno de izquierda es que incurren en todo lo que critican de la derecha, pero bajo un discurso victimista y, para colmo, en nombre del pueblo.

El actual gobierno de Pedro Castillo ha emprendido un proceso de contrarreformas que atentan directamente contra los derechos de los ciudadanos para favorecer a ciertos grupos de poder. En el sector Educación, se atenta contra la calidad educativa para darle trabajo seguro a docentes que no pudieron aprobar una evaluación; solo porque pertenecen a la facción sindical del presidente. En el sector Transporte, se da facilidades a los transportistas informales; aunque ello signifique prolongar la precariedad del servicio público y su consecuente amenaza a la integridad y vida de las personas.

¿Para quién gobierna Castillo? Para el pueblo, definitivamente, no. Ya quisiera Vladimir Cerrón, Guido Bellido o Guillermo Bermejo que gobierne para lo que ellos llaman pueblo; es decir, para “los dinámicos del centro”. Pero, ya van muchos intentos por favorecer a esa banda que se caen con cada nombramiento de funcionarios que no cumplen el perfil de ley; o que tienen antecedentes judiciales y policiales. Y que la derecha haya hecho lo mismo no debería ser la justificación; pero sí, ese es el vergonzoso argumento que utilizan los cerronistas, como si no se dieran cuenta que están aceptando parecerse a aquello que ellos mismos, supuestamente, repudian.

Lo cierto es que nadie está contento con Castillo y él lleva récord histórico de ministros renunciantes a poco más de tres meses de gestión. Y eso sucede al mismo tiempo que la derecha busca vacarlo a como de lugar y su propio partido parece dispuesto a lo mismo. Mientras tanto, en la calle, muchos siguen buscando la suerte que sus gobernantes persisten en arrebatarles.

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