Segundo voto de confianza: la emulsión política comienza a sedimentarse

"¿Y cómo explicar los 16 integrantes de Perú Libre contra el voto de confianza a un gabinete ministerial nombrado por un Presidente de la República al que este partido había postulado y apoyado hasta su triunfo?"

Columnista invitado
mirtha vásquez voto de confianza gabinete

Terminado el proceso electoral del año en curso, sus resultados plasmaron dos fuerzas contrarias: la derecha recalcitrante que tomó el control del Poder Legislativo y la nueva izquierda que se hizo del Poder Ejecutivo y que fue a pedir el voto de confianza.

Para esta derecha (calificada por cierta prensa de bruta y achorada, DBA), la presencia de esa nueva izquierda no podía ser; rompía su esquema de dominio absoluto del panorama político por su mandante: el poder empresarial oligárquico, blanco y limeño, y, en consecuencia, se propuso aniquilarla; valiéndose de su control del Congreso de la República y de sus medios de prensa y TV, incluidos un diario y un semanario que fungen de independientes ante su clientela capitalina, en su mayor parte pequeño burguesa, a la que le repugna la nueva izquierda por provenir, sobre todo, de los departamentos andinos.

Gráficamente, este enfrentamiento se asemejaba al juego del nudo de guerra o de la soga: de un lado, la derecha recalcitrante tiraba la soga para arrastrar a la nueva izquierda que agarraba el otro lado, no para hacerla pasar la raya central, sino para precipitarla al abismo que había abierto entre ambas.

El primer episodio de esta pulseada fue el debate en el Congreso de la República por el voto de confianza requerido por el primer gabinete ministerial nombrado por el presidente Pedro Castillo. La derecha recalcitrante tenía todo preparado para negárselo (fines de agosto de 2021). Fracasó, sin embargo, porque solo pudo reunir 50 votos frente a 73 que aprobaron la confianza (37 de Perú Libre, 5 de Juntos por el Perú y 31 de varios partidos que con este voto se insinuaban como de centro derecha).

Furiosa por esta derrota, la derecha recalcitrante continuó su ofensiva, centrando su ataque en el primer ministro Guido Bellido y en el ministro de Trabajo Iber Maraví al que interpelaron en el Congreso. Esta presión llevó al Presidente de la República a prescindir de los dos ministros indicados y de otros cinco y a nombrar, en su lugar, a varios personajes sin ejecutoria ni experiencia en la gestión ministerial, pero de una posición de izquierda y de centro izquierda.

Con este cambio, la derecha recalcitrante y su prensa y TV se quedaron sin blancos notorios; y, algo desorientados, siguieron con sus ataques personales a algunos ministros, esperando el siguiente round que se jugaría en el Congreso, debatiendo y votando sobre la confianza al Consejo de Ministros. Como una parte de la bancada de Perú Libre había objetado el cambio de los ministros y declarado que no votaría por la confianza, la derecha recalcitrante se regocijaba ya por la colaboración que, suponía, le prestaría este inesperado nuevo aliado con el cual podría liquidar al gabinete ministerial.

Tras una carrera de discursos pedestres de la mayor parte de congresistas, se marcó finalmente el voto de confianza el 4 de noviembre de 2021 con el siguiente resultado: en contra 56; a favor 68; y una abstención.

En comparación con la votación por la confianza de fines de agosto de 2021, la derecha recalcitrante acumuló, esta vez, a primera vista, 6 votos más (56 ahora frente a 50 de la vez anterior). Pero si se descuentan los 16 votos de Perú Libre contra la confianza, la derecha recalcitrante solo sumó 40 votos (16 menos que la vez anterior). Estos 40 votos fueron de: Fuerza Popular (Fujimorismo) 24; Avanza País (candidato presidencial López Aliaga) 6; Renovación Popular (candidato presidencial Hernando de Soto) 6; Alianza para el Progreso (candidato presidencial Acuña) 2; Podemos (candidato presidencial Urresti) 1; y Somos Perú y Partido Morado 1. Como se sabe, estos heterogéneos representantes de la derecha recalcitrante fueron llamados a candidatear por ciertas declaraciones o afinidades con los grupos que habrían de financiarles la campaña electoral.

Las boletas a favor del voto de confianza, descontando los de Perú Libre(19) y de Juntos por el Perú(4), sumaron 40 que fueron aportados por; Acción Popular 14; Alianza para el Progreso 13; Avanza País 3; Renovación Popular 2; Somos Perú y Partido Morado 8; Podemos 4; y No Agrupado 1. Por lo tanto, los representantes de Acción Popular con los otros congresistas que votaron por la confianza, apartándose de la derecha recalcitrante, se perfilan como una fuerza de centro, si bien ladeada hacia la derecha.

Un hecho que ya no llama la atención aquí es la ausencia de disciplina de los grupos políticos. Sus integrantes votan como quieren. ¿Cuál fue su motivación esta vez al votar por la confianza? ¿No decepcionar a sus votantes, quienes, a pesar de su posición y trayectoria, les dieron su voto? Improbable para muchos de ellos. O más bien, ¿no caer en una primera negativa de la confianza que con otra determinarían la disolución del Congreso; y la pérdida de las jugosas remuneraciones que ahora perciben? Un viejo dicho se insinúa como respuesta: No hay que tentar al diablo.

¿Y cómo explicar los 16 integrantes de Perú Libre contra el voto de confianza a un gabinete ministerial nombrado por un Presidente de la República al que este partido había postulado y apoyado hasta su triunfo? No, evidentemente, por la afirmación de algunos de que esos congresistas se han pasado a la derecha. Eso del Fujicerronismo no pasa de ser un disparate de un diario derechista. Aunque en ciertos momentos los extremos se tocan, esta coincidencia es ahora circunstancial. Mi impresión es que la conducta de los 16 representantes de Perú Libre que votaron contra la confianza estuvo determinada por un sentimiento de dignidad; y cierto infantilismo. Dignidad, porque hubiera sido desdoroso que los representantes leales a Bellido y a otros ministros defenestrados y el mismo Bellido hubieran votado a favor de un gabinete cuyo nombramiento era para ellos una censura indebida, causada por la presión de la derecha.

De haber votado a favor de la confianza habrían convalidado esa censura, lo que hubiera sido como poner la otra mejilla para recibir otra bofetada. Infantilismo, porque algunos de ellos parecen jugar a la política considerándola como una secuencia de criterios subjetivos. Entre ellos, el resentimiento que debe permanecer fuera de los avatares del conflicto político. Es de esperar que esos 16 representantes de Perú Libre reaccionen positivamente y aprendan la lección; sobre todo, examinando la evolución de los términos dialécticos de la sociedad en todas sus manifestaciones e interrelaciones. Si no lo hicieran así y persistieran en enfrentarse a sus propias fuerzas o a fuerzas amigas; la ola histórica de las grandes mayorías sociales que han confiado en ellos acabará aislándolos.

Por lo tanto, los congresistas que se van definiendo con una connotación centrista se erigen como una fuerza decisiva para aprobar proyectos necesarios para cambiar ciertos aspectos de nuestra realidad económica, social y cultural; a condición de llegar a las coincidencias que la realidad reclama con la nueva izquierda respecto de los proyectos que unos y otros propongan. Tanto en el campo económico como en el campo político les será necesario a ambas fuerzas acercar posiciones y transar.

El lema de una escuela de gestión empresarial es: “En la vida no se obtiene lo que se cree merecer, sino lo que se negocia”; frase que coincide con la siguiente definición de nuestro Código Civil, evolucionada desde el antiguo Derecho Romano; “Por la transacción las partes, haciéndose concesiones recíprocas, deciden sobre algún asunto dudoso o litigioso, evitando el pleito que podría promoverse o finalizando el iniciado. Con concesiones recíprocas, también se pueden crear, regular, modificar o extinguir relaciones diversas de aquellas que han constituido objeto de la controversia entre las partes”. (artículo 1302º).

Nuestro país, nuestro pueblo merece y debe crecer económicamente no solo para los ricos; debe prosperar con igualdad de oportunidades para todos y redistribuyendo la riqueza creada por el trabajo. Podemos y, creo, tenemos ganas de hacerlo. Y las fuerzas políticas que así lo entiendan deberían ayudar uniendo su poder de decisión tras asumir un criterio constructivo.

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