Panorama político al terminar el año

"El entorno inmediato del presidente Castillo debiera aprender que los jefes de Estado de países desarrollados son informados de los antecedentes de quienes desean verlos; por razones de seguridad, transparencia y porque personifican al Estado"

Columnista invitado
Peru libre conferencia keiko fujimori

Primero: El balance del año que llega a su fin podría resumirse en una constatación fundamental: el resultado del proceso electoral de la primera mitad de 2021 fue una pequeña revolución social y política en nuestro país. ¿Por qué? Porque accedieron a la presidencia de la República un hombre del pueblo y al congreso de la República 42 representantes de una parte importante de las clases trabajadoras 1: 37 del partido Perú Libre y 5 del grupo Juntos por el Perú. Pero, además, porque tanto el nuevo Presidente de la República como los representantes de Perú Libre proceden, casi totalmente, de los departamentos andinos, son étnicamente mestizos y titulados profesionalmente en entidades estatales. Los 5 representantes de Juntos por el Perú, pertenecen a diferentes grupos políticos, son profesionales y provienen en su mayor parte de la capital.

Desde el punto de vista dialéctico estamos ante un cambio cuantitativo en la sociedad peruana, puesto que es la primera vez en la historia del Perú republicano que representantes de las clases trabajadoras y de la etnia mestiza llegan a los poderes Ejecutivo y Legislativo con ciertas propuestas de cambio económico y social en beneficio de las grandes mayorías sociales.

Segundo: La elección de un Presidente de la República, maestro de escuela y de origen campesino, y de los 37 representantes de Perú Libre, ha suscitado la reacción exacerbada y colérica de los grupos de poder económico y de gran parte de la mediana y pequeña burguesía limeñas, sobre todo blancos, por tres causas: a) por el rechazo de más de la mitad de la población electoral a dejarse manipular por los grupos de poder y sus medios de prensa, como había sucedido en los procesos electorales pasados que les permitieron a estos copar los poderes Legislativo y Ejecutivo con sus corifeos.

b) por la oposición de los grupos de poder económico a cualquier cambio que pueda afectar su posición dominante, basada en la explotación de las clases trabajadoras.; y c) por la fobia de los grupos hegemónicos contra los descendientes de antiguas castas raciales subyugadas y la aspiración de estas a promoverse socialmente.

Tercero: La dirección del ataque de la derecha recalcitrante en la forma de una persistente campaña de agresión a cargo de los periódicos, estaciones de TV y radio, incluidas ciertas publicaciones pretendidamente independientes, ha tenido los siguientes objetivos: a) separar al Presidente de la República del partido Perú Libre que lo llevó a la presidencia y, en particular del líder de este, para aislarlo y presionarlo para el nombramiento de ministros y
funcionarios afines con el poder económico o desvinculados, por lo menos, de la izquierda; b) inmovilizarlo y hacerlo blanco fácil de sus ataques; c) enfrentarlo con el Congreso de la República en el cual los representantes de los tres grupos de la derecha recalcitrante (Fuerza Popular-Keiko Fujimori; Renovación Popular-Rafael López
Aliaga y Avanza País-Hernando de Soto, todos aventureros de la política) se han empeñado en atraer a su lado a los grupos de centro.

Y lo más importante, impedir los cambios que puedan proponer el Presidente de la República, sus ministros, Perú Libre y Juntos por el Perú. Este ataque de la derecha recalcitrante al Presidente y a Perú Libre polarizó, en un primer momento, a la opinión pública. Luego esta división ha tendido a disiparse, a medida que los exabruptos de la derecha recalcitrante se revelaban como injustificados; y se hacían más evidentes como un factor de inestabilidad económica y política.

Cuarto: A la situación indicada, se ha añadido la amenaza de la vacancia, anunciada por la derecha recalcitrante tan pronto como Pedro Castillo asumió la presidencia de la República. A manera de ensayo, sus representantes en el Congreso se propusieron negar la confianza a los gabinetes ministeriales, seguros del apoyo de los del centro. Sin embargo, fracasaron. La mayor parte de estos grupos no se plegó a ese propósito, y los gabinetes de Guido Bellido y Mirtha Vásquez fueron aprobados; en el caso de Bellido, por los votos de Perú Libre, Juntos por el Perú y varios partidos que se proyectaron como de centro; y en el caso de Mirtha Vásquez por los votos de solo 16 representantes de Perú Libre, Juntos por el Perú y grupos de centro.

Los 19 representantes de Perú Libre que votaron contra el gabinete de Mirtha Vásquez, resentidos por la exclusión de Bellido y obsedidos por el infantilismo; se desacreditaron con ello ante una parte de la ciudadanía que los había elegido. Luego, la negativa de la admisión a debate en el Congreso el pedido de vacancia presidencial reafirmó la presencia en el Congreso de tres fuerzas; la derecha recalcitrante con 43 representantes (Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País); el centro con 42 (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Somos Perú, Podemos, Partido Morado); y la izquierda con 42 (Perú Libre y Juntos por el Perú), tres fuerzas que detentan cada una un tercio de los votos.

Quinto: Por lo general, los equipos postulantes al ejercicio de los poderes Ejecutivo y Legislativo no llegan a estos con proyectos completos y exhaustivos. Bastan unas líneas directrices para instruir o convencer a los ciudadanos sobre la conveniencia de votar por ellos. Los proyectos en concreto dependen del resultado de las elecciones y de la distribución del voto en el Poder Legislativo; o de las acciones de fuerza política.

En nuestro país, solo el equipo de Velasco Alvarado tuvo un plan de reformas, el Inca; sin embargo hubo de ser completado y desarrollado a medida que avanzaba su gestión y lograba una correlación de fuerzas favorable en las fuerzas armadas. Los otros gobiernos se limitaron a cumplir la directivas del poder empresarial tras prometer vaguedades en sus campañas electorales. Pero a Pedro Castillo y sus partidarios, la derecha recalcitrante les exige la perfección y magnifica sus tropiezos iniciales, que han ido desde una inadecuada selección de algunos ministros y otros funcionarios hasta el descuido en impedir el acercamiento de ciertos visitantes cuya intención parece no haber sido solo ir a saludar; casos de inexperiencia cuya causa última se halla en el apartamiento precedente de los grupos andinos mayoritarios de la función de gobernar.

Se debe considerar que, desde la conquista hispánica, la dirección del Estado en Perú ha sido un privilegio exclusivo y excluyente de la casta blanca; y sus descendientes y allegados, incluidos algunos mestizos. Y que el ejercicio del poder desde la Lima virreinal y republicana estuvo complementado con el asedio pleno de pleitesía; halagos y ofertas a presidentes de la República y funcionarios con poder de decisión, por los poderosos del dinero, oportunistas, lambiscones, falsos y novísimos amigos. Y hasta por gentes portadoras de alguna recomendación en busca de una concesión, un contrato o un nombramiento. A ello se añaden las malas costumbres de ciertos burócratas. Un repaso a las Tradiciones de Ricardo Palma instruye sobre el nutrido y variado catálogo de mañas para adular al “señor gobierno” y sacarle algo. Eso no ha cambiado.

Si el destinatario honesto de ese acercamiento ignora esas técnicas es posible que sucumba a los halagos y la hipocresía y pague caro su ingenuidad; y los grupos de poder económico y sus instrumentos políticos y mediáticos, vestidos de santos, aprovecharán para tratar de demolerlos ante la opinión ciudadana, “críticos” de alquiler, dicho sea de paso, que jamás dijeron nada de los cohechos, acomodos, reuniones con gentes de todo jaez, arbitrariedades y otras barbaridades de los gobiernos anteriores, que para ellos eran perfectamente normales. No cabe ninguna duda que los tropiezos y sinsabores del nuevo equipo gobernante habrán de ser superados a medida que avance su aprendizaje en el ejercicio de la función pública.

El entorno inmediato del presidente Castillo debiera aprender que los jefes de Estado de países desarrollados son informados de los antecedentes de quienes desean verlos; por razones de seguridad, transparencia y porque personifican al Estado.

Sexto: Por lo tanto, la posibilidad de promover ciertos cambios en los campos de la estructura y las superestructuras política, jurídica y cultural depende del acercamiento de las fuerzas de izquierda entre
sí y de estas con las de centro y, en definitiva, de la aceptación por el centro de las propuestas formuladas desde la izquierda, a condición de que esta sepa qué proponer y cómo. Dada la correlación de fuerzas de la izquierda y del centro, es evidente que los cambios, para el caso de que puedan hacerse, no serían todo lo profundos ni extensos como la situación económica y social requiere; y que, con sentido práctico, los grupos de izquierda y la opinión
ciudadana que los respalda tendrán que aceptarlos en la medida en que signifiquen un avance económico, social y cultural.

Y, el mismo razonamiento es válido para el planteamiento de reivindicaciones en los ámbitos del Poder Ejecutivo y los gobiernos regionales y locales. No es absolutamente factible, sin embargo, que los representantes
de los grupos de centro mantengan una distancia profiláctica con la derecha recalcitrante; la han apoyado y seguirán apoyándola en determinados aspectos indicados por el poder empresarial, so pena de perder el financiamiento en las próximas campañas electorales. Por tanto, la aprobación de leyes que posibiliten los cambios necesarios a las grandes mayorías sociales habrá de requerir la movilización de estas para exigirlas.

Séptimo: La resistencia de algunos dirigentes de Perú Libre a admitir la presencia en el gabinete de ministros de Juntos por el Perú, llamados por ellos despectiva e impropiamente “caviares”, es inadmisible y perjudicial para ellos2. Si los dirigentes de Perú Libre no lo entienden así y se manejan con la idea de que basta su presencia en el Congreso de la República para tratar de satisfacer allí los pedidos de sus bases provincianas, cualesquiera que sean
(por ejemplo, permitir el funcionamiento de universidades incompetentes y la eliminación de SUNEDU o su neutralización); o sostener posiciones personalistas, estarán perdiendo una rara oportunidad histórica. Es, al parecer, ya un hecho definitivo la constitución de un nuevo partido magisterial más cercano al Presidente de la República.
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1 En su más amplia expresión, la noción de clases trabajadoras abarca todas las personas que trabajan por una remuneración, cualesquiera sean su nivel y ocupación. Las forman: los profesionales que constituyen ya una clase social diferenciada; los obreros, empleados y trabajadores independientes de la ciudad y del campo.

2 El término gauche caviar (izquierda caviar) fue utilizado en Francia en la década del treinta del siglo pasado para designar a los intelectuales de la burguesía que militaban en los movimientos de izquierda o simpatizan con estos. Volvió a utilizarlo el primer ministro francés Jacques Soustelle, en 1960, para estigmatizar a 121 intelectuales que condenaron al gobierno francés de Charles de Gaulle. Esto, por la represión de los
combatientes argelinos que luchaban por la independencia de Argelia del dominio francés. En 1962, Francia tuvo que reconocer la independencia de este país.

Ese término lo utilizó aquí un periodista para burlarse de algunos profesionales de tez blanca, egresados en particular de la Universidad Católica; y con inclinaciones de izquierda. Quería indicarles que, como sucede con él, su puesto estaba con los grupos de poder blancos.

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