Triunfo de Boric: Chile le ganó al miedo y a la trampa de Piñera

"El candidato de Apruebo Dignidad rompió la tradición de que quien gana en la primera vuelta también se imponía en el balotaje. Para que ello se produjera fue preciso que el pueblo una vez más despertara. Que no sólo desoyera las amenazas majaderas y machaconas del “comunismo”, sino que , desafiando el calor y la burda ausencia de movilización colectiva, de una u otra manera llegara a su lugar de votación y ejerciera sus derechos ciudadanos"

Columnista invitado

Escucho el estridente sonido de las bocinas celebrando el triunfo de Gabriel Boric y en medio de la alegría me resulta imposible no ser invadido por la nostalgia. Y es que siento esta victoria tan épica como aquella de ese ya lejano 5 de octubre de 1988, cuando el pueblo se alzó para decirle No al tirano. Porque más allá del maquillaje y los disfraces de último momento, Kast representaba un retorno –o al menos un decidido intento-, de hacer retroceder a Chile al período más negro y oscuro de toda su historia.

No nos dejemos engañar. Por encima de sus palabras de buena crianza, propia por lo demás de alguien que como Kast tuvo la fortuna de acceder a esa educación potente y privilegiada que está a años luz de la que tiene la gente común y de a pie, el eventual triunfo del candidato del Frente Social Cristiano implicaba el riesgo cierto de volver a vivir a lo mejor no los horrores de esa época nefasta, pero sí un genuino gobierno de ultraderecha que estaba dispuesto a conculcar derechos y libertades que el pueblo se ha ganado a pulso, sin la ayuda de los políticos y pagando un alto precio en muertos, presos y mutilados.

Nadie puede olvidar, en momentos de sana alegría, que Kast pensaba que no era mala idea mantener gente detenida en recintos que no fueran cárceles. Lo hicieron la DINA y la CNI durante 17 años de una dictadura brutal que el candidato de la derecha y la ultraderecha apoyó y sigue apoyando, más allá de que la verdad histórica exhiba una y otra vez los inenarrables abusos y crímenes cometidos.

Nadie puede olvidar, tampoco, que su primigenia intención era cerrar el ministerio de la Mujer, posición del todo entendible con el simple hecho de leer la entrevista que su mujer, María Pía Adriazola, le dio hace unos años a la revista Sábado del diario El Mercurio. Sin la menor intención, por supuesto, su esposa lo pintó no sólo como un bicho raro en lo que respecta a la relación entre marido y mujer, sino además como un misógino que juzga a su pareja más un objeto que una igual.

¿Cuál fue su reacción cuando María Pía le dio a conocer su idea de recurrir a la píldora como un método probadamente científico de control de la natalidad, según esa nota? Le preguntó si estaba loca. Pechoño a más no poder, y nacional socialista al parecer no asumido, la respuesta de Kast  fue llevarla a hablar con el curita de sus famosos «martes de pololeo» que les recomendó el «método natural».

Tener nueve hijos no es drama para gente que goza de un nivel económico envidiable, pero sí para los que con suerte cubren el mes; y, con suerte, no le deben un peso a nadie. El problema es que José Antonio siempre pretendió imponer su doctrina decimonónica, oponiéndose, como parlamentario, a cualquier iniciativa que colisionara con sus fanáticos preceptos religiosos. Ni hablar cuando se trató la ley de aborto en tres causales. Para qué decir si se comenzara a discutir, en forma seria y responsable, una ley que permita la eutanasia. Kast sería el primero en oponerse, aunque en el mundo sean millones quienes preferirían poner fin humanamente a su vida ante una enfermedad dolorosa, irremediable.

Admirador de tipos como Bolsonaro y Trump, Kast pensaba que la mejor solución para detener la inmigración era construir en el norte una colosal zanja. A todas luces una brutalidad. Y una brutalidad inútil, además, sólo que para su estrechez mental, característica de los ultras de cualquier signo o creencia religiosa, su idea era de las más brillantes de los últimos tiempos. Aunque a lo mejor no, y en forma mucho más astuta que su oponente, al proponer la zanja supo que tocaba las teclas justas para hacerle sentido a la gente del norte, explicablemente aburrida de echarse casi exclusivamente encima un problema grave producto de la demagogia desatada de Piñera, convencido en su viaje a Cúcuta que tenía todas las trazas para transformarse en todo un líder latinoamericano.

El pueblo le ganó al miedo y a la trampa

La limpia y amplia victoria de Gabriel Boric, como líder del Frente Amplio, demuestra que el pueblo le ganó al miedo y a la trampa. Y no es poco cuando el fantasma del “comunismo” se utilizó tanto para un barrido como para un fregado por parte de Kast y acompañantes. Majadera y hasta machaconamente. Y con una caradura digna de una mejor causa, toda vez que decían defender la libertad, los mismos que durante toda la dictadura aplaudían a rabiar el aplastamiento de hasta la más mínima disidencia.

Con todo, y Boric debe saberlo, no la tendrá fácíl. Las arcas fiscales no están para nada boyantes y obtener vía impuestos esos recursos que se requieren para llevar a cabo buena parte del programa ofrecido va a contar, como siempre, con la férrea oposición de una derecha que jamás va a renunciar voluntariamente a la defensa de sus irritantes privilegios. Súmenle a eso aquellos empresarios y poderosos que desde hace meses vienen sacando del país millones y millones de dólares.

Y agréguenle, por último, un Parlamento que, fruto de la estupidez y ceguera de la hoy oposición, que siempre privilegia sus diferencias por encima de lo que los une, tendrá una representación derechista claramente sobredimensionada, sobre todo en el Senado. Todo lo contrario del hoy oficialismo, que pone sus intereses de clase y la defensa de sus prerrogativas por encima de todo. Llegado el momento de las definiciones, se une como un solo cuerpo.

Chile le ganó también a la trampa porque hasta al menos astuto y avisado le quedó claro que se hizo todo lo posible por impedir que el trabajador, la dueña de casa, el cabro estudiante, es decir, el pueblo, votara. En lo que debe ser la última maniobra sucia de un gobierno avieso y turbio, se escondió groseramente esa movilización pública prometida, y los buses en las calles se podían contar con los dedos de una mano.

Pero la gente también le ganó a esas dificultades, con estoicismo y presencia de ánimo conmovedores, considerando el calor implacable que se abatía sobre Santiago. Y al absurdo que a los votantes se les cambie una y otra vez el local de votación, para dejarlos cada vez más a trasmano. No sólo eso: cientos de chilenos privilegiaron la solidaridad por sobre la comodidad y salieron en sus vehículos –autos, camionetas, furgones, camiones o lo que fuera- para acercar a esos miles de abandonados a su suerte y ponerlos lo más cerca posible de su lugar de votación; para decirle a este gobierno inepto que no se iba a dejar doblegar fácilmente con su burda y baja estratagema.

A preocuparse del «fuego amigo»

Mencionábamos, muy someramente, por cierto, las dificultades que deberá afrontar Gabriel Boric en cuanto se instale en La Moneda por parte de la oposición. Y ello no debiera asustarnos ni menos preocuparnos, porque es lo que la lógica y la política indican. Lo que sí debiera preocuparnos, y hasta asustarnos, es lo que generosamente podríamos calificar como “fuego amigo”.

Nos referimos, por cierto, a los ultrones. A los cabeza caliente que, en su postura indomable y “revolucionaria”, ya califican a Boric como un “amarillo”. Tenemos claro que un Salvador Allende no es. Que el puntarenense está mucho más cercano de las posturas de la socialdemocracia. ¿Y qué tanto, muchachos ultras, que en sus delirios deben estar preparándose para tomarse el “Palacio de Invierno” si las cosas no resultan como pretenden?

Más allá de las etiquetas, lo que importa es que se avance en temas sensibles y fundamentales para un pueblo que, tras sufrir 30 años de traiciones, no puede seguir esperando. Que se terminen las fracasadas y estafadoras AFP, que la salud y la educación no dependan del grosor de la billetera. Que nuestros viejos tengan pensiones dignas. Y que los empresarios que se coluden para robarle al pueblo vayan  efectivamente a la cárcel, porque ya estamos hartos del guante de seda y de las clases de ética.

Cada hombre, y por supuesto cada Presidente de la República, quiéralo o no, es hijo de su momento y de su tiempo. Allende, un confeso marxista, fue protagonista y víctima de una “Guerra Fría” en que, cualquier acto de soberanía contra Estados Unidos, significaba pagar un costo. Y generalmente muy alto. Ni hablar si, además, se le plantaba cara al Imperio y se herían los cuantiosos intereses económicos ubicados en su “patio trasero”.

Allende, lo sabe de sobra la historia, estaba condenado desde la misma noche de su triunfo. Estados Unidos le declaró de inmediato la guerra. Una guerra que, dado su incontrarrestable poder económico, y la ayuda de los yanaconas chilenos que nunca faltan, estaba ganada desde su inicio.

Lo grave, y también terrible, fue apreciar que, a esos enemigos, Allende debió sumar una ultra izquierda nacional sumida en un paroxismo delirante. Una ultra izquierda, además, que en su vesania no tenía ningún temor a hacer el ridículo; protagonizando desfiles por las calles portando coligües en que el lema era “el próximo desfile, lo haremos con fusiles”.

¿Dónde quedaron esos bravos guerrilleros a partir del 11 de septiembre de 1973? Sólo un puñado de ellos fue consecuente y al menos murió con las botas puestas, pero la mayoría corrió a esconderse, a exiliarse; para con los años volver como mansos corderitos que después hasta fueron empresarios, metiéndose por buena parte sus ínfulas revolucionarias.

Son esos ultras los que debieran preocuparnos. Porque al contrario de lo que se piensa no son pocos y varios hasta ocupan posiciones de poder en la Convención Constituyente. Son los mismos que agredieron a la “Tía Pikachu” por “amarilla”. Los mismos que no han trepidado en escupir a Boric porque, según ellos, no ha hecho nada por liberar a los presos políticos. Como si verdad pudiera o tuviera las herramientas.

Que la derecha embrome a Boric todo lo que quiera y pueda. Con su papel nomás cumple y sería de verdad desilusionante verla actuar de otra manera. Pero ustedes, muchachos ultrones, pueden ser hasta más peligrosos y nefastos si se juzgan discípulos fieles de un Che Guevara fruto noble de su tiempo.

 Publicado en El Soberano, Chile

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