Delito ambiental que genera una tragedia ecológica en el Perú

"Más parece que Repsol Perú está tratando de tapar el sol con un dedo pues ha habido un accidente; es decir la rotura de amarres y conducto del crudo que no se detectó ni reportó de inmediato"

Columnista invitado

Se produce la rotura de la tubería que lleva el petróleo crudo del barco tanquero a los tanques de Repsol en la refinería de La Pampilla conocida como RELAPASA; entre las 3:00 y las 5:30 de la tarde del sábado 15 de enero. La reacción ante el evento ambiental, de rotura de cabos y derrame de crudo de parte de Repsol; recién se comunicó a las 11 o 12:30 de esa noche por parte de Repsol.

Desde la Marina de Guerra del Perú ninguna reacción que se sepa hasta horas más tarde en que da aviso y alarma de oleaje anómalos.

Estuvieron de testigos en la zona algunos veleristas que eran parte de una regata, estaban estacionados frente al barco petrolero, por falta de viento entre las 3:30 y las 17:30 de la tarde del sábado, hora en que se reinicia la regata por la llegada del viento.

Domingo 16 por la tarde. Repsol recién toma conciencia de la magnitud del derrame cuando el crudo llega a la playa y es advertido por la Marina de Guerra.

Aparece el primer comunicado de Repsol que da cuenta que el día sábado se ha producido un pequeño derrame de crudo de 0.16 barriles; y que afecta aproximadamente a 2.5 metros cuadrados. Ese mismo día domingo aparece la señora Tine Van Den Wall Bake, gerente de comunicaciones de Repsol. Declara que la empresa no es responsable del derrame de petróleo de la refinería de la pampilla en el mar peruano. Sigue el comunicado diciendo que Repsol no ocasionó el derrame.

El lunes 17 aparece un estimado de la OEFA indicando que el volumen del derrame sería de unos 6000 barriles. Y afecta a más de 1,7 millones de metros cuadrados de playa.

A partir del martes 18, aparecen indistintamente la primera ministra, el ministro del ambiente, la presidenta de la OEFA, el oficial jefe de la DICAPI, el ministro de energía y minas; todos expresando su preocupación y exigencia de que el desastre ecológico sea reparado cuanto antes.

Durante toda la semana, Repsol insiste en negar responsabilidad y que fue a causa del oleaje anómalo, que no avisó la Marina de Guerra; lo que ocasionó la rotura de amarres y por lo tanto el derrame del petróleo crudo.

Nuestra reflexión

Nos parece que, en realidad, Repsol está acomodando las horas y los acontecimientos para ocultar que en realidad no tenía ningún plan de contingencia vigente; y listo para ser aplicado en un caso de emergencia como éste del derrame de ingentes cantidades de petróleo crudo en mar abierto.

Además, el señor Jaime Fernández Cuesta, presidente de Repsol Perú, no sabe explicar porque no se produjo una alerta temprana apenas se inició el derrame. Y cómo es que no tuvieron conciencia de la verdadera magnitud del desastre; sino hasta el día siguiente al mediodía cuando llegó el crudo a las playas1 . 

Sin embargo, en declaraciones del día lunes 24, este mismo señor declara que; “desde domingo 16 no se ha detenido la empresa en las labores de limpieza del mar y de la playa y de rescatar fauna Marina”. Esto no es cierto porque los despachos de los medios de comunicación mostraron la limpieza en extremo artesanal y nada profesional ni masivo que estaba llevando a cabo.

No se ha visto de parte de Repsol ningún plan de contingencia en acción. No se ha visto ninguna tecnología especializada en limpieza del mar y de la playa. Ni nada que se pareciera a un involucramiento serio para dar una respuesta a esta emergencia que en realidad tiene más sabor a delito por incumplimiento de medidas de prevención que a simplemente un accidente o un evento desdichado.

Pero además, este señor presidente de Repsol Perú se preocupa sobremanera que quede muy claro que el derrame se debe a la Marina de Guerra; que no les avisó con tiempo suficiente para tomar medidas ante el oleaje que se estaba generando por la explosión del volcán submarino el día anterior sábado en Tonga (a mas de 10,200 Km de distancia sobre el océano Pacifico). Versión que se contradice con los veleristas testigos.

Más parece que Repsol Perú está tratando de tapar el sol con un dedo pues ha habido un accidente; es decir la rotura de amarres y conducto del crudo que no se detectó ni reportó de inmediato; han dejado pasar el tiempo porque no tenían obviamente ningún plan de contingencia que pudiera implementarse de inmediato lo cual los pone en el papel de delincuentes por irresponsables y conducta peligrosa para la vida y la salud de las personas y del medio ambiente marino y costero.

La respuesta de Repsol Perú se puede reducir a: miente, miente y miente, que algo queda.

¿Será que ahora se le dejará pasar también con impunidad a está delictuosa empresa que incluso se benefició con ayuda financiera de parte del gobierno español para su ampliación más reciente en los años 2016 – 2017?

Lo menos que le debería suceder es que se le suspenda la licencia de operación de la Refinería de La Pampilla por lo menos hasta que demuestre que tiene todas las instalaciones y las capacidades para evitar que se generen situaciones de emergencia ambiental y pública como la presente.  

Esta suspensión de la licencia de operación debería ir acompañada de una demostración de parte de la empresa que ha cumplido con cubrir todos los costos directos e indirectos (incluidas las indemnizaciones) causados al ambiente y a las personas afectadas en todo el litoral norte afectado del Perú.

Otras razones que debemos tener en cuenta para entender el comportamiento de esta empresa es que la legalidad de las normas ambientales en el Perú; esta se debilitó por decisiones de carácter político (paquetazo ambiental 20230) que han rebajado las multas que la OEFA venía imponiendo a ésta y otras empresas que no estaban acostumbradas a una fiscalización cercana a sus operaciones, como ya había empezado a realizar la OEFA entre los años 2011 y 2012. 

De otra parte, también tenemos que hay legislación tributaria que establece que los gastos en los que incurra una empresa para la remediación ambiental se pueden deducir de la base imponible para calcular el impuesto a la renta. Esto constituye una aberración adicional a la normatividad ambiental.

Finalmente, es importante hacer notar que Repsol es una empresa muy conocida en sus últimos más de 30 años de operación en el Perú; como una empresa cuya conducta no necesariamente sigue y observa minuciosamente la normativa ambiental existente en el Perú. 

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