Crónica: El baile de los que sobran, finalista Concurso Literario 2020

Concurso Literario Letras

La edición del IX Concurso Literario “El Búho”, tuvo en 2020 a 5 finalistas en la categoría Crónica que debía estar centrada en la pandemia de covid_19. Una de ellas, la titulada “El baile de los que sobran”, de la autora Elena de Yta. Aquí la autora y el texto completo:

Elena De Yta (Arequipa)

Poeta, escritora y educadora, estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de San Agustín. Publicó el poemario Vendo mi cuerpo (Marcapasos, 2009) y para la serie Sobrenatural Verano el relato El Limbo del doctor River (Epensa, 2012).

Fue antologada en diferentes publicaciones a nivel nacional como en el extranjero. También publicó artículos y poesía en diarios como El Búho, Vista Previa, Noticias, entre otros. Su obra ha obtenido diversos premios y reconocimientos como: en el concurso literario “Una ciudad, una obra, un autor” y “La Primavera de los Poetas”, organizado por la Alianza Francesa de Arequipa en el 2006 y 2009 respectivamente; en los “Juegos Florales Universitarios UNSA” el 2006 y el 2007; en el “Concurso Literario Regional del semanario El Búho” en cuento el 2010; y ganó el Fondo concursable de Producción Bibliográfica MPA 2021, para la publicación de su libro de cuentos Psicofonías del silencio. También publicó su primer libro infantil ilustrado Jaco y el miedo, en el 2021.

El baile de los que sobran (crónica finalista)

Seudónimo: Die katze

Es que yo escucho por la radio que han dado bono, y que la gente está cobrando CTS y AFP’s, pero para mí, nada joven. Me dice Herminda, que tiene el llanto atragantado y a dos hijos llamando impacientes, yo los imagino manipulando la perilla y tratando de mirar por debajo de la puerta del baño, donde ella se ha refugiado buscando un poco de calma para poder mantener esta llamada.  Antes de la pandemia y de que se decretara la cuarentena, ella trabajaba en una casa, cuidando a una anciana, mientras sus hijos se quedaban en una guardería del programa Cuna Más.

No quiero que mis hijos me vean llorando, pero es que ya ni siquiera me queda cuáquer para prepararles. Su padre no me trae nada, con esto de la cuarentena y que no puede salir a taxear, dice que no tiene de dónde, y ya me debía lo de la semana pasada. Yo sabía que algo terrible iba a pasar, lo sabía, cuando me dijeron en el Cuna Más que ya no iban a recibir a mi hijito mayor porque se pasó de los 36 meses y yo me preguntaba ¿dónde lo dejo? Justo ahora que la señora Meche me iba a pagar seguro en Essalud, por cuidar a su mamá; pero luego cambió de opinión, porque me dijo que iba a hacer teletrabajo desde casa, así que ella misma podía cuidarla. 

También era peligroso que yo vaya, pues, como subo a combis, podía llevarle el virus. Peor después, cuando decretaron la cuarentena y me llamaron de la guardería para que me vaya a recoger al más chiquito, que ya ni a él me lo iban a tener porque iban a cerrar la cuna y también todos los colegios.  Y ahí sí que se me vino el mundo abajo.

Un lunes 6 de marzo del año 2020, mientras muchos colegios inauguraban el año escolar, el presidente del estado peruano, Martín Vizcarra, daba un mensaje a la nación en el cual anunciaba el comienzo de la cuarentena general en el país y el cierre de fronteras, como precaución para evitar el contagio y propagación del virus COVID-19.

El día que perdí el trabajo, no pude dormir, me la pasé llora y llora; tenía miedo de pasarle mi tristeza a Samuelito, pero es que no me deja de lactar, yo ya quería destetarlo, pero también pienso que como no está comiendo bien, porque ya me dijeron en el Cuna Más que está con anemia, mejor que siga con su teta nomás, de alguito le servirá. Malditos chinos, que comen cualquier cosa ¡Ay, que me perdone Dios!; pero esto debe ser un castigo, lo del fin del mundo. Y la rabia que siento, cuando veo en la tele, como la gente compra como loca, harto papel higiénico, costales y cajas de cajas de yo no sé qué; y aquí yo mirando con un dolor en la tripa, pensando cómo vamos a sobrevivir a esto, que no tengo ni para comprar verduras.

Conocí a Erminda esperando mi turno para ingresar al Banco de la Nación, ella estaba completamente desorientada, haciendo una cola equivocada por más de una hora en pleno sol, y con sus pequeños a cuestas. En el banco, ni siquiera tuvieron la paciencia para orientarla, ella simplemente quería saber si tenía bono, un subsidio económico que el gobierno dispuso para las personas de bajos recursos por la pandemia; pero ella ni siquiera podía consultarlo, pues había extraviado su DNI, y sin el documento no querían darle razón. Le aconsejé que pagara el costo de un duplicado y luego tramitara su documento en la RENIEC, pero me dijo que no tenía ese dinero. Así que le di veinte soles para que pagara y me ofrecí a acompañarla a realizar esos trámites en una cabina de Internet, ya que no estaba funcionando la modalidad presencial para ese procedimiento.

Resultó que Herminda era una analfabeta digital, ni siquiera contaba con una cuenta de correo electrónico. Fue así como me dio su número y suplicó que mantuviéramos contacto, para continuar ayudándola con el tema de su trámite y revisar por ella en internet si recibía algún bono. 

Que le puedo decir, llevamos más de veinte días de cuarentena, y sobreviviendo de la caridad de mi vecina, ella es mi amiga por lo de la cuna, porque juntas llevábamos a nuestros hijos, ella es maestra, sigue trabajando desde su celular, pero le han reducido mucho su sueldo, porque varios padres de familia han retirado a sus hijos del colegio privado en el que ella trabaja, para trasladarlos a colegios nacionales, porque ahí no pagan y con eso de Aprendo en Casa, que ven en la tele, ya no hay necesidad.  Ella también está muy asustada, tiene miedo de que en cualquier momento cierren su colegio y quede sin trabajo, porque las familias que se quedaron, me contó, tampoco están pagando pensión. Su esposo está en nada, él es albañil y como toma mucho, ni ahorros tiene.

El Ministerio de Educación dispuso que los padres de familia de colegios privados que no pudieran seguir pagando las pensiones podrían trasladar a sus hijos a colegios públicos, para continuar sus estudios a distancia por medio del programa Aprendo en Casa. A mediados del mes de mayo, se recibieron más de 82 600 solicitudes de traslado a colegios públicos.

Tal y como le conté, sucedió lo que mi amiga más temía, la despidieron de su trabajo, porque ya no había cómo pagarle, le dijo el promotor de su colegio; despidieron a todos. Por culpa de eso, su esposo se enojó mucho y le pegó duro, porque, además, se dio cuenta de que ella me estaba ayudando. Llamamos a la comisaría y nos dijeron que la situación estaba muy difícil, que se calme, que converse con su esposo, porque, así como están las cosas ¿a dónde iban a mandar a su marido? que si se lo llevan a la cárcel ahí se puedo contagiar y ya hay muchos presos que se están muriendo por covid; es un riesgo, que lo piense mejor, que hablando se solucionan las cosas, que comprenda que debe estar estresado por la situación.

Yo le pedí que mejor fuéramos a la comisaría de la mujer, porque cuando a mí me pegaba el padre de mis hijos, igualito me decían en la comisaria, que solo eran problemas de pareja, y eso, hasta que casi me mata. Pero ella no quiso, le tiene miedo, y ahora estoy muy apenada, porque ya no quiere hablarme, no me llama, no me quiere contestar el celular tampoco y yo no me atrevo a ir a su casa, porque ya un día de borracho su esposo vino a insultarme feo y tirarme piedras a la puerta, me puso en problemas. 

Según la defensoría del Pueblo, en el Perú, de enero a agosto se reportaron 3568 casos de desapariciones, de los cuales, 1011 son mujeres adultas y 2557 niñas y adolescentes. Para setiembre, se reportaron un centenar de feminicidios y 61705 casos de violencia contra la mujer fueron atendidos por el MIMP (Ministerio de la mujer y Poblaciones Vulnerables).

Joven, no sé qué hacer, mi casera quiere botarme, no le he pagado de este mes y quiere que desaloje ya, ella no entiende que estamos en emergencia, que no hay trabajo, que no tengo a dónde ir ni cómo pagarle, me ofrecí a limpiarle su casa, a lavarle la ropa, cocinarle, lo que sea, pero no me acepta nada; dice que ella también necesita, que este es su negocio y también tiene que comer.

Yo aquí no tengo a nadie, mi mamá vive en Cabanaconde, allá podría vivir de la tierra y de la miel, pero ya sabe usted que no hay forma de trasladarse. Estoy desesperada, le juro que tengo ganas de coger mis cinco cosas e irme a mi pueblo a pie, como dicen en las noticias que están haciendo muchas personas. Pero tengo miedo, ¡ay, joven, es que eso es sierra!, y que tal si me pierdo con mis hijitos, el frío hacia allá es muy fuerte.

Durante los primeros meses de la pandemia, los noticieros del país mostraron al mundo verdaderos éxodos, centenares de personas avanzaban por las carreteras a pie, tratando de volver a sus lugares de origen. La falta de trabajo y alimentos hicieron que muchas personas decidieran volver al campo, donde por lo menos podrían dejar de pagar alquileres. 

Creo que casi muero. Empecé a sentir mucha sequedad y ardor en la garganta, me dolía mucho la cabeza. Me fui a la posta para que me hicieran una prueba, pero cuando llegué, era un caos, la cola daba la vuelta a la manzana, había demasiada gente y muchos sospechosos de covid, una enfermera fue avanzando en la fila para darnos unos tickets. Cuando me vio con mis dos chiquitos me tomó la temperatura y me hizo salir de ahí. Me dijo que no tenía fiebre, y que mejor me vaya a mi casa, que era un riesgo que yo esté ahí con mis hijos, me dijo que, tal vez, ni siquiera iban a alcanzar las pruebas rápidas. Solo me tomó los datos y me dijo que alguien me iba a llamar para hacerme unas preguntas por teléfono.

Desanimada me fui a mi cuarto, y no sé en qué momento se salieron mis hijitos, cuando los escuché gritar en el patio porque la señora de la casa les había tirado agua sucia al piso donde estaban jugando, salí corriendo ¡Ay, con mis hijos no!, le grité, que me pegue a mí, si quiere, pero a mis hijos no los toque, le dije muchas cosas y me trajo a la policía, me puso una denuncia por violencia, ella nos agredió y se fue a hacer la víctima.

No sé si fue por la cólera, que yo casi me voy para la otra, joven, cuando entré a mi cuarto me temblaban las piernas, sudaba frío y se me empezó a adormecer el cuerpo, me tumbé ahí en el piso, quería gritar, pero mi lengua se me torcía y no podía decir nada, mis hijitos lloraban y lloraban; luego empecé a mirar borroso, ahí es donde empecé a clamar con todas mis fuerzas. En mi mente decía: por favor Jesús, Jesús, no me lleves, qué va a ser de mis hijitos, ahora no.

Y Jesús me escuchó, porque me dejó respirar con todas mis fuerzas y pude recobrar mis movimientos. Fue terrible, yo creo que ya no la cuento. Créame, y que la Virgen me perdone, pero con eso que sucedió, se me han ido las ganas de vivir. Pienso, para qué seguir luchando si no tenemos a dónde ir, ni qué comer. Todos los días escucho que mueren doscientas, trescientas, quinientas personas más, y me pregunto para qué quiere Dios que vivamos así, sufriendo. Solo que, si me muero, quiero que me lleve con mis hijos, porque, qué va a ser de ellos si algo me pasa. Su papá ya tiene otra.

La travesía vivida por Erminda Mendoza, en Arequipa, durante la cuarentena por COVID19, es uno más de millones de casos dramáticos que ocasionó esta pandemia. Erminda, pudo localizar por Facebook, a un familiar, quien le ofreció vivir en un cuarto precario a cambio de cuidar su lote, en un asentamiento. Ella y sus niños, sobreviven de la canasta de víveres que, desde el mes de julio, reciben del programa Cuna Más, por el menor. Sin embargo, toda la afectación económica, física y emocional que vivieron la ha llevado a tomar decisión de emprender viaje de retorno a su pueblo; para pedirle perdón a su madre y vivir a su lado todo el tiempo que Dios quiera.

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