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Arequipa: El cristo muriente, una historia de Semana Santa

"Una tarde de Viernes Santo, por un costado de la Plaza de Yanahuara, pasaba la Urna Sagrada con la imagen de Cristo, obra de hermosa talladura de Pablo Calle, a quien vi personalmente..."

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Don Alberto Villaseñor vivía en el Puente Grau y, como buen arequipeño, era picantero, de gran chispa poética y todo lo demás. Una tarde de Viernes Santo, por un costado de la Plaza de Yanahuara, pasaba la Urna Sagrada con la imagen de Cristo, obra de hermosa talladura de Pablo Calle, a quien vi personalmente hacerla, así como la réplica de “El Diablo” que se halla al pie del púlpito de la Catedral, esculpido por el gran artista francés Buisine Rigot, en 1879, a expensas de doña Xaviera Lizárraga de Álvarez Comparet, según reza la leyenda grabada al pie de ese precioso demonio.

A los costados de la Urna iban venerándola los Santos Varones – 4 vecinos gruesos, carosos, vestidos con túnicas blancas; y llevando adornados cirios en la mano – a quienes nosotros llamábamos equivocadamente “los judíos” y, por tanto, los aborrecíamos.

Detrás iba San Juan, flaquito y pobretón, entre las risotadas y empujones de la palomillada que se peleaba por cargarlo; y más atrás, La Dolorosa, hermosa en su dolor, cruzada de espadas y envuelta en pétalos de rosas. Frente a un altar de sauces, levantado en la esquina de la Picantería “La Chaucalla”, pasaba guardando todo el respeto posible, tambaleándose entre talón y talón, don Alberto, cera verde en mano.

No recuerdo qué devoto lo saludó, atentamente:

– ¿Cómo le va don Alberto?

Y éste, inspirado como siempre, haciendo alusión al momento, le contestó:

– Así, no más hijo: mientras la Divinidad va muriente, la humanidad va tambaleante.

Sin saberlo, o sabiéndolo, había hecho alusión a la hipóstasis, a la doble naturaleza del Hijo: La Divina y Humana, deduciendo que, si como Divinidad no podía morir y como Humanidad sí, la conclusión era que el Cristo no podía estar muerto dentro de una urna, sino muriente; es decir, en actitud constante de morir.” (De Anacronas. Folleto de M. Isaac Torres Oliva. Pág. 2).

Juan Guillermo Carpio Muñoz

Texao. Arequipa y Mostajo. La Historia de un Pueblo y un Hombre

Tomo VII. Pág. 179

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