Semana Santa en Arequipa: la tradición del acontecimiento religioso más importante del año

Cada pueblo conmemora Semana Santa de acuerdo a sus costumbres y tradiciones, a sus creencias y vivencias. Arequipa no es la excepción.

Tradición
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Semana Santa quizás sea el acontecimiento más importante del mundo cristiano en Arequipa. Uno de los más esperados, el más ceremonioso de las actividades religiosas y el más sorprendente para quienes por alguna razón no forman parte de estos rituales cargados de fe.

Acerca del significado de Semana Santa se ha escrito suficiente sobre lo que se debe y no se puede, sobre lo que se sabe y no se hace y sobre lo que se siente y no se ve.

La aventura cristiana comienza el Miércoles de Ceniza, cuando el sacerdote impone en la frente de los feligreses una cruz de ceniza, como la señal de compromiso que se hace con Jesús para acompañarlo en los 40 días de abstinencia, la llamada cuaresma. De ahí en adelante, el pårroco usa como prenda habitual la casulla morada, a excepción del domingo de Ramos, en que el traje característico es rojo.

El Domingo de Ramos hubiese sido un domingo como cualquiera, de no ser por la presencia de grandes cruces hechas de palmas y ramas de olivo. Cada fiel ingresa a la iglesia con una en sus manos.

Es Lunes Santo. Como iniciación, la procesión del Cristo de la Caridad. Desde tempranas horas de la mañana, alrededor de la Plaza de Armas de Arequipa, grupos de personas de todas las edades descargan abultados costales repletos de aserrín y flores, materiales que usan en la confección de las vistosas y ya tradicionales alfombras.

El arte se hace presente, primero el boceto hecho con tizas y luego el relleno de aserrín previamente mezclado con anilina de colores. El sorprendente resultado no puede dejar de ser apreciado en su simpleza y complejidad, comunes, pero únicas.

A las siete de la noche todavía están dando los últimos acabados sobre la alfombra. Mientras que, bajo los portales, la gente espera la procesión, ansiosa e impaciente. Cuando las imágenes religiosas aparecen, aires místicos se apoderan de la multitud. Las demostraciones de fe se traducen en lágrimas y súplicas, en miradas piadosas y rostros abnegados, en aplausos y vivas de almas compungidas.

Cuentan los abuelos que en sus épocas se iba a las procesiones vestidos de negro, con mantillas cubriendo el rostro y con las convicciones claras: acompañar a Jesús en su dolor.

Martes Santo, procesión y misa, esta vez somos parte del colectivo de emociones. Los acostumbrados encapuchados atraen la mayoría de las miradas. Es inevitable una odiosa asociación con el Ku Klux Klan y las épocas de intolerancia religiosa. Sin embargo, todo queda de lado cuando la vista se fija en los dos primeros encapuchados ubicados delante del Justo Juez, cargando una cruz de palos macizos y rústicos. Descalzos, cumplen la penitencia que han elegido para agradecer al Justo Juez. El resto de la orden lo carga en hombros, alrededor las velas encendidas. El emocionante encuentro entre la madre y el hijo es la característica del Miércoles Santo.

El Jueves Santo tiene lugar el lavado de pies y el recorrido de las estaciones. Esta es la actividad que congrega la mayor cantidad de feligreses en Arequipa, que pugnan por ingresar a las iglesias para elevar sus oraciones. En el recorrido se encuentran las más insólitas historias, desde la imagen aparecida en el muro de la iglesia de Santa Marta, solo en estas fechas, hasta la realización de actos y posturas de cómo encomendar una oración.

Viernes Santo es el día en que se recuerda la crucifixión, la muerte del Jesús Salvador. La tradición recomienda el ayuno y evitar comer cualquier tipo de carnes rojas.

Una vez más, después de casi 2000 mil años, la gente llora y se lamenta por la terrible injusticia y la crueldad de este acto. La indiferencia de quienes permitieron que éste se consume no es fácil de perdonar. Pilatos y Judas han sido estigmatizados para siempre, aunque los hay todavía, disfrazados de honorables ciudadanos del tercer milenio, caminando entre nosotros.

Sin embargo, siempre habrá un Sábado de Gloria y un Domingo de Resurrección, con la esperanza de la redención y el perdón. Nunca es tarde para darnos a nosotros y a los demás una nueva oportunidad.

Cómo tuvo que ser la crucifixión

Decían las escrituras que aquel viernes del mes de abril las tinieblas cubrieron el firmamento, el sol se eclipsó, la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron en el momento que Jesús expiró en la cruz. En ese instante, la imagen de la crucifixión de Cristo quedó inmortalizada en la historia. Sin embargo, la iconografía cristiana tardó muchos años en revivirla tal y como fue.

Es indudable que este ha sido un tema recreado en multitud de obras de arte a través de los siglos, pero nadie se ha puesto de acuerdo en los detalles. Un informe científico descartó la posibilidad de una crucifixión tal cual como se muestra en las imágenes tradicionales. La investigación concluyó que los clavos de las manos no podrían haber aguantado el peso de Jesús sin provocar el desgarramiento de la palma, asi que fueron colocados en las muñecas. Tampoco pudo estar sin ningún apoyo en las caderas, porque hubiese muerto por insuficiencia cardiaca en menos tiempo del que la Biblia relata.

Las piernas estaban colocadas una encima de la otra, los pies en postura casi paralela y los talones fijados por el mismo clavo. Las investigaciones acerca de la muerte de Jesús han revelado que esa podría ser la postura más real de la crucifixión.

Texto: Lourdes Zanabria
Publicado en el Semanario El Búho

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