El mensaje anual del presidente

"En este período en el que no hemos tenido un minuto de tregua, vengo a informarles lo que hemos hecho y anunciarles lo que haremos"

Columnista invitado

Por el art. 118º-7 de la Constitución, al Presidente de la República le corresponde dirigir un mensaje al Congreso al instalarse la primera legislatura ordinaria anual. Es el mensaje del 28 de Julio. En suma, por este mensaje, el Presidente de la República informa al Congreso y a la ciudadanía sobre su gestión como jefe del Poder Ejecutivo.

Y es lo que hizo el 28 de Julio.

Comenzó recordando que “Hace trescientos sesenta y cinco días, en este mismo recinto, se iniciaba mi mandato nacido de las urnas electorales; y al mismo tiempo, también se celebraba los doscientos años de nuestra independencia. Pero, si tenemos que hablar con la verdad, fue una independencia que hasta hoy gran parte de las peruanas y peruanos la siguen esperando. A pesar de recibir un país que emerge de la tormenta de la pandemia del Covid-19 con más de 230 mil peruanos fallecidos; y a pesar del disgusto de quienes se creen dueños del país, seguimos avanzando con los peruanos y peruanas que depositaron su confianza para que el Perú deba cambiar. […]

En este período en el que no hemos tenido un minuto de tregua, vengo a informarles lo que hemos hecho y anunciarles lo que haremos. No importa que quienes deberían también informar, hayan ocultado e ignoren nuestros logros y se dediquen a difamar y mentir, acusándonos sin ninguna prueba y exigiéndonos, en una perversa inversión de los principios elementales del Derecho, que probemos nuestra inocencia.”

Al escuchar esto, la ira comenzó a subir en los grupos de la derecha recalcitrante en el Congreso, como leche en transe de hervir.

Pero, Pedro Castillo continuó su mensaje, sereno:;“Resulta inexplicable –dijo– el temor y el miedo de los grandes poderes políticos y económicos tradicionales a los cambios que se necesitan. Somos un país que se fundamenta en el principio constitucional de la igualdad de todos y todas ante la ley y dentro de la ley, por lo que no se puede permitir privilegios que contradigan este principio.”

Fue inaudito para la ultraderecha. Y el chubasco de imprecaciones siguió incubándose; Pedro siguió con calma y sin ir a la confrontación que buscaban los otros: “en este segundo año no voy a poner la otra mejilla –afirmó–; sino extenderles la mano para trabajar juntos en beneficio del pueblo. […] Se ha ocultado lo que hemos hecho en estos doce meses, como hoy lo voy a pasar a demostrar. Vamos a seguir trabajando y haciendo patria para que todos los peruanos y peruanas vivamos en una sociedad más justa y digna, para eliminar la pobreza, el hambre y la injusticia; para que nuestros hijos e hijas no continúen viviendo en un país tan dramáticamente desigual.”

El resto del discurso fue un informe de las realizaciones del Poder Ejecutivo en el año transcurrido, con cierta preferencia para las provincias tradicionalmente olvidadas. Si no se pudo hacer más fue porque el Congreso, que debiera haber dado las leyes que ciudadanía exige, estuvo siempre en contra se comporten del mismo modo. Dos lunares fueron nítidamente distinguibles entre ellos que recordaban a dos personajes de la magnífica serie de TV El último bastión de los hermanos Adrianzén que representaban a dos esclavas de color entregadas en cuerpo y alma a servir y defender a sus amos blancos en los tiempos en que San Martín llegó a Lima a independizarnos del yugo hispánico.

Desde esa misma noche los medios del poder empresarial, desbordaron su cólera contra el provinciano que, por la voluntad de la mayoría popular, está en la primera magistratura de la Nación.

Y, al día siguiente, les tocó a los periódicos hacer su parte, como si todos ellos fueran los exponentes de la pública opinión. No lo son. Ninguna organización popular tendría los recursos para pagar esos medios de prensa, radio y TV y sus periodistas y opinólogos de alquiler que son; por lo tanto, inversiones de determinados grupos capitalistas, es decir de minorías demográficamente ínfimas, pero dueñas del poder del dinero; el gran elector de grupos políticos de ultraderecha y aventureros, actuando sobre millones de ciudadanos para alienarlos con esa campaña permanente e intensa de desinformación y manipulación.

Ya no llama la atención que ciertos congresistas izquierdistas o que pretenden parecer como tales hayan sucumbido a la contaminación de sus colegas de ultraderecha. Es posible que en cierto momento se hayan quitado la mascarilla protectora y absorbieron el virus del cabildeo estéril y la deslealtad que los llevó a hermanarse con ellos en el voto conjunto de ciertos proyectos de ley nocivos para la sociedad. ¿Hay alguna vacuna contra eso? 

De la obligación del Presidente de la República de exponer en un mensaje anual sus realizaciones, surge una pregunta; ¿por qué los otros poderes del Estado y las instituciones públicas autónomas no hacen otro tanto?

El Congreso de la República y cada uno de los congresistas debieran también informar a la Nación lo que han hecho en el período anual transcurrido para justificar sus enormes sueldos. Cada uno se lleva 23,000 soles mensuales básicos, es decir más de 22 veces la remuneración mínima vital. La sociedad no les paga para entretenerse con dimes y diretes y para calentar sus curules.

Igualmente, el Poder Judicial debería rendir cuentas anuales de su desempeño, cuántas demandas y acusaciones ingresaron a los juzgados, cuantas sentencias emitieron jueces y vocales; y si lo hicieron en los términos fijados por las leyes procesales. La misma regla debería serles aplicable al Tribunal Constitucional y a los gobiernos regionales y locales.

El pueblo tiene que saber en qué y cómo se gasta su dinero.

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