Yuri Vásquez: “Mi pacto con la literatura es hasta la muerte”

Entrevista al autor arequipeño con motivo de la publicación de su novela La inmensidad, considerada su obra más ambiciosa

Libros

(Por Álex Rivera de los Ríos)

El escritor arequipeño acaba de publicar La inmensidad (Surnumérica, 2022), una de sus más ambiciosas novelas. Se trata de un vasto trabajo que, desde la autoficción y la metaficción, aborda temas como el ser, la existencia y la relación del individuo con el mundo.

Sobre la presentación en Arequipa

La inmensidad se presentará oficialmenteeste viernes 21 de octubre en el patio principal del Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. Además de Yuri, estarán en la mesa de presentación José Córdova, editor del libro y director del sello Surnumérica, y los críticos literarios y docentes universitarios Arturo Caballero y Juan Yufra.

Sobre el autor

Además de escritor, Yuri Vásquez (Arequipa, 1963) es un abogado de larga trayectoria. Antes de La inmensidad publicócinco libros de narrativa que, sin excepción, recibieron elogios de la crítica especializada. Estos son: Cortometraje (2010), El nido de la tempestad (2012), Témpanos y kamikazes (2014), Sonata para un hombre lejano (2016) y Los últimos dioses del opio (2019). A su prestigio literario se suman la VIII Bienal de Cuento “Premio Copé 1994”, el III Concurso Nacional de Cuentos de la Municipalidad de Paucarpata y haber sido reconocido, en 2021, como uno de los Arequipeños del Bicentenario.

Entrevista

Si hay una característica que defina a Yuri y su obra, es la ambición. Ya sea en el uso de recursos estilísticos o en el planteamiento, ninguno de sus libros es igual al otro. Sin embargo, en cada uno ha plasmado los temas que más le preocupan: la identidad, el destino, la existencia, la muerte, el poder, el amor. 

Pero no debe pensarse a Yuri Vásquez como un autor severo, estricto. Todo lo contrario. Su estilo ágil, atractivo, se ha paseado por géneros tan disímiles como el policial, el fantástico, el erótico y hasta en el teatro. Quienes lo conocen saben de su infatigable curiosidad, de su compromiso por contar buenas historias. Siempre abierto al diálogo y a la amistad sincera, Yuri es un autor con quien es fácil conversar y compartir experiencias. Que esté destinado a dejar huella en la literatura arequipeña y nacional, por otro lado, parece no desvelarlo.

En esta entrevista nos comparte detalles sobre el proceso de escritura de La inmensidad, sus nuevos proyectos y su perspectiva acerca de la disciplina, los premios literarios y otros temas.

Tus seis libros de narrativa son prueba de una vida dedicada a la literatura. ¿Cómo fueron tus inicios en este oficio, cómo se gestó y forjó tu vocación literaria?

Creo que mi vocación literaria se forjó bajo el fermento de la soledad. Viví con mi madre y hermana en la casa familiar. Mi madre trabajaba y mi hermana era algo mayor, de manera que no compartía compañía ni juegos con nadie. El otro elemento que me estimuló, fueron las lecturas que mi padre fomentó con los libros de cuentos infantiles y de aventuras que me alcanzaba con frecuencia. Esta circunstancia me llevó a desarrollar desde temprana edad mi imaginación en las largas horas que permanecía solo. Siempre estaba inventando historias con seres imaginarios o con personas que conocía.  

Además de escritor, eres un abogado de larga trayectoria ¿El derecho y el ejercicio literario se acoplan en tu rutina, o, por el contrario, te generan conflictos? ¿Abandonarías una carrera por dedicarte a la otra?

En un principio, cuando empecé a desenvolverme como abogado se presentaron ciertas dificultades, de tiempo y predisposición, para seguir escribiendo. Sin embargo, con el paso de los años y con mucho esfuerzo, fui acomodando mi vida de la mejor manera para desempeñar estas dos actividades. En cuanto al problema del tiempo, tomé la decisión de descansar lo menos posible y renunciar practicante a toda vida social.

Respecto al asunto de las compatibilidades entre el derecho y la literatura, los lazos de unión, más temprano que tarde, se dieron por el interés y el ánimo que desde mi juventud tuve por las novelas policiales que después escribí, apoyándome en la formación del derecho. Cuando fui estudiante universitario y escribía mis primeros libros, sí pensé en dejar el derecho para dedicarme por completo a la literatura; ahora me he acostumbrado a convivir con el derecho y la literatura, por lo que, si me faltara una u otra, me sentiría raro.

Entre los premios literarios que has recibido, destacan el Copé de Cuento 1994 y el reconocimiento como Arequipeño del Bicentenario. ¿Son importantes los premios para un autor? ¿Qué les dirías a los escritores jóvenes acerca de los premios de literatura?

Lo verdaderamente importante para un escritor es la literatura y no los premios. Los premios hay que tomarlos como un buen estímulo y nada más. ¿Qué les diría a los escritores jóvenes?, pues que no piensen para nada en los premios y que se concentren en escribir. El mejor premio es el libro realizado.

Hablemos de La inmensidad, tu reciente novela. Según tus declaraciones acerca del libro, tras la publicación de Los últimos dioses del opio muchas cosas y temas se quedaron en el tintero. ¿Cuáles son estos temas? ¿Cómo fue el proceso creativo de La inmensidad, su génesis?

Los últimos dioses del opio se divide en varios episodios, o libros, que abarcan temas fundamentales de la condición humana: el tema del alma, del amor y la vida, el poder, la muerte. Al término del libro entendí que otro tema importante que merecía abordarse era el del Ser, el de la existencia, o más precisamente la relación del individuo en el mundo. Este punto me condujo a plantearme mi propia experiencia vital y la necesidad de escribir otro libro.

En esa circunstancia surge la idea de desarrollarlo mediante el género de la autoficción. Otro punto que se quedó en el tintero fue el de hacer confluir, en el plano narrativo, de manera creativa, los géneros de metaficción (que desarrolle en Los últimos dioses del opio) y el de autoficción, e integrarlos en niveles de ficción y realidad para formar un nuevo tiempo y espacio compatible, literariamente hablando. Creo que en La Inmensidad, al final de la novela, puede constatarse como desenlace este propósito.             

Has señalado que en La Inmensidad recurres al género de la autoficción, pero no de una manera convencional, ortodoxa. ¿Cuál es esta nueva propuesta? ¿Cuál es tu opinión acerca de la autoficción en el Perú y los libros que abordan este género?

La autoficción es un género muy interesante en la literatura. Un referente histórico es La divina comedia, de Dante Alighieri.  En el siglo pasado la desarrolló con mucha plasticidad Henry Miller y Charles Bukosky, por ejemplo. En nuestro siglo podríamos ubicar en esta línea a Javier Cercas y Enrique Vila Vila-Matas. La característica fundamental de la narrativa es el Yo. El gran impulso y difusión que ha tenido esta corriente creo que se ha debido a los tiempos que vivimos, que tienen como actor al sujeto escéptico y nihilista, desapegado y autoexiliado de su entorno. 

La propuesta de La inmensidad es recuperar la autoficción para enfocar no solo al Yo, sino también sus circunstancias. Es decir, el individuo en medio del mundo, en una relación dialéctica y no monovalente. En La inmensidad la historia individual corre paralela al contexto social, histórico y cultural, cuya función es hacernos presente que la microexperiencia individual fluye engarzada en el magma de la macroexperiencia del mundo, y que la existencia humana se produce en cada momento, en cada minuto, en esos dos niveles.

En la narrativa peruana actual, la autoficción se ha encauzado bajo parámetros fijos, sin problematizarla y sin el ejercicio literario que signifique la introducción de elementos que la enriquezcan. Renato Cisneros, en La distancia que nos separa, y Jeremías Gamboa, en Contarlo todo, pueden ser representativos de la ortodoxia del género. También creo que es necesario señalar que incluso en la actualidad se ha desvirtuado el género, llevándolo a lo que llamo el narcisismo literario, en el que el Yo asume posiciones grotescas y sin límites en la contemplación absoluta del Ego pueril y superfluo.

No podemos dejar de señalar, asimismo, que la novísima literatura tecnológica del internet, dominada y expresada por los textos y escritos en las redes sociales, y el narcisismo literario, al que acabo de referirme, se corresponden y se alimentan recíprocamente. Entonces La inmensidad surge como una propuesta que busca fructificar el género, sin desnaturalizarlo, y, además, como un cuestionamiento a la literatura de autoficción existente.

La Inmensidad cierra tu segunda trilogía de libros. Háblanos acerca de la Trilogía del hombre hipermoderno.

Mira, en realidad creo que el problema del hombre hipermoderno que me propuse algunos años terminado siendo una tetralogía. Está conformada hasta ahora por el libro de cuentos Sonata para un hombre lejano, las novelas Los últimos dioses del opio y La inmensidad. Pero hay otra novela: La vida encantada, que próximamente se publicará. Ahora, quisiera referirme al problema del hombre hipermoderno en La inmensidad.

La novela ofrece varios niveles estéticos y temáticos. Los temas en la novela se parecen a movimientos vibrantes que se expanden en ondulaciones, los que generan una especie de sismo literario cuyo epicentro, sin embargo, deviene en los personajes de Leandro Roldán y Homero Vélez. Son dos escritores que durante años no publican los libros que escriben. En uno, lo acosa la frustración de no poder escribir el libro de la época que vive, en el otro la perfección que nunca cree alcanzar. Pero a ambos el inconformismo y las dudas existenciales los atraviesan. Uno de ellos finalmente publica, pero el otro se resiste en un radicalismo en que la muerte está de por medio. Los personajes se cuestionan a sí mismos y al mundo

Entonces, la vida de estos personajes funciona como una interpelación, mediante el recurso literario del simbolismo, al hombre hipermoderno de hoy que vive rodeado por el consumismo, la tecnología, el exhibicionismo y hedonismo, que lo hace vanamente feliz y no conoce de dudas existenciales. Por eso, apenas se le ocurre algo, por más pueril que sea, lo publica de inmediato en el internet y se siente el centro del mundo. Nunca antes como hoy se ha publicado. Es el tiempo de las publicaciones anodinas y de escritores fáciles que nos conducen a una vida y una cultura simple, sin otra preocupación que mostrar el ego.  

Has escrito libros de largo aliento. ¿Cómo es tu disciplina de escritor? ¿Cómo te enfrentas al papel en blanco?

Trabajo por lo general en las noches, durante cinco días de la semana, a lo largo de tres o cuatro horas o más, según el caso. Afortunadamente no he sufrido con frecuencia la experiencia del papel en blanco. Mi método de trabajo consiste en sentarme a escribir teniendo en mete todo claro.   

Igual que a los hijos, los autores quieren a sus libros. Pregunta odiosa: si tuvieras que salvar a uno o a más del fuego, ¿cuáles serían?   

Cortometraje y Los últimos dioses del opio, porque me parece que tienen propuestas muy ambiciosas en el plano estético y formulaciones de aliento.  

Entre los escritores que admiras y que te influyeron, ¿hay alguno cuya vida te hubiera gustado tener o copiar?

Sí, la de Jean Paul Sartre. Su vida como intelectual fue apasionante. Tuvo el genio suficiente para desarrollar literatura y filosofía. Penetró con las angustias existenciales del individuo de su tiempo, y hasta su muerte, como un adolescente, vivió con entusiasmo los problemas de su época. Vivía, pues, intensamente la vida, y escribió uno de los libros fundamentales de la literatura universal: La náusea. Hoy en día se le ha olvidado y se reniega de él. Pero desde los años cincuenta para adelante influenció en el arte, la música, el cine, la literatura, y en la vida social, y en lo que podríamos llamar el comportamiento existencial de los individuos.  

Como Philip Roth, ¿piensas algún día colgar la pluma y retirarte? ¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios? 

Mi pacto con la literatura es hasta la muerte. La jubilación es un acto burocrático de empleados a sueldo que no conocemos los escritores, que, para vivir, necesitamos del aire, la magia y el fuego que nos proporciona la literatura. En cuanto a mis proyectos, ahora estoy embarcado en un libro en que me sirvo, como nunca antes lo hice, de la escritura automática. Son caminos insospechables a los que me lleva. El otro proyecto que retomaré, en cuanto termine este, y que he dejado en suspenso momentáneamente, es una novela ambiciosa que espero concluir en los términos concebidos y que recrea los tiempos actuales de la pandemia, la guerra, las conspiraciones y la vida urdida y controlada por el poder y la tecnología. Siempre, desde luego, como en todos mis libros, bajo el marco y problemas de nuestra realidad peruana y latinoamericana.

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