Andrea Lértora: “Soy una ilustradora que hace todo lo que puede y he ilustrado todo lo que he podido”

Durante su visita a Arequipa por el Hay Festival, conversamos con la ilustradora sobre sus inicios en la literatura infantil, sus procesos creativos y cómo vivir del arte.

Artes Gráficas
(Foto: Alexandra Montoya – “El Búho”)

Andrea Lértora nació en una casa de actores. Mamá, papá y tíos. Desde chiquita solían llevarla a los ensayos en el teatro. Su abuelo, mecánico de aviones, hacía unas escenografías que describe como “cosas muy locas e interesantes”.

Entonces este mundo de fantasía me imagino que ha influido mucho, pero yo era una niña muy tímida que no quería hablar ni actuar. Me daba terror esa presencia de mis padres en el escenario, yo era todo lo contrario.

Andrea Lértora, ilustradora.

Pero su vida tomaría otro camino. Cuando era niña su papá trabajaba como gerente de informática en un banco, así que le traía bloques de papel a la casa. Recuerda que eran esos papeles cuadrados continuos que imprimían las computadoras antiguas del “tamaño de un cuarto”. Así que se la pasaba haciendo “largos dibujos infinitos”.

A partir de ahí, señala que toda su vida dibujó naturalmente. Terminó el colegio e ingresó a la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), a estudiar Pintura (lo cual comenta que fue difícil para ella porque era más dibujante). Y desde antes de terminar la carrera ya ilustraba para editoriales.

Ha ilustrado para proyectos de teatro, música, publicidad, libros infantiles y medios de comunicación. En el 2019 publicó Sayri y el mensaje de Cóndor y en el 2021 Sayri y telar de las estrellas, en coautoría con Martín Pérez Del Solar. Actualmente comparte su tiempo como maestra de arte en la secundaria de Los Reyes Rojos de Lima, donde enseña desde hace treinta años.

‌¿Cómo es tu proceso creativo al dibujar? ¿Qué cosas te inspiran?

Creo que he tenido muchos tipos de procesos creativos, pero creo que el mejor siempre ha sido documentarme, ver referencias, leer…tratar de informarme. Creo que, para este trabajo, mientras más referencias y más sepas del tema que vas a ilustrar, a la hora de ilustrar el resultado puede ser mucho más rico e interesante. En el dibujo se pueden poner señales o indicios de algunas cosas para que los que están viendo la ilustración puedan completar la idea o volar un poco hacia más lugares.

¿Cómo incursionaste en la literatura infantil?

Es una historia muy casual también. Yo empecé a dibujar en las editoriales para libros de textos escolar, de comunicación, textos clásicos, etc. En ese momento era muy joven y tenía un ahijado, Lucas Cornejo, que es muy capo y ahora es escritor, pero era un niño increíble y yo le contaba la historia de mi perro. Así que juntos hicimos un libro sobre mi perro de manera artesanal. Un día lo llevé a la editorial y lo quisieron publicar. Ahí empezó esa relación con los libros.

Ese fue el único libro que hice como autora…hasta estos (Sayri). Después he ilustrado un montón de libros. Pero no me siento una ilustradora de libros para niños. No me siento especializada ni que esa es mi única pasión. Creo que sigo descubriendo pasiones.

Ahora voy a ilustrar algo muy difícil. Una animación para un corto sobre un tema muy difícil que es el suicidio en niños por bullying.

¿Cuál es la parte más emocionante del proceso de ilustrar para libros? ¿Y la más difícil?

Creo que lo más emocionante para mí siempre es el comienzo de los bocetos. Disfruto mucho de los bocetos, de la cosa más tosca…La parte más emocionante es el boceto, me gusta hasta más que cuando llega el libro impreso. Que el personaje me guste o encontrar el personaje. El estilo.

Mucho tiempo tuve un estilo muy marcado, que era con lápices de color acuarelables y la línea con tinta china muy gruesa. No sé, veinticinco años de ilustrar así y como que la gente reconocía mi estilo…Pero después ya no me gustaba, no sé por qué la verdad, entonces quise cambiar un poco. Recién empecé a hacer ilustración digital hace tres años y me gustó un montón por la rapidez con la que hacia las cosas.

Siento que estoy jugando un poco más con lo digital. Pero ahorita siento la necesidad de volver a lo natural, a lo clásico. Tengo una necesidad de buscar otra cosa.

‌En una entrevista dijiste que la literatura infantil, más que educar, debe ayudar a que los niños descubran por sí mismos y se diviertan. ¿Qué cosas crees que le falta o podría mejorar la literatura infantil en nuestro país?

Creo que en la literatura infantil podríamos ver un poco más lo que pasa en el resto del mundo. Ahorita la ilustración para literatura infantil está muy bien en Perú. Acaban de ganar el premio A la Orilla del Viento que es un premiazo…están surgiendo ilustradores que están al nivel de ilustradores del mundo. Una cosa maravillosa.

Yo creo que acá hay mucho de lección, de que un libro tiene que dejarte una lección y un aprendizaje. Creo que eso es muy solemne. Creo que los niños aprenden mucho jugando. Si quieres que aprendan, que puedan descubrir sus emociones y sentimientos, o despertarles la curiosidad, no debe ser desde la lección. Los niños se dan cuenta de todo, son mucho más inteligentes que los grandes, más puros y muy perceptivos. Creo que falta jugar un poco más.

‌Cómo decías, estas redescubriendo tu estilo. ¿Qué cosas descubriste sobre ti misma y tú arte durante el encierro por la pandemia?

Justamente en la pandemia ha sido mi época del iPad Pro. Yo le digo a la gente que no la pasé tan mal en la pandemia, porque después de mucho tiempo logré esa introspección en el dibujo…en la pandemia he jugado. Siento que no había nada que perder, tal vez nos morimos todos. Mis hijos estaban bien. Tenía una casa que es chiquita pero espaciosa para que cada uno esté en un lugar. Tuve mucha suerte, me siento muy privilegiada en ese aspecto.

He podido jugar, tomaba fotos de la calle vacía, del cielo y hacía collages. Dibujé un montón y sin encargo. Ese dormir de la ciudad a mí me ayudó a calmarme un poco. Porque con la vida, los hijos, los alumnos, las ilustraciones…andaba sin parar mucho tiempo. Pero era necesario.

¿Cómo crees que han ayudado las redes sociales a los nuevos ilustradores?

Mucho. Justamente creo que por eso, como país en ilustración, hemos mejorado mucho. Ahora ves las ilustraciones de todos. Vas descubriendo, sigues a la gente, qué tipos de libros se publican alrededor del mundo. Tienes todo para ver y hasta para ver cómo lo hacen. Es increíble. A mí en la universidad me decían “bla, bla, bla, así se mezclan los colores…” pero no entendía, hasta que veía al profesor con la paleta diciéndome “así se hace”. Me parece eso genial.

‌¿Qué consejo le darías aquellos que piensan que no se puede vivir del arte?

Es bien duro. Yo sería un ejemplo de una ilustradora que hace todo lo que puede y que ha ilustrado todo lo que ha podido de muchas cosas. No solo de libros, sino de instituciones, de discos…hay tantas cosas que he trabajado de tantas ilustraciones. Por un lado, yo creo que hay trabajo.

Por el lado artístico de repente no es tan bueno. Porque dibujar mucho para todos lados hace que un poco te desconcentres de tu línea o tu arte principal. Eso depende de lo que quieras. Yo pienso que ahora como ilustrador puedes hacer muchas cosas y trabajar en muchos lugares.

Creo que hay mucho trabajo, he leído que hay mucha demanda de animadores. Que se capaciten, que vean herramientas de diferentes maneras. Si tienen el talento que apuesten. Porque la vida es tratar de ser feliz con lo que uno quiere. Por ahí a un dibujante lo obligan a ser abogado y de repente va a tener plata y carros…pero no va a ser feliz. También hay gente que dibuja increíble, pero quiere ser físico nuclear.

Yo creo que el Perú y todas las cosas maravillosas que tenemos, el arte increíble…como el precolombino, que es el arte que más me gusta del Perú. Ahora, lo que hace la gente de la selva siento que es muy puro y único. Hay cosas maravillosas y artistas. Hay mucho talento, sobre todo de las tradiciones.

¿Cómo fue tu experiencia en el Hay Fórum en Moquegua? ¿Qué nos puedes contar sobre “Sayri y el telar de las estrellas”?

Es un trabajo en conjunto con Martín Pérez del Solar, que es un chico que es músico, animador, escribía historias…ya habíamos trabajado juntos haciendo animaciones. Él tocaba y yo dibujaba. Ahí nos surgió la idea de hacer el libro. Él tiene una pasión por el antiguo Perú. Si bien él escribió la historia, hemos hecho todo juntos. Somos coautores. También me ayudó con las ilustraciones.

En Moquegua ha sido lindo, la idea del taller era, más que leer los libros, hablarles del personaje de Sayri. Él es alguien muy especial, es un pequeño del antiguo Perú tan conectado con la naturaleza que podía leer el viento, escuchar a las aves y animales y hablar con la planta…entonces la idea era que los chicos desarrollen un personaje con poderes de la naturaleza.

Este personaje está muy atento a lo que pasa y le interesa mucho que la comunidad y la gente esté bien, entonces yo quería que ellos pensaran con que poderes ellos podían ayudar a la comunidad.

Salieron cosas muy lindas y creativas, un montón con personajes de agua. Y siempre para mí es un placer estar con chicos y chicas. Vinieron chicos más grandes de secundaria, de tercero de media, y dije “¡Uy! ¡Espero que les guste!”, pero fue lindo porque eran grandes, pero no eran adultos. Se soltaron y volvieron a lo niño.

Andrea Lértora en el Hay Fórum Moquegua 2022 (Foto: Hay Festival).

‌Para finalizar, si no hubieras sido ilustradora…¿Qué estarías haciendo hoy?

Cuando estaba en cuarto de media no quería ser artista. Todos eran artistas en la familia. No quiero ser una hippie. Dije “voy a estudiar arquitectura”, porque dibujaba. Pero en quinto de media acabé y naturalmente me metí a arte. En una época me lesioné la mano y no podía dibujar y pensé “¿qué voy a hacer?”.

Estar con los niños me gustó mucho. El trabajo de profesora me gusta mucho realmente, me parece más difícil que ilustrar un libro, en cuanto a la responsabilidad que tiene. Creo que me gusta, más que por lo que yo le doy a los niños, es por lo que ellos me dan a . Me pongo niña y me pongo a jugar con ellos. Y creo que ahí es donde me divierto más. Así que seguro hubiera sido profesora.

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