Evol: amanecer de Sonic Youth

"Desde el contundente y sereno “Tom Violence” (un homenaje a Tom Verlaine), hasta el pop rugiente de “Bubblegum”, pasando por viajes sombríos como “Marilyn Moore” o “Death To Our Friends” llevan la impronta de la banda, ese sello que, un par de discos después, con los monumentales lanzamientos “Sister”, un año después y “Daydream Nation”, en 1988, llevaría a Sonic Youth hacia el cielo de la inmortalidad".

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Sonic Youth es para mí la banda neoyorquina por antonomasia. Es divertida, es vanguardista, es “punk”, es creativa, es desenfadada, es peligrosa, es atractiva, es minimalista, es “noise” y -sobre todo- es mítica. Es como una calle de Nueva York: te llama con su canto de sirena. Sabes que puedes perderlo todo ahí y -al mismo tiempo- tener la experiencia más gratificante de tu vida.

La primera vez que escuché a Sonic Youth fue en 1996, cuando cayó a mis manos una copia de “Experimental Jet Set, Trash and No Star”… ¡Oh, cuántas veces habré escuchado “Bull in the Heather” tratando de entender esa tétrica magia, tan distinta a todo lo que había escuchado antes! Desde aquel entonces, Sonic Youth ha estado siempre presente en mí y es en lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en ese universo en sí mismo que es la ciudad de Nueva York.

Su tercer álbum, Evol, lanzado en 1986, bajo el sello SST Records, significó un punto de inflexión que posicionó la banda como un proyecto sólido. Algo representativo de la experimentación del East Village y con conexiones vitales con otros proyectos similares y rudos como Black Flag o Pussy Galore.

Todas las canciones del álbum, desde el contundente y sereno “Tom Violence” (un homenaje a Tom Verlaine), hasta el pop rugiente de “Bubblegum”, pasando por viajes sombríos como “Marilyn Moore” o “Death To Our Friends”, llevan la impronta de la banda. Ese sello que, un par de discos después, con los monumentales lanzamientos “Sister”, un año después y “Daydream Nation”, en 1988, llevaría a Sonic Youth hacia el cielo de la inmortalidad. Pero todo empieza con “Evol”, eso está claro. A “Bad Moon Rising” nunca terminé de entenderlo del todo, aunque “Confusion Is Sex” sí que me pareció una maravilla.

Pero sin duda es “Evol” el disco con el que empieza la magia de Sonic Youth y la carta de presentación de una banda que iba más allá del hardcore adolescente y enfadado (aunque también es innegable que allí, en el hardcore, está el corazón de Sonic Youth, basta ver a Thurston Moore dando vueltas por ahí, por una calle del East Village, perdido y feliz).

Emociona pensar que la brillante indagación del “ruidismo”, emprendida por muchachos de la banda con rigor y obsesión inverosímiles, tiene aquí su piedra de toque. Y se hará leitmotiv en los discos posteriores. ¡Qué digo, leitmotiv! Se hará evangelio, código moral insustituible, “raison d’être” de Sonic Youth. En “Evol”, por ejemplo, asistimos a ese espectáculo de horror que es “Marilyn Moore”. Penúltima pista del álbum y una representación simbólica extraordinaria tanto del icono cinematográfico, como del cliché favorito del pop art. A diferencia de las imágenes coloridas de Andy Warhol, el pincel de la banda se acerca más a los opresivos espacios creados por George Tooker.

Ganchos pop también hay en el álbum, hasta momentos sorprendentemente inocuos, como “Bubblegum” (la única pista que no es composición de la banda). Momentos de grandiosa cacofonía también, claro, inspirados instantes de horror también, sobre todo. Y ese monumento al thriller hitchcockiano: “Shadow Of A Doubt”. Una película que yo amé en su momento y que me trae nuevamente a la memoria al más brillante Joseph Cotten, el sedoso y amigable villano que te susurra: “Please don’t make me feel uneasy…” como la amenaza más aterradora que cabe escuchar.

Y, por último, no se puede dejar de mencionar el tema que es el hit del álbum, el único single, “Starpower”. Con esa robótica, artificial voz de Kim diciéndonos que fama y fortuna son tan artificiales como su propio cántico. La artificialidad finisecular: otro tema caro al espíritu punk y a la música alternativa que arrancaba ahí mismo, en las universidades de Austin y de Nueva York. Sí, qué magnífico disco es “Evol” y cuán importante ha sido para el desarrollo del rock en los últimos treinta años. Merece escucharse una vez más.

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