París, “las cosas que ahora se ven”

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Desde que mi esposa y yo, llegamos a París, al comenzar mayo de este año, quedamos inmersos en la cultura francesa a la cual, dicho sea de paso, nos debemos hace añares.

La amiga que nos esperaba en el aeropuerto Charles de Gaulle, una connotada médica, había programado esta vez, para el trayecto hasta su departamento en su automóvil, un recorrido por los barrios populares que no figuran en las guías turísticas y que, por tanto, no llegan a conocer los turistas que, en su mayoría, se interesan solo por los deslumbrantes sitios de esta hermosa ciudad.

Al llegar a París, nuestra amiga dobló hacia La Porte de la Villette y desde allí pasamos por las calles y plazas por las que en otros tiempos avanzaron las multitudes haciendo la historia de este país y una parte de la historia de la humanidad. Y de pronto surgió la calle Ménilmontant y con ella el recuerdo de la emblemática canción con este título que Charles Trenet compuso hacia fines de la década del treinta del siglo pasado:

Menilmontant, pero sí señora

Es allí donde he dejado mi corazón

Es allí adonde vengo a reencontrar mi alma

Todo mi fuego

Toda la mi felicidad.

Nos dirigimos luego a la plaza de La République, que al día siguiente, Primero de Mayo, se llenaría otra vez de trabajadores, y descendimos hacia la plaza de La Bastille; luego enfilamos por la calle Faubourg de Saint Antoine, lugares consustanciados con la gran revolución de 1789; y, finalmente, recalamos en el departamento de nuestra amiga, en el distrito 12.

Ya establecidos en este departamento, que nos acoge hace unos diez años gracias a la amistad y la solidaridad, nos dispusimos a hacer lo que hacen todos aquí, nosotros con la calidad de residentes intermitentes que nos hemos conferido.

Los espectáculos de París: paseos, teatro, cine, museos, exposiciones y otros se anuncian en la publicación semanal de unas 170 páginas L’officiel des spectacles. Lo adquirimos en la pequeña librería que siempre nos surte de periódicos, revistas y libros con información de actualidad.

Por estos primeros días de mayo hubo dos sucesos de gran repercusión en el campo de la literatura y las artes.

El primero fue la 35 ceremonia denominada La Nuit des Molières (La Noche de los Molières); y el segundo un homenaje a Bernard Pivot.

El Molière es un premio, inspirado en los Oscar de Hollywood, que se otorga a los artistas, directores y otras gentes de teatro destacados en el año anterior. El teatro de Follies Bergère, donde tuvo lugar el acto, estuvo lleno de artistas y otras personas vinculadas a la actividad teatral. La bella Caroline Vigneaux, en otros tiempos abogada y ahora artista de teatro, tuvo a su cargo la conducción y lo hizo con una clase impecable.

Molière, el gran actor y autor de comedias (1622-1673), está en todas partes en Francia. Falleció cuando representaba su comedia El enfermo imaginario. Es un símbolo. Se le ha erigido un monumento en la esquina de las calles Richelieu y Molière de París, cerca de la Comedie Française, creada poco después de su muerte, y hay varias películas sobre su vida.

A la prensa de derecha no le gustó lo que algunos artistas dijeron en ese acto. Caroline Vigneaux exclamó en cierto momento: « Agradezco a todos … salvo a usted, señora Ministra  […] O usted recupera el pacto de los 204 millones de euros y no toca la intermitencia y la liberaremos cuando esté lista para la alcaldía de París.» Por su parte, la humorista Sophia Aram, al momento de agradecer por el Molière que recibía, aludió al silencio en relación a los 1200 israelíes masacrados el 7 de octubre. Agregó: «¿se puede ser solidario con los muertos de Gaza sin serlo con las víctimas israelíes? ¿Cómo exigirle un cese del fuego a Netayahou sin exigir la liberación de los rehenes? Este silencio continúa hiriendo a cuantos se encuentran vinculados a los derechos humanos. Yo hubiera podido hallar algo más ligero, pero no he encontrado nada más sincero.» Ambas intervenciones recibieron intensos aplausos.

Bernard Pivot, un periodista literario, fallecido el 6 de mayo de este año, se hizo famoso desde enero de 1975 con su programa de TV Apostrophes en el cual presentaba libros de literatura que acababan de publicarse y entrevistaba a los escritores más relevantes de lengua francesa y otras. Este programa terminó en 1990, pero luego él creo otro denominado Bouillon de culture (Caldo de cultura), con el mismo contenido en otra cadena de TV, que duró hasta junio 2001. Su pasión era la defensa de la lengua francesa.

Y, como parte de su campaña por esta causa, organizó el Campeonato de Francia de Ortografía para adultos, sobre todo profesionales y entre ellos muchos parlamentarios. Desde 1985 hasta 1993. A cientos de inscritos, ubicados en un gran salón, incluida ciertos años la Asamblea Nacional, les dictaba un texto que ellos debían escribir a mano. Por las sutilezas de la ortografía francesa era divertido ver como muchos se sonrojaban cuando les mostraba sus errores.

El miércoles 8 de mayo por la noche, el día de su fallecimiento, se le rindió un homenaje en un programa de la antena TV5. Contó con la participación de varios intelectuales relacionados con él. Fue como un responso en París. El adiós no dicho a lo que Pivot había defendido tanto, la prevalencia de la lengua francesa en Francia contra las intrusiones de términos angloamericanos. Estos se apoderan de los avisos y carteles en las calles, los espectáculos y, no menos, las publicaciones y hasta los libros. Términos que llegan con la revolución científica y técnica y la necesidad de atender a millones de turistas y otros visitantes de lengua inglesa. No parece, por eso, una coincidencia que el programa de Pivot Apostrophes terminara en 1991. Ni que su insistencia con su programa Bouillon de Culture no pasara de 2001.

En términos geopolíticos se diría que fueron desplazados por la influencia cada vez mayor de la economía y la cultura norteamericanas. En la práctica, el idioma de comunicación internacional en la Unión Europea, que tiene 27 países, es el Inglés. A pesar de que Gran Bretaña ya se retiró de ella y solo queda Irlanda (unos 5 millones de habitantes) donde se habla esta lengua. Correlativamente, las editoras de obras literarias lanzan grandes tirajes de libros de lengua inglesa. Son en su mayor parte norteamericanos, traducidos al francés, lo que era raro hace unos cincuenta años. Y en los canales de TV se exhiben con regularidad las películas de Hollywood. Se diría que una bruma cultural, emanada de la presencia económica y política norteamericana, cubre Europa occidental, una subliminal dependencia que trasciende a la política.

Y, sin embargo, quedan sólidos reductos de cultura francesa intactos, haciendo honor a una tradición cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.

Adenda minúscula: la expresión entre comillas del título de este comento procede del tango Farol de Virgilio y Homero Expósito, compuesto en 1943. “Farol, las cosas que ahora se ven … Farol, ya no es lo mismo que ayer …”

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