Ramiro escobar

Tema Capital


A pishtar la realidad

No un pishtaco sino una banda de pishtacos. Ese fue el diagn�stico de la Polic�a Nacional del Per�, presentado hace unos d�as, cuando nos contaba, adem�s, que los malvados personajes se hab�an cargado a 60 personas, para extraerles la grasa. Grasa que ir�a, por �timo, a engordar la pujante y millonaria industria cosm�tica de los pa�ses desarrollados.

Al cabo de unos d�as, result� que el muerto comprobado solo era uno, que no se sab�a bien si lo hab�an pishtado y que no hay indicio alguno de qu� destino ten�a la grasa humana. Por si no bastara, varios m�dicos y algunos colegas, corroboraron que el citado tr�fico adiposo no existe. �C�mo es que, entonces, se arm� tal reality show grasiento?

Un amigo me dice que hay algo observable en el panorama medi�tico peruano, o al menos lime�o. Cada dos semanas, aproximadamente, salta a escena alg�n incidente que lo invade de todo. De sangre o irrealidad. Pruebas en su tinta: el caso Fefer, el asesinato de Marco Antonio, el pulm�n robado, el crimen de Alicia Delgado, etc, etc, etc.

Pareciera haber una suerte de repertorio que sale, de repente, a la superficie y lo banaliza todo o casi todo. De pronto, los petroaudios ya no existen. Inesperadamente, el proceso a Alberto Fujimori se convierte en una nota marginal. Por a�adidura, la pobreza deja de preocuparnos porque si hay grasa circulante de pronto no estamos tan desnutridos.

Importa poco, en verdad, si se trata de una cortina de humo o de una noticia leve, hiperbolizada hasta el paroxismo. Lo asombroso es la facilidad con que nos vemos envueltos en lo que el fil�sofo Miguel Giusti llam� "la irrealidad nacional". Lo real maravilloso, que le dicen, pero al costo de cercenar carne noticiosa muy importante.

Cuando esto sucede es l�cito preguntarse tambi�n qu� fuerza a los medios a comprarse tan alegremente estas noticias. �La irresponsabilidad o la ingenuidad? Tiendo a pensar que es m�s bien una suerte de banalidad instalada no s�lo en las redacciones sino en las mentes. Para qu� hacerse tanto problema, pues, si estos titulares est�n al alcance de la tecla.

Lo m�s grave, sin embargo, es que, detr�s de una noticia como esta puede haber algo tan terrible como prop�sitos de encubrimiento del narcotr�fico o corrupci�n policial. Pero, nada muchachos, pishtemos las noticias para que se adelgace el oficio. Saquemos solo la grasa de una situaci�n que podr�a ser bastante m�s compleja y desoladora.

Recuerdo que, una vez, andando por un paraje andino al atardecer, una muchachita me vio, en medio de la semi-sombra, y grit� la palabra temible: "Pishtaco! Pishtaco!". Varios a�os despu�s, me veo obligado a tratar de disolver ese mito con estas in�tiles palabras, que solo intentan abrir una tenue luz en medio de una realidad cortada por la insensatez.