Juan CArlos VAldivia

Sobre el volcán


Dios, el César y la Mujer (II)

No es lícito, ni razonable utilizar argumentos no jurídicos presentándolos como tales y encima erigirse en defensores de la Constitución, del derecho a la vida. Es, ni más ni menos, como utilizar el Corán para interpretar la Constitución argentina. Y si alguien se apoya en "razones" religiosas o morales es mejor decirlo franca y directamente y no disfrazarlas de jurídicas, como está ocurriendo ahora. Así, evitando la confusión de ordenamientos, la discusión se esclarece y el público se beneficia.

Sin embargo, para discutir de estos álgidos problemas, además de la primera condición sine qua non, creo que también tendríamos que acordar su consecuencia necesaria: si algo es asunto jurídico o no, lo tienen que decidir los ciudadanos republicanos, creyentes o no; no la naturaleza, ni la Iglesia, ni los seres sobrenaturales, ni sus representantes terrenos. Y respecto de los casos mencionados, los hombres podemos tener las ideas más civilizadas o las más bárbaras, pero quien tiene que decidir es la mujer que vive esa situación porque tiene derecho a hacerlo. Tiene que ver con su vida, su cuerpo y su salud y su derecho de decidir el número de hijos, si los quiere tener y su frecuencia. Es digna de autonomía y hay que respetar esa dignidad. ¿Por qué la mujer tiene derecho de decisión? Porque el principio de los principios jurídicos, el fundamento de los fundamentos, adoptado en las constituciones modernas —la dignidad— es autonomía ética y política, mental y corporal, es decir, el derecho de la persona a decidir su propio destino, individual o colectivamente. Y en el destino está también la muerte porque, en realidad, no es algo absolutamente separado del proceso de la vida.

En la Constitución peruana actual lo central no es el Dios fujimorista del Preámbulo, que podría y debería no estar si es que los peruanos somos República "firme" y no "bamba". Lo central es la persona humana (un ser único, singular e irrepetible) y su dignidad, la del artículo uno. Probablemente es lo poco de humanismo que queda en el Perú. Por eso no es el Estado quien debe decidir sobre el cuerpo y la salud de la mujer sino ella misma. El Estado sólo reconoce su derecho. Y el blastocisto, puede tener derecho como concebido, pero no es persona —centro de imputación de deberes y derechos— porque no es nacido sino sólo sujeto de derecho en cuanto le favorezca. Aunque este no el punto de discusión. Si la dignidad significa que el ser humano merece decidir su destino, se debe a que es un ser libre y auto consciente. Como decía Sartre: "el hombre está condenado a la libertad". Este principio del derecho moderno, es incompatible con la ideología católica contrarreformada que es absolutista: una sola verdad, un solo Dios, una sola manera de vivir, una sola moral obligatoria para todos: el paradigma es monista. En el derecho moderno ni siquiera el derecho a la vida es absoluto, como lo demuestra la existencia de la pena de muerte, el estado de necesidad y la legítima defensa. Y aún cuando se suspenda la pena de muerte, será decisión humana en base a razones y necesidades humanas, no por obediencia a la autoridad extra-jurídica.