Especial

Los enfermos terminales de un hospital p�blico

El lugar de los olvidados

Los pacientes con enfermedades terminales se ubican en los lugares m�s alejados de las salas de hospitalizaci�n de los nosocomios. Ah� donde el enfermo puede gritar sin ser escuchado, pues la enfermera o m�dico acude s�lo dos veces al d�a porque es su obligaci�n. Es un frio rinc�n, donde la luz del sol es escasa y los familiares aparecen muy rara vez en las horas de visita.

Olvidados. Pocas veces visitados por familiares y por m�dicos.

A�n no sabe el resultado de su examen pero su rostro demuestra el miedo ante un posible resultado positivo. Edgar viste de manera sencilla: un buzo negro, zapatillas blancas y polera verde. Es delgado, piel morena y ojos negros. Sus huesos comienzan a notarse a trav�s de la piel, por su poco peso.

�l se pasea desorientado por los pasillos del hospital Goyeneche. No sabe a d�nde ir. Del laboratorio regresa al consultorio del Procetss (Programa de Control de Enfermedades de Transmisi�n Sexual y SIDA); de all�, nuevamente al laboratorio. Hace unos d�as le hicieron la prueba de Eliza, para determinar si tiene o no el virus de Inmuno Deficiencia Humana (VIH).

Una de las obstetrices le dijo que fuera a recoger sus resultados al laboratorio. La consejera del hospital, Hilda Rodr�guez, se opone, pues opina que el chico, que no pasa de los 20 a�os, no debe recibir el resultado sin consejer�a de por medio. La consecuencia podr�a ser una depresi�n severa. Recoger los resultados es trabajo de las enfermeras o de la obstetriz que lo atender�. El resultado de Edgar es positivo, su rostro se desencaja. Nos cierran la puerta, no podemos ver m�s; pero s�, o�r. Un suave llanto comienza.

Si enfrenta la situaci�n y sigue los tratamientos, a Edgar le esperan 15 o 18 a�os m�s de vida; sino, s�lo algunos meses. Por eso es importante la consejer�a. Lo cierto es que tarde o temprano ser� ingresado al hospital, en el �rea de medicina varones, al final de todas las camas. Aislado. Un lugar en medio de colchones amontonados, camas sin usar y llenas de polvo. La misma �rea donde otros cuatro pacientes con Sida murieron este a�o. Para algunos es discriminaci�n; para otros, prevenci�n.

En el olvido

Los pacientes que llegan a la etapa terminal de cualquier enfermedad mortal son aislados. A riesgo de infectarse con otras enfermedades, a excepci�n de los pacientes con c�ncer que tienen un �rea especial.

En el hospital Honorio Delgado estos pacientes est�n internados en el segundo piso. Dos de las ocho camas de la �ltima divisi�n del pabell�n de mujeres de este nosocomio est�n ocupadas. El �rea luce casi abandonada. Las camas vac�as tienen una sola frazada, las mesas de cama lucen polvorientas.

En una de las camas hay una mujer de aproximadamente 40 a�os, dice llamarse Mar�a. Tiene tuberculosis y anemia, recientemente fue operada. Lleva casi un mes internada por lo grave de su enfermedad. Dice que la enfermera s�lo viene dos veces al d�a. Recuerda que cuando lleg� una mujer, ubicada al otro extremo de la sala, gritaba y ped�a ayuda, pero nadie vino.

La mujer se par� con su escasa fuerza, pero no pudo dar ni dos pasos cuando cay� al suelo. Mar�a pudo ver como se retorc�a en el suelo por el dolor. Unos segundos despu�s todo su cuerpo qued� tieso. Reci�n llegaron los enfermeros y nada pudieron hacer. Por eso ya tampoco se molesta en pedir ayuda, sabe que nadie vendr�. Sabe que le tienen miedo. Cuando sali� del quir�fano y ella comenzaba a despertar del sue�o forzado, otra enfermera quiso acerc�rsele, pero la t�cnica que la trasladaba grit� asustada: "Tiene tuberculosis, ten cuidado, no te acerques". Al frente de ella est� una joven de 26 a�os. Lleva menos tiempo que Mar�a y no sabe a ciencia cierta porqu� est� all�, tan alejada de todo. Dice que casi no ve a las enfermeras.

Luchar y no rendirse

Hilda Rodr�guez tiene 40 a�os, es consejera de Pares en el hospital Goyeneche. Tiene tres hijos. Fue diagnosticada con el virus del VIH hace 12 a�os. Hasta entonces ten�a dos hijos, el tercero lo tuvo mientras le hac�a frente a esta enfermedad.

Dice que los tiempos han cambiado, que ahora la oportunidad de vivir pese a convivir con el VIH son mayores. Pero esta oportunidad se ve reducida cuando en el camino se encuentran con profesionales que no los saben tratar. Como en el caso del hospital donde trabaja, en donde un m�dico de emergencia y una obstetriz los tratan como si fueran lo peor del mundo. A�n as�, anima a que cualquier paciente con VIH para que no se rinda. Que no piensen que no tendr�n el apoyo de la familia. Al final, como ella, pueden solos sobrellevar la enfermedad, trabajar, estudiar y tener la familia que un d�a so�aron. (Marilda Quico)