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El NO de Hinostroza

Av. Javier Prado con Petit Thouars. Poco m�s de las diez de la noche. Rodolfo Hinostroza est� sentado a mi mano izquierda. Su voz grave sube por el aire h�medo del Superba para luego caer de sus altos anaqueles con una conciencia nueva. El cano poeta r�e, cuenta, se acerca y convence a los convidados en esta mesa que pronto la �nica certeza de occidente emanar� de la astrolog�a.

Para quienes no han o�do hablar de �l, Rodolfo Hinostroza es uno de los poetas m�s importantes y l�cidos de la literatura Hispanoam�rica. All� por el a�o 1971 su complicad�simo poemario Contranatura (1971) obtuvo el premio "Moldoror" otorgado por la casa Seix Barral de Espa�a. Ahora, sentado en este bar, con una copa de ron en la mano y la acuciosa necesidad de prender otro cigarrillo en la otra, su persona no me parece ser tan complicada como su escritura; m�s bien se comporta sencillo, alborozado y conversador.

La mesa se ha llenado de grandes amigos del poeta. A unas cuantas sillas est� Jos� Pancorvo. Frente al autor de Apocalipsis de una noche de verano, Vladimir Herrera, con similar copa de ron en la mano, con el infaltable sombrero de pa�o puesto. �ste le recuerda de rato en rato las an�cdotas vividas en Par�s y Barcelona. Hay risas entre ellos mientras se recuerda a la mujer que uno le envi� al otro y que dio inicio a un final inesperado.

La conversaci�n, aunque alegre, ata�e ciertas nostalgias; por los a�os, por la juventud, por el desborde en poes�a, por esa Europa de luces a la cual todo escritor latinoamericano so�aba llegar para poner los pies y las letras encima. Ahora se habla de los ca�dos, de los enfermos, de los que ya no tienen muchos d�as en su futuro. El mismo Hinostroza pasea por la ciudad de los reyes con un marcapaso en el pecho, y es que las cosas avanzan a un ritmo propio y el suyo necesita de un poco de ayuda. Pero eso no es impedimento para la algarab�a. Su risa grave y ronca abruma los sentidos.

Hinostroza sigue contando an�cdotas acerca de pintores, encuentros casi olvidados con mujeres extremadamente bellas, largas conversaciones con poetas celebrados y su voz grave y la risa ronca reanima la mesa mientras se toma un respiro y se trae a la memoria nuevos recuerdos para concluir nuevamente en la risa grave y ronca, en su rostro de potro desbocado.

Pero lejos de dedicarse s�lo a la literatura, este hombre de casi 70 a�os ha publicado sendos libros de gastronom�a y astrolog�a. De la primera vocaci�n ha hecho todo un culto. Su paladar no es grave, sino agudo. Varias columnas en distintos medios impresos lo han catapultado como uno de los tridentes de la cocina nacional. Su libro Primicias de la cocina peruana fue declarado finalista del premio al mejor libro gastron�mico del a�o 2005 por la Academia Espa�ola de Gastronom�a y el suyo es un primer esfuerzo de lo que hoy ya est� casi consolidado.

Pero la cocina la ha dejado de lado. Ahora antiguas preocupaciones lo inquietan. La astrolog�a, sin duda, es una de ellas. Esta exc�ntrica vocaci�n suya la ha retomado ahora que ha podido terminar un libro que pens� que nunca acabar�a y, adem�s, debido a que se encuentra en la manufactura de un poemario acerca de dioses que ya tiene ocho a�os de labor. A partir de este momento Hinostroza combina en cada sorbo de ron una aproximaci�n a los planetas, a la rara contingencia que hay entre los astros y nosotros. As�, yendo y viniendo tras un tema nos hace la confesi�n. Se trata de un libro acerca de las relaciones humanas inspirado en un trabajo fracasado de Jung acerca del amor. "Yo retom� la investigaci�n hace ya m�s de veinte a�os y consegu� lo que �l no pudo conseguir" Sus palabras tienen resonancia de arcano y todos en la mesa lo escuchan. Se han alejado las risas de su voz, ahora sus ojos lo ven todo como nuevo, con deslumbramiento, como un ni�o que ha descubierto una nueva forma para escapar de clases. Quiz�s sea la conjunci�n de un signo y una propia estrella lo que me hace estar ac�, presente en el momento de esta revelaci�n. Es sencillo �dice � el error estuvo en el c�mputo, yo lo rehice y sali�.

Y este poeta peruano ha encontrado el sistema para predecir las relaciones humanas. Lo ha corregido durante veinte largos a�os y tiene listas todas sus aproximaciones astrol�gicas. La mesa queda por unos segundos perpleja hasta que alguien pregunta si se publicar� con su actual editor. No, dice el poeta.

Entonces, embebido en un bar de bohemia lime�a el nombre de Rodolfo Hinostroza me resuena cada vez con m�s fuerza en la cabeza, la imagen del texto, de las diagramaciones y portadas se acumulan y van haciendo caldo com�n con sus aproximaciones, con sus aciertos y desaciertos. �Acaso habr� una respuesta para todos en ese libro? y �Si ese libro se publicar� en Arequipa, acaso estar�amos m�s cerca de la verdad, alguna verdad? Toda la argamasa fermenta en una propuesta. Se duda un segundo y al siguiente se intenta. El astr�logo me mira y me dice no. (Arthur Zeballos)