La Columna

MABEL C�CERES CALDER�N


A�o nuevo

2010 es un a�o que bien puede marcar un inicio, un hito, un punto de partida. No s�lo porque es el comienzo de una d�cada, ni porque suene cabal�stico sino, fundamentalmente, porque es un a�o de definiciones, pol�ticas y econ�micas.

Las elecciones de octubre del pr�ximo a�o, cambiar�n a todas las autoridades del pa�s. Y a�n con un porcentaje de reelecciones, el esp�ritu electoral contempor�neo exigir� mayores garant�as a los postulantes. Los cheques en blanco son cada vez menos frecuentes, tambi�n en pol�tica.

La coyuntura es m�s delicada y decisiva a�n porque la tendencia electoral se reflejar�, en gran medida, 6 meses despu�s, cuando el pa�s vote por el pr�ximo presidente y escoja a 130 representantes encargados de legislar.

Considerando todo lo que est� en juego, el margen de posibilidades que se abre al futuro del Per� es amplio y m�ltiple. Aterrador en su peor elecci�n y esperanzador en el mejor de los casos, pero incluso el punto medio, que seguramente nos espera, puede hacer la diferencia en uno u otro sentido. Depender�, en buena medida, de "nuestra" elecci�n.

En el aspecto econ�mico, la coyuntura tampoco es predecible. Los gur�s mundiales siguen contradici�ndose sobre el fin de la recesi�n global y el futuro de las finanzas. Un factor que pesar� mucho en su evoluci�n es la capacidad de lidiar con los problemas ambientales, cada vez m�s reales y concretos. Muchas decisiones habr�n de determinar, en el a�o que viene, la direcci�n de la econom�a mundial.

Y el Per�, alentado por la �ltima calificaci�n del grado de inversi�n emitida por la clasificadora Mody�s, y el incesantemente optimista discurso presidencial, va a tomar decisiones trascendentes, en el sentido de que va a generar importantes consecuencias, malas o buenas, pero irremediables, una vez elegido el camino. Este es el caso concreto de los TLC�s pendientes con China y la Uni�n Europea, as� como su relaci�n comercial con los vecinos Chile, Bolivia y Brasil, fundamentalmente.

Nosotros, los ciudadanos individuales, de a pie, como se dice ahora, tenemos un papel que desempe�ar en toda esta coyuntura, aunque muchas veces pensamos que nuestro encogimiento de hombros, no va a trascender m�s all� de nuestros b�ceps.

Puede ser una ocasi�n ideal para tomar por las astas nuestros toros personales y, sumados, hacer un faen�n colectivo que nos lleve por el rumbo esperanzador. Ese es el destino del 2010 y de cada uno depende que sea feliz.