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El desmadre de Carlos Alcántara

Are, ajo, erda

Recordado por sus papeles de "Machín" en Pataclaun y "El Dragón" en La Gran Sangre, Carlos Alcántara llega a Arequipa para presentar su unipersonal "Asu mare", un show que lo libera con mucho humor de cualquier trauma generado por la convivencia natural con la más terrible de las personas: la adorable propia madre.

Poder de barrio. "Machín" se divierte en nuevo show "Asu Mare".

Cuando el humor lo monopolizan quienes creen que el tortazo en la cara y las alusiones homosexuales exageradas son la fórmula de la sonrisa, entonces no hay espacio para finuras. Cuando el chiste de cómico ambulante se convierte en la constante volvemos a los noventas, la technocumbia, el baile del chino y a "Tripa" y "Cachay" agarrándose a combos con latas de aceite Cil. Esos no fueron buenos años para la comicidad. Los chistes más hardcore del Chato Barraza palidecían ante el florido vocabulario de cualquier ambulante en horario estelar. No había nada que hacer, era la moda.

Lo distinto vino entonces de una nariz de payaso. De varias para ser precisos. "Pataclaun", ese experimento teatral de July Naters, llegaba a la televisión abierta y demostraba que no todo era gritos y mariconadas. Wendy, Monchy, Queca, Tony, Gonzalete y Machín salieron a competir con lo que había, apelando a la chapa criolla, el gag y la crítica a la sociedad, parapetados detrás de sus narices de bola roja.

Machín era el más chusco de todo el elenco. El estereotipo del peruano machista, mujeriego, futbolista y medio vago, era el molde perfecto para calzarlo en Carlos Alcántara, actor cómico que parecía haber sacado el personaje de su demonio más chocarrero. Y daba risa.

Alcántara empezó haciendo arte dramático hace 23 años. Su impulso histriónico lo llevo a hacer hasta un programa infantil (Yan Kem Po) y una que otra telenovela. Luego giró su talento hacia las tablas, directamente al grupo Pataclaun donde se consagró como humorista. Sus personajes iban desde el arrogante "Machín" hasta el baboso de "Angelito", conquistando una audiencia que todavía se ríe al recordar sus sketchs.

Pero Alcántara quiso ir más allá. Proyectos personales lo pusieron en películas como "Muerto de Amor", "Ojos que no ven" y luego volvió a la televisión con "La Gran Sangre", donde su personaje "El Dragón" (un estereotipado líder/sensei de una banda de justicieros impresentables) volvió a cautivar.

"Fue mi personaje más difícil porque yo hablo rápido, yo soy de barrio. En cambio "El Dragón" es pausado y solemne. Tuve que aprender artes marciales y todo eso para poder hacerlo". Pero el espacio cuadriculado de la televisión no es lo que realmente apasiona a Alcántara. El contacto con el público que proporciona el show en vivo es su vida. Así, preparó un primer espectáculo unipersonal en 2005 llamado "El Código Carlinchi", de rotundo éxito en la capital.

Terminado este 2009, Alcántara llega a Arequipa con un nuevo show sobre las tablas. Con 45 años a cuestas, una barba blanca y una rala cola de caballo, "Machín" se divierte con la expectativa que ha generado su presencia. Posa para las fotos y habla del eje central de su espectáculo: su madre. No falta un reportero desprevenido que le pide que improvise algo para su audiencia radial "Un trocito, por favor", casi suplica y Alcántara se divierte: "¿Cómo? ¿Un trocito mío? ¿Aquí?" y se desbarata de risa. El solicitante comprende el chiste y se va, como pensando.

Ya sin prensa, Carlos se relaja, se quita los lentes oscuros y posa sin poses. Se entretiene con el fotógrafo que le pide que le enseñe su tatuaje en el brazo. "Es una sirena en el mar", dice mientras le sirven un pisco sour. Habla de sus dos hijos y se le nota feliz con lo que hace.

¿No extrañas la televisión?

"Esto del espectáculo en vivo, el contacto con la gente, no lo cambio por nada", dice mientras levanta su copa. La risa es realmente un remedio infalible. (Jorge Álvarez)