Artes & Letras

Poesía

Carlos Germán Belli (Lima, 1927). Destacado poeta de la generación del 50. Premio Nacional de Poesía 1962. Obtuvo dos veces la beca de la Fundación Guggenheim (1969 y 1987). Recientemente fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2006 y en 2009 ganó el Premio Casa de las Américas de Poesía José Lezama Lima por El alternado paso de los hados. Llegó a Arequipa con motivo del III Festival del Libro y pronto se publicará una antología poética en nuestra ciudad .

 

 

Poema

 

Nuestro amor no está en nuestros respectivos

y castos genitales, nuestro amor

tampoco en nuestra boca, ni en las manos:

todo nuestro amor guárdase con pálpito

bajo la sangre pura de los ojos.

Mi amor, tu amor esperan que la muerte

se robe los huesos, el diente y la uña,

esperan que en el valle solamente

tus ojos y mis ojos queden juntos,

mirándose ya fuera de sus órbitas,

más bien como dos astros, como uno.

 

el aviso las señales

 

Yo espero una bengala de aviso

tantas veces he escrito la clave en un papel

la he grabado sobre un grano de arena

con la fuerza del hambre

iluminado por un haz de luz

como cuando cruza un navío delante de los acantilados

o se incendia de repente la carpa del circo

en la noche oscura

cuando arrojan a las tribus antiguas

hacia las alamedas de yacimientos de hulla

y los tigres inclinados al borde de los estanques

electrizan con su piel

los menudos ojos de los peces

es así que yo espero un silbo de aviso

entre arroyos con mimbre

y la opulencia de una hilera de mesas de noche

yo te busco en todos los rincones

con una fogata

para alumbrar los vidrios

y ver las señales mágicas de tu vaho

cuando no te dejan cruzar el umbral del puente de mi río

o no me dejan seguir en los caminos

las líneas secretas de las rocas de tu valle

 

poema con fisión fonética

La

vo

razzz

in

con

ti

nen

cia

me incendia el ojo

y no el genital

cuando pasas

amada blanca

en tu palanquín

 

ni por una sola vez...

(a modo de Pedro de Quirós)

 

Ni por una sola vez son codiciados

mi morada, tu robre,

mi amor, el tuyo,

mi rabel, tu canto,

¡ay tórtola!, ¿entonces también contigo

cuanto breve, codiciado,

cuanto grande, desdeñado?

 

¡ay muerte!...

¡Ay muerte!, no te acerques,

pues ando todavía,

a estas alturas de mi vida,

hidrópico de todo,

cual si fuera un flamante ser fetal;

e inerme, mal mi grado, con mi seso,

que es un grano de arena,

con este cuero, cuanto oscuro, pobre.

 

¡oh Hada Cibernética!...

 

¡Oh Hada Cibernética!, ya líbranos

con tu eléctrico seso y casto antídoto,

de los oficios hórridos humanos,

que son como tizones infernales

encendidos de tiempo inmemorial

por el crudo secuaz de las hogueras;

amortigua, ¡oh señora!, la presteza

con que el cierzo sañudo y tan frío

bate las nuevas aras, en el humo enhiestas,

de nuestro cuerpo ayer, cenizas hoy

que ni siquiera pizca gozó alguna,

de los amos no ingas privativo

el ocio del amor y la sapiencia.

 

A mi esposa

 

Ya valerme yo quiero al fin siquiera

del corto ocio que por ventura gozo,

y publicar mis gracias

por uniros conmigo,

sin tomar vos el tiento a mi linaje,

que tan lejano al vuestro se veía,

bajo el ceño del látigo

como del Orión al orbe.

Porque prójimos no éramos nosotros,

y en horma yo lucía de cuadrúpedo,

del hocico a la cola,

exactamente un bruto.

Tal estado ¿qué? Por los dioses no,

ni en el materno claustro fue jamás,

sino a la orilla fiera

del Betis que me helaba.

Mas vos llegasteis al pesebre mío,

y mudado fui a vuestra ufana grey,

por siempre recobrando

la faz y el seso humano.

Villanela

 

Llevarte quiero dentro de mi piel,

si bien en lontananza aún te acecho,

para rescatar la perdida miel.

Contemplándote como un perro fiel,

en el día te sigo trecho a trecho,

que haberte quiero dentro de mi piel.

No más el sabor de la cruda hiel,

y en paz quedar conmigo y ya rehecho,

rescatando así la perdida miel.

Ni viva aurora, ni oro, ni clavel,

y en cambio por primera vez el hecho

de llevarte yo dentro de mi piel.

Verte de lejos no es asunto cruel,

sino el raro camino que me he hecho,

para rescatar la perdida miel.

El ojo mío nunca te es infiel,

aun estando distante de tu pecho,

que haberte quiero dentro de mi piel,

y así rescatar la perdida miel.