Artes & Letras

Crónica

Paseando con Ben Hur

La superproducción de la Metro Goldwyn Meyer de 1959 es parte de la tradición de semana santa, como el arroz con leche y la mazamorra morada. Ver a Charlton Heston remando en las galeras, o sacándole el ancho a Stephen Boyd en una carrera de cuadrigas, es un rito inevitable a la hora de la fe.

Otro carruaje. Dúo protagonista de paseo por Roma durante filmación.

Lo mejor que puedes hacer es pretender que entre ustedes hay un amor homosexual" le dijo Gore Vidal, guionista de Ben – Hur, a un joven Stephen Boyd que interpretaría a Mesala, el amigo traicionero del protagonista Charlton Heston. Cincuenta y un años después, Ricky Martin salió del closet vía Twitter. Y el colisionador de hadrones pudo reproducir en versión chiquita esa hecatombe interestelar llamada Big Bang. Y después dicen que no hay milagros de semana santa.

Boyd siguió el consejo y su personaje termina dándole unas miraditas a Heston que éste último interpretó como intensidad. Felizmente no supo nada de la sugerencia durante el rodaje ya que Charlton era de los que no soportaban la más discreta insinuación de afecto contranatura. Tampoco es que Boyd fuera estilista. Sólo quiso que el cariño maldito entre ambos rivales tuviera un matiz más allá de la simple amistad.

La película favorita de semana santa en el país es la tercera versión que se hizo de la historia. Hubo una primera en 1909 que duraba 15 minutos y era muda. La segunda, hecha en 1925, pudo verse en el cineclub del Cultural en estos días de recogimiento y ley seca. Tiene magia pero le faltan los 11 Oscars de la Academia. La que vimos todos fue filmada con un presupuesto de 15 millones de dólares, basada en la novela homónima de Lewis Wallace, que vendió los derechos a la MGM en 600 mil dólares.

El DVD pirata y desfachatado ha sido responsable de quitarle el encanto a esperar que el canal pertinente haga su transmisión anual de rigor. Hoy, cualquier señal en UHF, con las licencias que otorga la libertad que no paga regalías, transmite una versión remasterizada del clásico, con las voces traducidas a un español catalán que destruye las entonaciones con las que uno creció toda su vida.

Judah Ben Hur acaba de decirle a Mesala que haría cualquier cosa por ayudarle, menos traicionar a su pueblo. Mesala lo mira y retruca, al mejor estilo de George W. Bush avisando que invadirá Afganistán: "o estás conmigo o en mi contra". No sospecha que en unos años se harán puré en una competencia de cuadrigas, donde él, todo un tribuno romano, terminará literalmente por la patas de los caballos. Mientras tanto, más de 2 mil años después, una fuente de porcelana, que contiene una poderosa causa rellena con atún, espera ser devorada por quienes no saben de ayunos de viernes santo. Una película semejante no puede verse con hambre.

Segunda versión. La cinta de 1925 también la hizo MGM.

Los más de 8 mil hombres que fueron convocados para ser extras de ese encantamiento en celuloide debían cumplir un único requisito: ser barbudos. Sobre todo aquellos que compartirían escena con Heston en los momentos espeluznantes del combate de las galeras.

Allí, más de mil machos hirsutos le daban a los remos como condenados mientras entre buques se daban en la madre. Prisioneros, los barqueros encadenados a sus paletas no podían hacer otra cosa que correr el mismo destino del barco, mientras ven por sus pequeñas ventanas triangulares cómo el enemigo parece ir ganando.

"Mira mamá, tenían televisor", dice el más pequeño de la casa que no sabe nada de la vida, excepto que a las 3 de la tarde unos romanos bastardos matarán al tatito lindo. Un poco de causa rellena callará al mocoso para que no siga diciendo sandeces en un viernes santo de tanto recogimiento.

Un cohetón suena en la calle mientras Judah Ben Hur se alista para vengarse en el circo de todo lo que le hizo su ex mejor amigo. El espectador promedio se prepara para ver si ahora puede darse cuenta, de una vez, cuál jinete o trompetista llevaba por error un reloj digital, o la sombra del avión sobre la arena o el cambio de caballos en el vehículo de nuestro héroe. Esos bloopers específicos seguirán siendo un misterio.

El viernes santo acaba y uno está más gordo. La causa ha sido acompañada con un balde de arroz con leche y otro tanto de mazamorra forrada de guindones. Ben Hur ha vuelto a tratar, inútilmente, de darle agua a Jesús en su camino a la cruz. Charlton Heston reconoce en ese hombre al que le salvó la vida en el desierto, camino a las galeras. Él no podrá hacer lo mismo. Lo verá morir. Junto a todos nosotros mientras sigan dando su película.