Columnista invitado

JAVIER DEL RÍO ALBA  (*)


Jesús muere y resucita para nosotros

Queridos hermanos:

Finalmente hemos llegado a la Semana a Santa, la más santa de todas las semanas. Durante la Cuaresma, guiados por el Mensaje del Papa, hemos meditado sobre la justicia divina que se nos ha manifestado y se realiza en Cristo. Ahora han llegado los días de celebrar esta justicia divina, celebrar esta semana en la cual Cristo entra triunfante a Jerusalén, cabalgando sobre un asno, aclamado por la multitud como "aquél que viene en nombre del Señor".

Que nosotros también podamos empezar esta Semana Santa abriendo nuestro corazón a Jesús, a este Mesías que es Rey y que viene a reinar en nosotros a través del servicio, a través de la actitud humilde con la que lo veremos el Jueves Santo, en el momento de instituir la Eucaristía, cuando se pondrá de rodillas y pasará, uno por uno delante nuestro, para lavarnos los pies y, de esta manera, enseñarnos cuál es el camino al Cielo, el camino del amor, el camino de la vida, de la donación.

La justicia de Dios se ha manifestado en Cristo que, muriendo en la Cruz por nosotros, los hombres, nos demuestra en su propia carne las consecuencias desgarradoras del pecado en la vida de la humanidad: sufrimiento por doquier, guerras, rivalidades, envidias, asesinatos, desastres de la naturaleza que parece como que se revelara ante el maltrato que le damos los hombres, ávidos tantas veces de utilidades efímeras y pasajeras.

Pero Jesús no viene a sacarnos en cara la maldad que con frecuencia sale de nuestro corazón; Dios no viene a castigarnos sino que viene a tomar nuestro lugar y a entrar en la muerte que merecemos por nuestros pecados. En esta Semana Santa Jesús desciende hasta lo profundo del infierno de una humanidad sin Dios; y entra Jesús en lugar nuestro para, dentro de la muerte, destruir la muerte con su resurrección y darnos la oportunidad de acogernos a una nueva vida: la vida divina que Él quiere otorgarnos haciéndonos hijos de Dios, hijos de su mismo Padre, que Él quiere compartir con nosotros.

Pido a Dios que esta Semana Santa sea, para todos, días de conversión; que recurramos al sacramento de la confesión y participemos en las diversas celebraciones litúrgicas a través de las cuales Jesús quiere hacer Pascua con nosotros y pasarnos de la esclavitud del pecado a la libertad del amor.

En Arequipa tenemos diversas procesiones y celebraciones de profundo significado que nos preparan para el Triduo Pascual, de modo que todos, viviendo santamente este Triduo, podamos resucitar con Cristo y proclamar: "¡Verdaderamente ha resucitado el Señor, porque lo experimento vivo y actuante en mi corazón y en mi vida!"

Dios los bendiga.

(*) Arzobispo Metropolitano de Arequipa