La Quinta Rueda

RAFAEL  BARRIONUEVO  GONZ�LES

Arte Pol�tica

Si algo diferencia a la alta pol�tica de la baja pol�tica, es la estatura de sus participantes. �nicamente eso. Si se elevan sobre la talla media de sus contendores, es alta pol�tica; de lo contrario es baja. Todo lo dem�s, el nombre, la trayectoria, el puesto que ocupan, el �rea de influencia, la proyecci�n y el largo etc�tera que identifica la carrera p�blica del pol�tico, no son m�s que meras circunstancias que con un poco de tiempo y algo m�s de paciencia �y otro poco de circunstancias- se pueden ir homogenizando.

Esta relaci�n tan sencilla no es muy bien captada por la ciudadan�a que cree ver en cada gesto teatral del pol�tico de turno, en el corte de sus casimires, la prominencia de sus panzas y el ramo de micr�fonos con que adornan cada declaraci�n cotidiana, un signo indubitable de la importancia de su cargo, y su pertenencia a tal o cual esfera. Craso error. No son esos detalles los que hacen a la alta pol�tica.

Como tampoco son la m�stica inspiraci�n que los mueve o aquel llamado divino que creen escuchar cualquier tarde de domingo y que los lleva a trasladar sus ilusiones al predio electoral. Esas siguen siendo leyendas y cuentos para entretener a los ni�os. Lo que en realidad hermana a un gran pol�tico cuajado y versado en su campo, y a otro larvario que aun no gana ni siquiera la vocal�a de su APAFA, es la simple ambici�n de mandar. Ambici�n tan prosaica y absorbente que cuando toma posesi�n de uno, sencillamente lo convierte en esclavo a tiempo completo.

�Hay una verdadera distancia entre Mercedes Cabanillas, animal prehist�rico de la pol�tica m�s hardcore, con el alucinado presidente de lo que fue Arequipa Tradici�n y Futuro? �Es mucha la que diferencia entre el pol�tico Javier Valle Riestra y el analfabeto secretario general colegiado del frente de defensa de los intereses de Arequipa? Parece que est�n en galaxias diferentes, pero s�lo parece. Porque si rascamos un poquito, veremos que est�n hechos del mismo material incombustible, permeable a la �tica, capaces de acomodarse a lo que sea y lo que venga con tal de permanecer, quedarse un periodo m�s, ser parte del aparato pol�tico hasta llegar a la condici�n so�ada de ser mobiliario indispensable.

Debe ser por eso que nunca veremos a un pol�tico jubilado. Son una raza diferente, hambrienta, de oce�nica ambici�n que, en vez de quedarse a buen recaudo, en una isla remota o en el s�tano de una f�brica abandonada, prefirieron adentrarse al mundo. A salvarnos -a nosotros- de las cat�strofes que nunca ocurrir�an si ellos jam�s hubieran venido a salvarnos.