Artes & Letras

Literatura

"Los Rivero", novela inédita de Jorge Luis Borges

La infinita serie de efectos

No se puede decir que Julio Ortega sea un heresiarca al haber insinuado que "Los Rivero" pudo haber sido la novela nunca escrita por el maestro; pero posiblemente el profesor de la Brown University sea sólo una prefiguración en la biblioteca (que otros llaman El Universo) de Borges, una biblioteca esférica que tiene su centro en todas partes y su circunferencia en ningún lugar.

Como quien llega a un templo, pasando el fango sagrado, dejando atrás las ruinas de otro templo, corriendo por el laberinto de una enciclopedia, huyendo del reflejo monstruoso de un espejo para llegar nuevamente a un templo, así, de esa manera cada vez distinta se llega a Borges. O siendo conspicuo, buscando algo más que irrealidad, que ficción, como el reconocido escritor y crítico peruano Julio Ortega, quien ubicó en algún anaquel de la biblioteca de la Universidad de Austin (Texas), los manuscritos olvidados de un texto inconcluso. Dicen que sólo le bastó ver las minúsculas grafías —indicio de la avanzada ceguera— en el espacio infinito de la hoja para reconocer la autoría de Jorge Luis Borges.

El texto, almacenado en el Harry Ranson Center, con el apócrifo de "Los Rivero", narra la vida de los descendientes de uno de los héroes de la independencia argentina, el coronel Rivero. En palabras de Ortega, el manuscrito "confirma y matiza el trato de Borges con la historia patria. Los héroes fundaron la república, pero sus hijos ya la han perdido en manos de los políticos, de los poderosos de turno. A ellos sólo les queda un pedazo de la lanza que usó en las batallas el coronel Rivero, el abuelo de estos herederos condenados a la melancolía del bien perdido"

Pero muy a pesar de la erudición, éste es un texto incompleto desde sus infinitos lados, pues incluso el género es una total incógnita. Su autor denominó al texto como una crónica; "tiene, en efecto, de la crónica -dice Julio Ortega en la introducción-, el estilo enumerativo, incluso cierta distancia ante los hechos narrados". Él mismo, su descubridor, lo considera un relato que bien pudo ser una novela, porque el tema requería de una extensión mucho más amplia que la de un cuento, y de todos es sabido que Borges aborrecía la novela precisamente por su extensión y tal fue la repulsa en este caso que lo desanimó a continuar con su escritura. Para otros sólo será la especulación de un antiguo pasaje de la historia, un juego sesudo y premeditado —como todo en Borges—, un advenimiento que se retoza con la historia y que es recreada en clave de ficción, de técnica y artilugio literario.

Lo cierto es que para el universo (que algunos llaman biblioteca) de Borges, estas divisiones entre historia, crónica, cuento y novela pierden sus límites, agregándose el uno sobre el otro, no para provocar un híbrido con limitaciones, sino para ganar con la opción de la contundencia de todos sus elementos conjugados. Es una metáfora de la historia, diría Borges, una flor que atraviesa un sueño y se inserta en la realidad, un poema infinito que abarca a todos los poetas del pasado, el presente y el futuro.

Quizá por ello, por la difícil ubicación genérica del texto, por las varias décadas que lleva oculto a los ojos vehementes de sus lectores, por la cantidad incomprensible de posibilidades que embargan al libro, o por el solo hecho de ser un texto inédito de Borges, el hombre nacido en pleno centro de Buenos Aires, en la calle Tucumán, entre Suipacha y Esmeralda, el creador y único observador de El Aleph, quizá por eso la edición que salió publicada hace pocos días, en conmemoración al bicentenario de la independencia argentina, sólo tenga 100 ejemplares numerados, en una edición de lujo, que incluye las ilustraciones del reconocido pintor, dibujante y grabador argentino Carlos Alonso.

Una observación última. Lejos de que la edición tenga un tiraje tan corto, es muy difícil creer que pronto no habrá en manos de los adoradores un ejemplar de "Los Rivero". Porque Borges tiene esa monstruosa cualidad de seducir sólo a los fanáticos, a los que por momentos creen firmemente que en su sótano habita un Aleph; sólo a los que han leído tantas veces sus cuentos y ensayos que pronto terminan incluso escribiendo tal cual él. (Arthur Zeballos Herrera.)