Artes & Letras

Música

A cielo abierto

El martes último, en los Claustros de la Compañía, el cuarteto francés dirigido por Eric Longsworth, como parte de su gira por Latinoamerica, realizó un magnífico concierto de jazz moderno. Los temas eran propios y el público, que prácticamente abarrotó las instalaciones, aplaudió de pie al final del concierto.

El cuarteto dirigido por Eric Longsworth, violonchelista y compositor de los temas, integrado además por Rémi Char en la guitarra eléctrica, François Verly en la percusión y Jean Charles Richard en el saxofón alto, brindó a un promedio de trescientos espectadores uno de los mejores conciertos en lo que va del año.

La mayoría de los temas iniciaba con una introducción a cargo del violonchelo, tocado a manera de contrabajo y acompañado de cierto suspenso, muchas veces excesivo de la batería, mientras la guitarra hacía uno que otro acorde preciso hasta la explosión, siempre in crescendo, del saxofón alto. La misma estructura, siempre suspense y al final el virtuosismo salvador del saxofonista. Por momentos las melodías arrancadas del saxo eran un tanto empalagosas, romanticonas al peor estilo ochentero.

Cuando se superaban esos escollos de feeling sensiblero, el cuarteto se lucía haciendo jazz del bueno. Hubo un par de interrupciones para que el director contara un par de anécdotas, una involucraba a un cuarteto de osos y otra que terminaba con una moraleja que, debido al pobre español del francés, no quedó muy clara. Fue el penúltimo tema, cerraron con una versión bastante buena del Cóndor Pasa, el que arrancó los más entusiastas aplausos del público. Sobre todo el solo del percusionista que abandonó por un instante la batería para darle a una suerte de bongos afrocubanos. Buena sensibilidad en los dedos como en la palma, asistido además por los efectos propios de la arenilla que le daba un buen arrastre al sonido y por una especie de martillo metálico que provocó una ondulación siempre afinada en las notas.

El público, como en los mejores conciertos de jazz, interrumpió el tema a la mitad para aplaudir el solo del percusionista.

A estas alturas del concierto, seguramente espantados por el frío de la noche, gran parte del público ya se había retirado hacia algún lugar a cielo cubierto. (DML)