josé luis vargas

Cuarto de hora


Tolconi: educando la esperanza

Como todo citadino, creemos que el mundo sólo existe con los que están a nuestro alrededor: familiares, amigos, vecinos o conocidos; sin embargo, la realidad nos revela que hay otro universo que empieza a pocas horas de Arequipa, de tres a cinco, atravesando caminos trocheros y cenagosos. Allí es cuando uno empieza a conocer pueblos ubicados a tres o cuatro mil msnm. Y cuando creemos que en esos lugares acaba el mundo, nos enteramos que aún hay más. Cuatro o cinco horas adicionales de viaje insufrible y casi tocando el cielo nos encontramos con lugares cuyos habitantes parecen ángeles. Tolconi es uno de ellos. Ubicado a casi cinco mil metros sobre el nivel del mar, Tolconi es uno de los poblados del distrito de Chachas, provincia de Castilla, a un paso de la región cusqueña y apurimeña. No más de doscientas familias; sin luz y poca agua y mucho menos conexiones sanitarias. La economía de la gente se basa en la crianza de auquénidos y algo de trucha. En resumen, el retrato vivo de la pobreza extrema. Como nos lo dice un trabajador foráneo que dice llevar sus propias estadísticas, en Tolconi la pobreza extrema es mayor que la de Huancavelica.

Sin embargo, en medio de toda esa desazón, también existe la esperanza que se expresa en la existencia de una escuelita que en Arequipa es la única que funciona con un sistema pedagógico realmente innovador y que se adapta a esa realidad: el Colegio Rural de Formación en Alternancia (CRFA) Allin Yachaywasi que no sólo educa sino alberga a medio centenar de alumnos que estudian desde el primero al quinto de secundaria.

El sistema consiste en la interacción que practican los alumnos con la escuela y su medio rural. Es decir, dos semanas de residencia en la escuela y las otras dos en sus casas poniendo en práctica todo lo aprendido y que está basado en una curricula especial para que generen sus propios empleos con adecuados índices de productividad. Claudina Choquehuanca dirige desde sus inicios (2008) esa escuela que, obviamente, no cuenta con el apoyo del Estado. El proyecto nace bajo la iniciativa privada y ha sido apoyado básicamente por alguna ONG y una que otra empresa minera. Nuestro Gobierno Regional, a través de su elefantiásica gerencia educativa, prometió asignar profesores que aún no llegan a la zona, a pesar que alguien ya cobra los cheques que religiosamente se firman mensualmente. Eso significa que los cinco profesores que en Tolconi se hielan, viven de los aportes de la comunidad, cuando ésta, con el apoyo de su municipio, lo permite. Tolconi es parte de nuestra realidad. Como ese poblado existen en nuestra región muchos más que, ahora que hablamos de elecciones y por tanto de inclusiones, debieran realmente tomarse en cuenta. En lugares como Tolconi se conjugan todos los dramas e injusticias de nuestro sistema, y si hablamos de resolverlos debiéramos empezar por allí, antes de hablar de obras faraónicas que sólo involucran al mundo citadino. Muchos dirán que son pequeñas minorías y que sería mejor reubicarlos geográficamente para acercarlos a la modernidad; sin embargo, desde una perspectiva de derechos y desarrollo humano, cada uno de los niños, mujeres y hombres de Tolconi merece la misma atención que tiene un yanahuarino o caymeño, y eso es lo que debieran tener en cuenta los que pretenden llegar a manejar el Gobierno Regional. No hacerlo, sólo demostraría, una vez más, el desconocimiento de nuestra realidad y la gran irresponsabilidad de nuestra clase política.