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El primer llanto de Vargas Llosa

El 28 de marzo de 1936, los sollozos de una recién nacido alteraron la tranquilidad de la casona de la Av. Parra 101. Casi al borde de la 1 de la madrugada, doña Dora Llosa Ureta trajo al mundo al pequeño Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, sin saber que ese hijo suyo se convertiría en el primer premio Nobel del país.

Niño querido. MVLL, en fotografía junto a su madre, en Arequipa.

Los dolores comenzaron el 27 en la noche. Doña Dora Llosa anunciaba con sus clamores que el bebé estaba por llegar. La servidumbre se encargó de avisarle lo inminente a una misteriosa miss Pitcher, ciudadana inglesa que por esos días vivía en la ciudad y era parte de una comunidad protestante. Miss Pitcher sabía de alumbramientos y pese a no ser una obstetra certificada (sólo había 9 en todo Arequipa en ese lejano 1936) solía hacer las veces de comadrona.

A las 12:45 de mañana del 28 de marzo, el llanto del recién nacido conmovió a todos los habitantes de la casona construida en la Av. Parra 101. El inmueble era propiedad de la familia Vinelli, cuyo patriarca había cedido el segundo piso para que fuese residencia de la familia Llosa. En ese segundo piso fue que nació Mario Vargas Llosa.

Su estancia en Arequipa fue breve. Con tan sólo 4 años se lo llevaron a vivir a Cochabamba pero sus primeras correrías las hizo sin duda a la sombra del volcán. Inscrito como arequipeño, Vargas Llosa es, sin duda, el characato más famoso del mundo.

Mejorando la casa

Tras conocerse la noticia del Nobel, la vieja casona de la Av. Parra cobró singular importancia. De aspecto abandonado, el inmueble se llenaba de tierra y basura en espera de un cambio renovador. Antes del impacto Vargas Llosa, el destino de esas paredes parecía estar decidido. En junio de este año, la última habitante que tuvo, doña Martha Valdivia Vinelli, vendió la casa en más de medio millón de dólares. La adquirió la empresa inmobiliaria Mafer Real, que de inmediato tramitó ante el INC un permiso para demolerla y convertirla en condominio. Permiso que les fue concedido.

Vieja casona donde nació espera convertirse en centro cultural.

Pero un premio Nobel lo cambia todo

El alcalde Simón Balbuena encabezó la propuesta. La casa donde dio sus primeros pasos Mario Vargas Llosa debería ser parte del patrimonio de Arequipa. La Municipalidad Provincial formó una comisión que viene tramitando la expropiación del lugar, gestión que debe elevarse hasta el Legislativo para ser viable.

Pero de momento, con la iniciativa se ha detenido cualquier intento de demolición del lugar. Desde hace una semana, ha vuelto a encenderse una luz en la vivienda. Conocida su historia, los actuales dueños ya han contratado vigilancia particular para cuidar la propiedad. Una escoba va barriendo los estragos del abandono y los jardines van dejando ese aspecto fantasmal.

Y es que no se trata sólo de rescatarla de una demolición. El proyecto municipal, al que se han sumado los institutos culturales de la ciudad, incluye la propuesta de convertirla en un Centro Cultural, donde la obra de Vargas Llosa tenga presencia en cada rincón de su antiguo hogar. Las condiciones para el proyecto con auspiciosas, ya que la construcción tiene casi mil metros cuadrados.

En ese lugar podría funcionar, perfectamente, la todavía inoperante Biblioteca Vargas Llosa que pretende instalar el Gobierno Regional en su actual local de la calle San Francisco, sitio que pretenden dejar en unos meses. Veremos quién hace primero las cosas. (Jorge Álvarez)