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Especial |
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Príncipes de Asturias llegarán para inaugurar la restauración del Tambo de la Cabezona Despertar real Más de 400 años de historia contienen las paredes de sillar de la enorme casona ubicada en la última cuadra de la calle Puente Bolognesi. El tambo de la Cabezona, el más grande de la ciudad, ha conservado su uso primigenio: la vivienda. Tras 4 años de labores, sus muros han recuperado la prestancia que el tiempo y el deterioro les quitaron.
Es bonito, porque una tiene vecindad, se vive como hermanos, había harta gente y era una distracción, los chicos jugaban, pero ahora quedamos poquitos…teníamos una cruz a la que le celebrábamos en mayo y un equipo de fútbol que se llamaba Sport Chili", recuerda doña Olga Berengel viuda de Barriga. Ella es una de las vecinas más antiguas de este tambo. Vive allí hace más de 50 años de los 90 que tiene. Allí nacieron y crecieron sus hijas, con quienes vive en el pequeño cuarto de sillar que ocupa en el segundo patio. Doña Gaby Cornejo Ramírez tiene 55 años. Nació y creció en el tambo y recuerda que antes había una acequia en lo que ahora es la avenida La Marina. De allí sacaban el agua para jugar carnavales. "Antes era tan bonito, yo y tantas generaciones que hemos jugado acá", cuenta. Son estas personas las que hacen especial este tambo. Literalmente le han dado vida y con su residencia lo han salvado de ser derruido. Su historia La Cabezona no sólo fue un tambo. Uno de los secretos que se han descubierto, gracias a su restauración, es que alguna vez fue un molino. Las pozas y canales del segundo patio son la evidencia de ello. La verdadera ubicación de la noria que hoy se deja ver en el patio era un cuarto situado en la mitad del tambo. Allí están los arcos muy parecidos al molino de Sabandía. Allí se producía almidón y guiñapo para la chicha de jora. La antigüedad del tambo sería incluso mayor a la del puente Bolognesi, que fue construido en el siglo XVII. En los trabajos de excavación se ha encontrado un muro que sería más antiguo y que habría servido de base para trazar el puente, como cuenta el arquitecto William Palomino quien fue el primer responsable de la obra. Inicialmente este tambo fue la morada de don Alonso Rodríguez, su primer dueño. De la construcción de influencia colonial aún quedan los portales y lo que fue la capilla.
Cumplió cabalmente funciones de tambo a inicios del siglo pasado, cuando sus grandes patios y cuartos circundantes se convirtieron en el albergue de los arrieros, comerciantes de esa época que dejaban sus mulas y caballos en los patios y descansaban en las habitaciones. Así fue hasta la década del 50, cuando nuevas formas de transporte fueron desplazándolos al desuso. Sin ellos, el tambo pasó a ser una quinta. Se construyeron entonces el segundo y tercer nivel, a este último sólo se accede por la calle Puente Bolognesi. Y con este uso se ha conservado hasta la actualidad. Pablo Simons Chirinos, uno de los propietarios, señala que en ese entonces el tambo estaba tan tugurizado que por lo menos 80 personas vivían en él. Ahora quedan unos 35, la mayoría de la tercera edad. Sus dotes Para el arquitecto, Luis Maldonado Valz, ex coordinador del convenio AECI – MPA, el Tambo de la Cabezona es el más bello de todos los de Arequipa. Primero por su tamaño, que no ha sido subdividido. Es por sus dimensiones que tiene hasta 4 ingresos, 2 en la calle Puente Bolognesi, uno en la Av. La Marina y otro hacia lo que era el pasaje de las Carnecitas, que es el que hoy está entre el tambo y la tienda Plaza Vea. Además, está el detalle de la cantidad de estilos que tiene. "Desde el románico con los arcos y bóvedas, hasta la arquitectura en madera", señala Maldonado. Los techos de rieles, la balconería de sillar que lo distingue de los restos de tambos. Su frontis que da hacia la avenida La Marina, que tiene ménsulas (repisas) labradas. Posee canalería de la época cuando fue molino, y que no existen en los otros tambos. Debajo del piso se han encontrado restos de cal, piedra y tejas que denotarían un tipo de construcción anterior al sillar.
En las habitaciones del primer piso se puede notar que el sillar era tallado con dos espacios, uno para el ropero y otro para empotrar la cama, elementos clave para su época de tambo, porque ahorraban espacio. Los trabajos Lo que se ha restaurado son los ambientes de uso común. La intervención en La Cabezona era fundamental porque con el terremoto del año 2001, sus estructuras quedaron muy dañadas y con riesgo de desplomarse, señala la arquitecta Kelly Llerena, coordinadora de obras de la gerencia del Centro Histórico. Además, se ha tenido que cambiar las redes de agua, desagüe y energía, porque con la tugurización que hubo estaban muy deteriorados. En lo que era el oratorio se ha adaptado lo que será la sala de interpretación de este y otros tambos de la ciudad. Los trabajos han sido financiados por la Agencia de Cooperación Española para el Desarrollo (AECID), gracias al convenio de cooperación que tiene con el municipio provincial y en parte por los 12 propietarios y los vecinos. La idea es integrar este tambo al circuito turístico e instalar algunas zonas para un comercio moderado que no altere su propósito de vivienda. (Milagros Tairó)
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